LN. Valeria Miyar

Universidad Autónoma de Nuevo León

 

Se sabe que la mejor medicina para nuestro cuerpo es la preventiva y no hay mejor forma de prevenir enfermedades que mediante un estilo de vida saludable. Llevando a cabo una dieta equilibrada, asegurándonos una correcta nutrición en combinación con la actividad física, ya que las elecciones que realizamos cada día en cuanto a los alimentos afectan la salud en múltiples aspectos.

Para llevar a cabo una buena nutrición se requiere comer alimentos con suficientes nutrimentos como parte de una dieta variada en beneficio de la salud y de la función de todas las células, incluidas las células inmunes que permiten iniciar respuestas efectivas contra los patógenos, pero también resolver la respuesta rápidamente cuando sea necesario y evitar cualquier inflamación crónica subyacente.

Los primeros años de vida son un período crítico en el desarrollo del sistema inmune pues se ha demostrado que diversos factores, entre ellos la alimentación, lo afectan. La introducción de alimentos prebióticos, como las leguminosas, frutas, y verduras durante la introducción de alimentos, sugiere proporcionar una oportunidad única para influir en el microbioma en desarrollo y, por lo tanto, interactuar con el sistema inmune en desarrollo.

Por otra parte, a medida que avanzamos en el curso de la vida hacia una vida posterior, se observa una disminución de la función inmune entre los adultos mayores siendo estos los más susceptibles a las infecciones, teniendo como resultado complicaciones más graves que en personas jóvenes.

La inflamación crónica subyacente es una característica clave que encontramos en enfermedades crónicas no transmisibles, como obesidad, enfermedades cardiovasculares, enfermedades autoinmunes y derrames cerebrales, y esta se ha asociado con la dieta occidental que se caracteriza por una alimentación alta en azúcar, grasas trans y saturadas, pero baja en carbohidratos complejos y fibra.

En contraste con la dieta occidental, la dieta mediterránea es rica en verduras, frutas, nueces, legumbres, pescado y grasas “saludables” como el omega 3. La dieta mediterránea está asociada con un riesgo bajo de desarrollar enfermedades crónicas como enfermedades cardiovasculares, cáncer y, más recientemente, la enfermedad de Alzheimer, pues la variedad de sus propiedades nutricionales ofrecen el efecto protector en la reducción del riesgo de desarrollar enfermedades atribuidas a la inflamación crónica.

Es importante, además, crear un estilo de vida que incluya hábitos saludables como, por ejemplo:

  • Reducir o evitar el consumo de tabaco
  • Reducir el consumo de alcohol
  • Realizar actividad física de manera regular
  • Mantener un horario de sueño, tratar de despertar y dormir a la misma hora
  • Lavarse las manos cuando salgas al exterior, antes y después de preparar y comer alimentos, después de ir al baño y después de toser o sonarse la nariz

El conjunto de hábitos que favorezcan la salud, realizados de manera continuada durante un tiempo prolongado, de tal manera que se conviertan en un estilo de vida, es un buen método para mantener nuestro buen estado de salud.

 

Bibliografía:

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