Dra. Claudia Pérez Cruz 

Centro de Investigación y de Estudios Avanzados 

CINVESTAV 

La muy conocida frase “Dime lo que comes y te diré quien eres”, que alguna vez acuñó el abogado francés Jean Anthelme Brillat-Savarin (1755-1826), ha retomado importancia hoy día en el campo de las neurociencias. Estudios recientes nos indican que una dieta occidental, a base de harinas procesadas, azúcares y grasas saturadas, no solo puede generar obesidad, sino también inflamación cerebral y daño en nuestras capacidades mentales; a esto se le conoce como daño cognitivo. 

Se ha propuesto que la alta cantidad de grasas y azúcares en la dieta afectan, principalmente, al hipocampo, una región cerebral altamente especializada y encargada de almacenar y formar recuerdos nuevos. Es por esto que, últimamente, la Asociación Internacional contra el Alzheimer determinó que la obesidad es un factor de riesgo para desarrollar la enfermedad de Alzheimer (Alzheimer Association, 2016). Esta enfermedad está caracterizada por un daño en el hipocampo y por la incapacidad para formar nuevos recuerdos.

Recientemente, se ha descrito que los efectos dañinos de una dieta occidental pueden ser contrarrestados por la ingesta de dietas ricas en vegetales, frutas y semillas, ya que logra disminuir la incidencia de la enfermedad de Alzheimer. Se sabe que ciertos alimentos, además de aportar un valor nutricio, tienen un efecto benéfico para la salud; a estos se les llama alimentos funcionales, y tienen un papel importante en mantener la salud intestinal en buen estado. El nopal es un ejemplo de un alimento funcional que, al ser consumido, logra disminuir la inflamación de bajo grado, las concentraciones de glucosa generadas por la obesidad o la diabetes y evita el daño cognitivo y la inflamación cerebral al modular la composición de las bacterias en el intestino.

Se ha observado que en pacientes con la enfermedad de Alzheimer existe un desequilibrio en las bacterias del intestino. Cierto tipo de bacterias secretan productos dañinos, como los lipopolisacáridos y el propionato. Estos productos pueden llegar al cerebro y causar inflamación.  Pero, he aquí la buena noticia, si ingerimos alimentos funcionales, se reestablece el equilibrio entre las bacterias, disminuye la inflamación cerebral y mejora la memoria y la comunicación entre las neuronas, evitando así el daño cognitivo. Por lo que se recomienda consumir alimentos funcionales incluso desde la juventud, para prevenir el desbalance en las bacterias intestinales, disminuyendo las concentraciones de sus productos neurotóxicos, lo que podría resultar en un envejecimiento exitoso y sin demencia.  

 

Bibliografía:

Alzheimer Association (2016). 2016 Alzheimer’s Disease Facts and Figures. Alzheimer’s Dement. 2016 12, 1–80.

Sanchez-Tapia, M., Aguilar-López, M., Perez-Cruz, C., Pichardo-Ontiveros, E., Wang, M., Donovan, S., Tovar, A., and Torres, N. (2017). Nopal (Opuntia ficus indica) protects from metabolic endotoxemia, improving carbohydrate and lipid metabolism and cognitive function by modifying gut microbiota in a rat model of high fat and sucrose feeding. Sci. Reports, under Revis. 1–16.

Syeda, T., Sanchez-Tapia, M., Vargas-Pinedo, L., Granados, O., Cuervo-Zanatta, D., Rojas-Santiago, E., Díaz-Cintra, S., Torres-Torres, N., and Perez-Cruz, C. (2018). Bioactive food abates metabolic and synaptic alterations by modulation of the brain-gut axis in a mouse model of Alzheimer’s disease. J. Alzheimer´s Dis. 66.

 

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