LN. Liliana Ortega

Consultora

 

La pandemia por coronavirus que actualmente enfrentamos, además de llegar a representar un importante riesgo de salud, ha llegado a modificar nuestra vida en muchos aspectos.

La actividad laboral fuera de casa se ha detenido y se ha implementado dentro del hogar; muchos han perdido sus trabajos, otros más han visto reducido su sueldo al mínimo.

La convivencia cara a cara ahora sólo puede darse con la familia o con aquellos con quienes compartimos la vivienda. No es el objetivo de este artículo, pero mucho se podría escribir sobre si el ambiente familiar ha propiciado un espacio de tranquilidad y bienestar para los que lo comparten, o todo lo contrario.

Una situación extraordinaria como esta llega a afectar todos los aspectos de vida del ser humano y algo tan importante como la alimentación diaria, no queda excluída.

Veamos que sucede con la adquisición de alimentos: algunas personas que administran bien sus finanzas o que tienen sueldos asegurados, pudieron abastecer su despensa con abarrotes, granos, semillas y productos para congelar; es probable que no les falten recursos para alimentar a sus familias por un par de semanas. Lamentablemente hay muchos otros, que no han corrido con la misma suerte.

Por otro lado, cada vez se cocina menos en los hogares, sobre todo, en las grandes ciudades. La necesidad de alimentarse se cubre en las fonditas de la esquina, restaurantes, la comida rápida, la comida ya preparada o el servicio a domicilio. En muchos hogares más, hay apenas lo indispensable en el refrigerador y en el frutero, porque no había un hábito de preparar los alimentos en casa.

Sin embargo, estando confinados en casa, con un sueldo reducido se complica gastar diariamente incluso en una comida corrida, así que la dinámica ha tenido que modificarse y las familias hoy han tenido que reencontrase con las texturas, los olores y la combinación de alimentos.

Y esto puede no ser tan amable para quienes nunca han preparado comida en su hogar o no han tenido la costumbre de realizar la compra de los insumos, incluso hay quienes no llevan un control de sus gastos, o tal vez no habían tenido la necesidad de restringir el presupuesto.

El confinamiento nos ha dejado importantes lecciones, como poner más atención y dedicar tiempo a aquello que es realmente necesario para nuestro bienestar. Así que tenemos hoy una gran oportunidad de comenzar a reorganizar muchos de nuestros hábitos de vida.

Escuchamos diariamente cómo la edad, el sexo y el desarrollo de enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, obesidad y problemas del corazón, son factores de comorbilidad muy importantes en caso de contraer coronavirus, y también nos mencionan lo importante que es estar bien alimentados para mantener un sistema inmune fortalecido.

Sin embargo, llevamos años sin atender las recomendaciones en cuanto hábitos de alimentación y, en general, hábitos de vida saludables.

Si a esto se le suma la incertidumbre propia del temor a lo desconocido, la convivencia diaria con la propia familia a veces tan acostumbrada a su propio trajín, el miedo a perder el trabajo, la gran carga de trabajo en casa, incluso el refugio y consuelo que muchas personas encuentran en la comida en estos tiempos tan difíciles, resulta completamente abrumador

¿Por dónde comenzar?

Cada quién decidirá cuál es su prioridad ahora; lo que es cierto es que la alimentación familiar no puede esperar. En algún momento hay que comenzar y mientras más pronto, mejor. Seguramente nos llevaremos gratas sorpresas durante el proceso, al descubrir lo capaces que somos de cuidar de nosotros mismos, y reencontrarnos con nuestro instinto de supervivencia.

Para los privilegiados que cuentan con un ingreso diario (aunque sea mínimo) destinado a la alimentación hay varios aspectos que se pueden considerar para hacer rendir ese presupuesto y, a la vez, asegurarnos de que las personas dentro del hogar estarán bien alimentadas. Con ello, se fortalecerá su sistema inmune, a la par de disfrutar del placer de comer con los sentidos.

Recomendaciones

Dividir el presupuesto familiar, ya sea semanal o mensual, en aspectos indispensables por el momento, como gas, agua, medicamentos, pago de renta y, por supuesto, alimentación. Evitar gastar en cosas que no son necesarias (joyería, aparatos modernos u otros).

