M en C. Mariana Villegas Romero

Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición

“Salvador Zubirán”

El incremento global en la demanda por carne y la limitada área de tierra disponible han provocado la búsqueda de fuentes alternativas de proteína. Por lo que los insectos comestibles han sido considerados como una fuente rica de proteína para consumo humano. El consumo de insectos es conocido como entomofagia, esta práctica ha existido desde épocas ancestrales en diversos lugares del mundo (Capinera, 2008). Hasta la fecha, se han reportado alrededor de 2,000 especies de insectos comestibles; los grupos más representativos son los escarabajos (31%), orugas y mariposas (18%), abejas, avispas, hormigas (14%), langostas, saltamontes y grillos (13%) (Jongema, 2017).

Particularmente en México existen más de 531 especies de insectos comestibles (Ramos, 2009). El consumo de insectos en nuestro país ha existido desde la época prehispánica (Sahagún, 1980) y en la actualidad más de 60 grupos indígenas siguen consumiendo diversas especies de insectos en guisos como son salsa de chapulines, chicharra rellena de piñones en hoja de maíz, escamoles en mole de calabaza, salsa de chinicuiles, entre otros. Algunos insectos se consumen en su etapa larval, ejemplo de ellos son los escarabajos, hormigas y mariposas. Mientras que otros son consumidos en su etapa adulta, tales como los grillos y saltamontes (Ramos, 2009).

Una de las características esenciales de los insectos es su valor nutrimental, ya que son ricos en proteínas, grasas poliinsaturadas, vitaminas y algunos minerales. La proporción de nutrimentos presentes en los insectos va a depender de la especie, ubicación geográfica, del alimento que consuman y de la edad. Diversas especies de insectos comestibles pertenecientes a algunas zonas del Estado de México, así como en el Valle del mezquital en Hidalgo, han presentado del 20 al 75% de proteína, del 4 al 62% de grasa y del 1 al 29% de fibra (Ramos, 2013; Ramos, 2002).

De acuerdo a la Organización de Agricultura y Alimentos de las Naciones Unidas (FAO) los insectos son el alimento del futuro, ya que se estima que para el año 2050 habrá más de 9 mil millones de personas en el mundo lo cual significa un aumento en más de la mitad de la demanda actual de alimentos, principalmente en cultivos de cereales como el maíz y el arroz, ya sea para consumo humano o como alimento para el ganado. Por otra parte, en los últimos años se ha demostrado que la ganadería tiene impactos negativos para el medio ambiente debido a la producción de gases tipo invernadero (Lynch, 2018), de aquí la necesidad de buscar fuentes alternas de suministro de proteínas.

Con base en esta problemática, la FAO ha propuesto a los insectos como una forma de garantizar la seguridad alimentaria, ya que, además de poseer un alto porcentaje de proteína, esta es de una calidad comparable con la de la carne. Los insectos comestibles, en general, cumplen los requerimientos de aminoácidos con altos valores de fenilalanina+tirosina y algunas veces ricos en triptófano, lisina y treonina. Aunado a esto el impacto ambiental generado por la cría de insectos es mucho menor, ya que para producir un kilo de proteína de insecto se requiere una cantidad diez mil veces menor de agua, una superficie 100 veces menor y se producen 600 veces menos gases de tipo invernadero, que con la carne de res. Además, los insectos tienen una alta tasa de conversión de alimentos, esto significa que para producir 1kg de proteína de insecto se requieren 1.5kg de alimento, mientras que para producir 1kg de proteína de res se necesitan 10kg de alimento (FAO, 2013).

Con base en lo descrito anteriormente podemos observar la importancia de los insectos para la sociedad, además de su gran abundancia en el mundo (Romeu, 1996). Aunado a su alto valor nutrimental, el consumir este tipo de alimentos genera un beneficio a los recolectores, lo que a su vez beneficia la economía de las comunidades y, finalmente, el bajo impacto ambiental que significa su cultivo.

 

Referencias:

A., H.; P., V. The contribution of insects to food security, livelihoods and environment FAO: Rome, Italy, 2013; p 4.

Capinera, 2008, et alt. Entomophagy: human Consumption of Insects, in: Encyclopedia of Entomology, Springer, Heidelberg, Springer 2008, pp. 1341–1343.

Lynch, et alt. 2018. Planted-based diets: Considerations for environmental impact, protein quality, and exercise performance. Nutrients

Romeu, E. 1996. Insectos comestibles, ¿una dieta para el futuro? CONABIO.  Biodiversitas, 5:6-9

Ramos, et alt. 2002, Análisis químico proximal, vitaminas y nutrimentos inorgánicos de insectos consumidos en el estado de Hidalgo, México. Folia Entomol. Mex. 41(1):15-29

Ramos, et alt. 2012, Análisis químico y nutricional de tres insectos comestibles de interés comercial en la zona arqueológica del municipio de San Juan Teotihuacán y en Otumba, en el Estado de México, Interciencia, 37(12), 914-920

Ramos, 2009. ¿Los insectos se comen? UNAM

Sahagún FB (1980) Códice Florentino. Edición Facsimilar. Archivo General de la Nación. Libro XI. pp. 221.261

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