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LN. Raquel Lobatón

Consultora

 

Todxs quienes nacimos en la cultura occidental mamamos desde muy pequeñxs la cultura de dietas. Esta ha estado presente desde nuestro nacimiento y la hemos introyectado de tal forma que hemos asumido sus narrativas como verdades absolutas e incuestionables. Las premisas que la sustentan son, en gran medida, mentiras o medias verdades que hemos escuchado tantas veces que se han vuelto, para la mayoría de nosotros, dogmas inquebrantables. Bajo estas mentiras se ha edificado y fortalecido una industria multimillonaria, la industria de las dietas. Una industria que genera, solo en Estados Unidos, ganancias superiores a los 72 mil millones de dólares anuales.

Pero, ¿cuáles son estas mentiras? He aquí las más populares:

Existen jerarquías corporales

Es decir, hay cuerpos que son mejores o superiores a otros… y ¿cuáles son estos cuerpos?  En la cultura hetero patriarcal, los cuerpos blancos, delgados y musculosos se encuentran en la cima de esta pirámide. Es claro que la mayoría de la gente no reconoce abiertamente que cree en estas jerarquías, es decir, pocas personas tienen consciente este prejuicio. Sin embargo, esto vive en nuestra conciencia colectiva y asumimos como normal y adecuado que las personas delgadas sean más alabadas, más admiradas, más representadas, más escuchadas y, sobre todo, que tengan mayores oportunidades (laborales, afectivas, de vestimenta, etc.). Esta idea de que un cuerpo delgado es superior a uno gordo es claramente un tipo de discriminación: una discriminación aceptada y normalizada, validada socialmente, pero tan violenta como el racismo, el sexismo, la homofobia o la transfobia.

Todas las personas pueden ser delgadas, es cuestión de voluntad

Esta es una de las mentiras más creídas y bajo la cual se justifica la constante presión que se ejerce sobre las personas para adelgazar. La cultura de las dietas se ha encargado de convencernos colectivamente de que la delgadez es cuestión de voluntad y que quien no la alcanzado, es porque no se ha esforzado lo suficiente. La realidad es completamente otra: la diversidad corporal es parte de la naturaleza humana, y el peso y la corporalidad de una persona están determinadas por innumerables variables, la mayoría fuera de nuestro control.

Es cierto que una persona puede manipular su peso en el corto plazo: las restricciones calóricas hacen que los individuos pierdan peso de forma temporal. Sin embargo, la evidencia disponible demuestra que el 95% de las personas que pierden peso con una dieta lo recuperan en un lapso de entre 2 y 5 años (y dos terceras partes suben aún más). Esto se debe a que los cuerpos son diversos y a que cada cuerpo hará cuanto esté en sus manos para regresar a su peso de origen como mecanismo de defensa ante una hambruna auto infringida.

Todas las personas deben ser delgadas

No solo se nos dice que todos podemos ser delgados, sino que DEBEMOS serlo… como si esto fuera un imperativo moral. ¿Te has preguntado por qué deberíamos cumplir con esta obligación? Este mandato de la delgadez está tan arraigado que quizás nunca lo hemos cuestionado. Asumimos que, si no somos delgados, debemos pasar la vida demostrando que estamos intentando serlo, ya sea comiendo básicamente ensaladas, pasando hambre o sobre ejercitando nuestro cuerpo hasta niveles extremos.

Los cuerpos son estáticos

Esta mentira acecha principalmente a las mujeres. Se nos educa con la doctrina de que nuestros cuerpos deben permanecer inmutables a lo largo de la vida, que no pueden ni deben cambiar y que deberíamos mantenernos siempre (por lo menos) en el peso más bajo que hayamos tenido en el pasado. Nos hacen creer que tras un embarazo nuestro cuerpo DEBE regresar a su estado pre embarazo incuestionablemente (y lo más rápido posible), y que debemos resistirnos al envejecimiento y a los cambios corporales que con éste ocurren, como si estos cambios fueran un defecto, una falla y, sobre todo, culpa nuestra, resultado del descuido y la indulgencia.

La salud solo puede existir en cuerpos delgados, mientras que gordura es sinónimo de enfermedad

Este es un tema complejo y difícil de explicar en un breve artículo. Sin embargo, en términos generales podemos decir que esta aseveración no es como la cuentan. Si bien existen algunas enfermedades que se presentan con mayor frecuencia en corporalidades grandes, en la ciencia, la asociación no es causalidad. Es decir, no porque a nivel poblacional se vea mayor incidencia de algunos padecimientos en personas con pesos elevados, se puede concluir que el peso alto sea la causa.

Es bien sabido que el estigma y discriminación que experimentan las personas gordas, así como los ciclos de subida y bajada de peso por la que la mayoría de ellas han pasado a lo largo de su vida (en esa persecución interminable de la delgadez), representan una carga muy elevada de estrés que condiciona al cuerpo a estados inflamatorios que podrían contribuir de forma importante a esta mayor incidencia de ciertas patologías, que generalmente se atribuye al exceso de peso.

Por otra parte, no existe ninguna enfermedad que se presente de forma exclusiva en personas gordas; además de que existen personas delgadas que cursan con enfermedad, mientras que hay también un gran número de personas de peso alto que se encuentran metabólicamente sanas.

Estas son solo algunas de las mentiras que nos hemos creído y que para muchas personas han sido las premisas que han definido su vida. Cuestionarnos las narrativas dominantes es no solo importante, sino necesario. Retar a los sistemas de creencias y encontrar nuevas respuestas y miradas alternas es la única manera de evolucionar hacia un mundo mejor; uno que, ante todo, deje de patologizar ciertos cuerpos y que respete y celebre la diversidad corporal.

 

Publicación original en https://raquel-lobaton.com/2020/10/22/las-grandes-mentiras-de-la-cultura-de-dietas/

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