Elaborar junto a la familia los menús semanales, considerando los gustos de cada miembro de la familia. Haz los ajustes pertinentes para ofrecer una comida atractiva y saludable a la familia. Por ejemplo, si los niños piden un día comer pizza, esta se puede servir junto a una ensalada fresca de pepinos y jitomate; si hay tacos dorados de pollo, servir como primer plato una sopa de verduras. De esta forma aseguramos el consumo de verduras y una menor cantidad de alimentos altos en grasa.

Enlista lo que necesitas para la preparación de estos menús. Es importante considerar alimentos de bajo costo, de larga vida de anaquel y que aporten importantes nutrimentos a la dieta.

Si vas a comprar cereales, elige arroz (de preferencia integral), maíz (elote, tortilla), avena, amaranto (es un producto muy versátil y sumamente barato), trigo (el grano entero o bien sus derivados como pan, pastas) o cebada.

Otra opción para preparar alimentos con alto contenido de proteínas y minerales, y que sea más económico que la carne, son las leguminosas: frijol, lenteja, habas, alubias, garbanzo, soya. Hay una gran diversidad de formas en las que las puedes cocinar.

Si tienes la posibilidad económica, en la ida al mercado compra un poco más de las verduras de su preferencia y en casa congela algunas porciones de estas. La verdura se lava, desinfecta, y se realiza la técnica de escaldado (en agua hirviendo se colocan las verduras durante tres minutos e inmediatamente después, se colocan en agua muy fría, otros tres minutos); se secan con un trapo limpio y se almacenan en bolsas especiales para congelación, con cierre hermético, se saca el aire y se cierra el envase. Es importante rotular las bolsas, indicando el producto y la fecha en que se congeló, pues ya en congelación, a veces los productos no se distinguen bien. Frutas como fresas, piña, mango, entre otras, se lavan, desinfectan, y se congelan en trozos o enteras. Así te aseguras de tener suficientes raciones.

Los productos industrializados son un gran poyo en estos tiempos, así que aprovechemos la gran oferta en el mercado: puré de jitomate, verduras en lata o congelada, atún, sardina, leche, leche en polvo, frutas deshidratadas, garbanzo, frijoles de lata o de bolsa, incluso alimentos ya preparados. La única advertencia es el consumo con moderación, pues generalmente el aporte de sodio, grasa y azúcar es alto en estos alimentos. Aunque el costo es elevado en comparación con los productos frescos, pueden ser un complemento para dar variedad a la dieta.

Si el presupuesto familiar lo permite, en las salidas al mercado o al supermercado, compra pechugas, muslos deshuesados, milanesas de bola, carne molida, filetes de pecado. En casa, sepáralos en bolsas herméticas para congelar y rotula con la fecha. De igual manera, se puede comprar un poco de más quesos maduros (manchego, chihuahua) y congelar en porciones.

El huevo es un alimento con alto valor nutrimental, muy versátil para preparar y su costo es accesible si se compara con otras fuentes de proteína animal.

Generalmente, el costo de los productos de origen animal es elevado, así que hay dos opciones: no se compran o se compran y se hacen rendir en los platillos a preparar. Será una decisión familiar de acuerdo a las necesidades de cada quien.

Una recomendación extra es dedicar dos días a la preparación de la comida para la semana e involucrar a la familia en ello. Prepara dos sopas, arroz o pasta y dos o tres guisados. Así podrás dedicar tiempo para otras cosas el resto del tiempo.

Teniendo los insumos a la mano, sólo se requiere de creatividad y un gran gusto por aportar a la salud de la familia. ¡Comencemos!

 

Bibliografía:

http://bibliotecadigital.conevyt.org.mx/colecciones/consumir_bien/congelacion/verduras.htm

Nutriología Médica; Casanueva,E; Kaufer-Horwitz; M; Pérez-Lizaur, A. Ed. Panamericana; 1995.

http://www.eneo.unam.mx/prevenir-coranavirus/limpieza-en-el-hogar-coronavirus.php

 

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