LN. Liliana de Jesús Guerrero Gálvez

Universidad Vizcaya de las Américas, Campus Piedras Negras

 

Las dietas vegetarianas son aquellas que están exentas de carne y productos cárnicos (incluyendo aves de corral) y pescado (incluyendo mariscos y sus derivados). Según el tipo de dieta vegetariana, puede incluir huevos o productos lácteos (ovo/lácteo-vegetariana) o excluir cualquier producto de origen animal, incluida la miel (dieta vegana).

Hoy en día tenemos información fidedigna de que la falta de nutrimentos en etapas de la vida como la infancia o la adolescencia puede repercutir en su desarrollo sin tener vuelta atrás, y es común que al seguir este tipo de dietas esas deficiencias se presenten (Redecillas, Moráis y Marques 2018).

La dieta, que es el consumo diario de alimentos, debe cumplir con las leyes de la alimentación y tiene que ser: completa, equilibrada, inocua, suficiente, variada y adecuada. Hablando del vegetarianismo, hay que tener en cuenta que esta elección y cambio de alimentación debe ser propia. Si queremos implementar en nuestros niños este estilo de vida diferente y poco común, habrá que tener en cuenta todas las necesidades del infante y cumplir con ellas.

Hay diferentes tipos de vegetarianismo, el más variado y completo para esta la etapa de desarrollo es el tipo lacto-ovo-vegetariano. Consiste en el consumo de lácteos y sus derivados (crema, yogurt y quesos), así como de huevo, cereales, frutas y verduras.

Puede ser uno de los tipos más completos, ya que la mayoría de los nutrimentos encontrados en los alimentos de origen animal podemos sustituirlos con algún otro producto que sea compatible con esta forma de dieta.

De acuerdo con la Convención sobre los Derechos del Niño, todos los lactantes y niños tienen derecho a una buena nutrición. Esto significa, fundamentalmente, que tengan acceso a los nutrimentos que necesitan para tener un desarrollo correcto y una buena salud, entre otras cosas.

Es sumamente importante prestar atención a la alimentación que reciben los niños, ya que un 45% de las defunciones infantiles se asocia a la desnutrición.

En el 2016 a nivel mundial, 155 millones de niños menores de 5 años sufrían retraso del crecimiento y 52 millones presentaban un peso bajo para su talla. Por otro lado, tenemos un fuerte contraste que muestra que 41 millones tenían sobrepeso o eran obesos (Organizacion Mundial de la Salud 2020).

El Comité de Nutrición de la AEP ha considerado de interés elaborar unas recomendaciones para el seguimiento de niños que se adhieren a una dieta vegetariana. Se debe prestar una atención especial en el hierro, zinc, calcio, yodo, vitamina D, vitamina B12 y ácidos grasos polinsaturados n-3 (Redecillas, Moráis y Marques 2018).

Es imprescindible el suplemento de vitamina B12 oral, en forma de cianocobalamina, para todas las personas vegetarianas y veganas. Los niños y niñas que siguen dietas equilibradas y que están creciendo y desarrollándose con normalidad requieren los mismos controles de salud que cualquier otro infante. No obstante, habrá que prestar especial atención a las diferentes necesidades según las etapas de la vida en las que se realice una dieta vegetariana para asegurarse de que obtengan los nutrimentos necesarios. La vitamina B12 es la única suplementación obligatoria en una dieta vegetariana.

Como padres responsables tomamos en cuenta éste y otros nutrimentos esenciales que nuestros hijos deben consumir en cantidades suficientes. Además, es importante llevarlos a revisiones médicas que nos corroboren que nuestros hijos tienen una excelente calidad de vida o que nos guíen a que tengan el mejor estado de salud posible, porque los vemos crecer, tener el peso correcto, tener energía, y sobre todo que sean niños felices.

La alimentación lacto-ovo-vegetariana es una recomendación adecuada para aquellos padres de familia que han decidido alimentar a sus hijos en ideología vegetariana. Para otro tipo de vegetarianismo lo correcto sería que cada individuo escogiera su estilo de vida en sus plenas facultades, como quienes optan por el veganismo, sin embargo, es recomendable estar acompañado de un profesional de la nutrición para evitar enfermedades relacionadas con deficiencias de nutrimentos.

En las siguientes tablas se muestran los nutrimentos esenciales en la etapa infantil. Estas recomendaciones debemos tomarlas en cuenta si queremos que nuestros pequeños estén sanos.

Una buena educación nutricional empieza en casa, seamos el ejemplo para los más pequeños; en nuestra salud veremos la paga de los esfuerzos realizados.

Nutrimentos Recomendaciones para niños de 1 a 3 años Recomendaciones para niños de 4 a 8 años
Calorías 1300kcal/día 1800kcal/día
Proteínas 16g/día 24g/día
Calcio 500mg/día 800mg/día
Hierro 7mg/día 10mg/día
Folato 150µg/día 200µg/día
Fósforo 460mg/día 500mg/día
Vitamina A 300µg/día 400µg/día
Vitamina C 15mg/día 25mg/día
Tiamina 0.5mg/día 0.6mg/día
Riboflavina 0.5mg/día 0.6mg/día
Niacina 6mg/día 8mg/día

(Escott-Stump 2005)

Nutrimento Recomendaciones para las edades de 9 a 13 años Recomendaciones para varones 14 a 18 años Recomendaciones para mujeres de 14 a 18 años
Calorías 2000kcal/día 2500kcal/día 2200kcal/día
Proteínas 1g/kg/día 0.9g/kg/día 0.8g/kg/día
Calcio 1300mg/día 1300mg/día 1300mg/día
Hierro 8mg/día 12mg/día 15mg/día
Folato 300µg/día 400µg/día 300µg/día
Fósforo 1250mg/día 1250mg/día 1250mg/día
Vitamina A 600µg/día 1000µg/día 800µg/día
Vitamina C 45mg/día 45mg/día 45mg/día
Tiamina 0.9mg/día 0.9mg/día 0.9mg/día
Riboflavina 0.9mg/día 0.9mg/día 0.9mg/día
Niacina 12mg/día 12mg/día 12mg/día

(Escott-Stump 2005)

 

Referencias:

Escott-Stump, Sylvia. 2005. «Nutricion, Diagnóstico y Tratamiento.» En Nutricion, Diagnostico y Tratamiento., de Escott-Stump. Sylvia, 843. McGraw-Hill INTERAMERICANA EDITORES, S.A. de C.V.

Organizacion Mundial de la Salud. 2020. «https://www.who.int/.» https://www.who.int/. 24 de Agosto. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/infant-and-young-child-feeding.

Redecillas, Susana, Ana Moráis, y Iva y Moreno-Villares Jose Manuel Marques. 2018. «Guia de recomendaciones sobre las dietas vegetarianas en niños.» Anales de Pediatría 9. doi:doi.org/10.1016/j.anpedi.2018.09.012.

 

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