LN ED Beatriz Portilla Camacho 

Federación Mexicana de Diabetes

El hierro es un mineral esencial que participa en muchos procesos metabólicos de nuestro cuerpo, pues forma parte de diversas enzimas, hormonas y proteínas, como la hemoglobina de los glóbulos rojos. Gracias a esta proteína el oxígeno de los pulmones puede llegar a distintas partes de nuestro cuerpo, a través de la sangre.

Podemos encontrar el hierro en una gran variedad de alimentos como carnes, aves, mariscos y algunos alimentos de origen vegetal. En ocasiones, el hierro que consumimos a través de la dieta es suficiente para cubrir las necesidades diarias de este mineral; estas necesidades son diferentes en cada persona y se determinan en función de la edad, el sexo y el estado fisiológico. Hay algunas circunstancias que aumentan los requerimientos de hierro de una persona, por ejemplo, el embarazo o la lactancia.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la deficiencia de hierro es el problema nutricional más común y extendido por todo el planeta. Esta deficiencia produce anemia ferropénica y los grupos de mayor riesgo para presentarla son los menores de 24 meses de edad, las mujeres en edad fértil (18-49 años) y mujeres embarazadas. En el 2011 la OMS estimó que 533 millones de mujeres en el mundo tenían deficiencia de hierro. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012, en México, 11.6% de las mujeres no embarazadas y 17.9% de las mujeres embarazadas (en promedio 1 de cada 6) tenían anemia ferropénica.

Pero ¿por qué este problema de salud es tan grave y prevalente en las mujeres? Cuando las mujeres tienen deficiencia de hierro durante el embarazo, se transfiere una cantidad menor de este mineral al feto durante la gestación. Al nacer, el bebé tiene una carga menor de hierro y, podría desarrollar deficiencia de hierro o anemia cerca de los 4 meses de edad. Cuando la deficiencia ocurre en los primeros 2 años de vida, puede producir retraso en el desarrollo físico y mental, por eso es importante llevar al bebé a revisones periódicas con el pediatra. 

En las mujeres, la anemia por deficiencia de hierro se asocia con mayor mortalidad tanto de la madre como del bebé, mayor probabilidad de prematurez y de bebés con bajo peso al nacer, por otro lado, en los adultos, disminuye considerablemente la productividad y la calidad de vida.

La deficiencia de hierro puede ser resultado de una baja ingesta del mineral (dieta inadecuada) o de una etapa de vida particular (embarazo, crecimiento, lactancia). Pero, también puede darse a causa de hemorragias severas. La anemia ferropénica se desarrolla lentamente por meses o años y su tratamiento y corrección puede ser igualmente lenta, y depende en parte de la disponibilidad de hierro en la dieta y del adecuado funcionamiento gastrointestinal. Las causas más frecuentes de anemia ferropénica en las mujeres son: las pérdidas de sangre durante toda su vida fértil, los periodos con reglas abundantes (hipermenorreas), miomas y otras alteraciones menstruales.  

¿Cómo se detecta y cómo se trata este problema nutricional?

La mejor prueba diagnóstica para evaluar deficiencia de hierro es la ferritina sérica, que es un indicador del almacenamiento de hierro en el cuerpo, cuando hay anemia se encuentran concentraciones <20µg/l en mujeres postmenopaúsicas y <12µg/l en mujeres premenopaúsicas. Otras pruebas, como la hemoglobina y el hematócrito, entre otras, que se obtienen de una biometría hemática (mediante una muestra de sangre) son también útiles para establecer un diagnóstico.

El tratamiento para la deficiencia de hierro debe buscar: corregir la anemia, almacenar hierro en los depósitos y corregir la causa primaria de la anemia. El tratamiento se basa en la administración de hierro, ya sea a través de la dieta o con la suplementación por vía oral. El tratamiento dietético consiste en introducir alimentos con hierro de fácil absorción en la alimentación, estos son carnes rojas, pescado, legumbres, cereales y hortalizas, además de acompañar su consumo con alimentos ricos en vitaminas C, como los cítricos, pimientos o jitomates, para favorecer su absorción.  

En el caso de la suplementación vía oral, los suplementos de hierro más utilizados son los comprimidos de sulfato ferroso por ser los que producen menos efectos adversos y contar con una buena disponibilidad del mineral. El tiempo de tratamiento con estos es variable; pero uno de los aspectos a tomar en cuenta durante el periodo de suplementación es que no se debe acompañar con alimentos como leche o bebidas carbonatadas que contienen fosfatos y multivitamínicos, pues disminuyen su absorción. 

En aquellos pacientes que presenten intolerancia digestiva a la suplementación oral o en caso de que el tratamiento falle (por ser insuficiente o inadecuado), se procede a la terapia con hierro parenteral. Dado que este mineral es esencial para el buen funcionamiento de nuestro organismo, es fundamental tener una ingesta adecuada del mismo. Es recomendable consultar con un médico para evaluar si se requiere o no reforzar la cantidad de hierro que una persona en específcio necesita.

 

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