La biotecnología ha traído algunos cambios importantes para la agricultura, que benefician tanto al consumidor como al productor de alimentos. Eso significa una mayor calidad de vida para muchas familias

¿Sabías que casi la mitad de la fuerza de trabajo del mundo está dedicada a la agricultura? Algunos de los problemas que enfrentan los agricultores tienen que ver con el cambio climático. Las lluvias excesivas y los periodos de sequía son cada vez más frecuentes, y esto hace más difícil obtener buenas cosechas.

Por otro lado, plagas de insectos o plantas invasoras, debilitan los cultivos y es necesario utilizar pesticidas. Los pesticidas, si no son usados adecuadamente, pueden perjudicar a la cosecha y enfermar al consumidor.

Además, algunos cultivos van desgastando el suelo, que poco a poco se hace menos nutritivo. Esto afecta la calidad de lo que se siembra e incluso podría llegar a imposibilitar volver a cultivar en ese campo. Todas estas circunstancias se presentan antes de que el agricultor pueda vender lo que cosecha. Así que, como puedes ver, los retos no son pocos y de esta actividad depende la sobrevivencia de todo el mundo.

De manera paralela, los agricultores se enfrentarán al reto de producir más alimentos para la población que sigue creciendo, sin poder utilizar mayores porciones de tierra, porque el planeta no aguantaría que se use más suelo para cultivar.

Construyendo el futuro

Cuando hablamos de biotecnología o de ingeniería genética, todavía nos suena a película de ciencia ficción. Pensamos en mutantes, en plantas que hablan, en clones humanos que son como robots, etc.

Pero la biotecnología es, en realidad, una herramienta que se ha utilizado hace cientos de años y que se ha hecho más precisa con las nuevas técnicas y los descubrimientos más recientes.

En el caso de la agricultura, la biotecnología tiene mucho que dar. Imagina que tienes unos jitomates que pueden crecer en época de sequía y que son resistentes a los insectos que se los comen. Eso significa que la planta puede sobrevivir en condiciones no tan buenas para ella y que puede defenderse sin necesidad de plaguicidas.

O imagina que una hortaliza sea fortificada con vitaminas que ayuden a disminuir la desnutrición de una ciudad. Estas cosas son posibles gracias a la ingeniería genética.

¿Hay algo que temer?

Como con cualquier producto antes de salir al mercado, los alimentos que han sido modificados genéticamente, son evaluados para determinar si son seguros o no para el consumo humano.

De hecho, llevamos unos 20 años comiendo productos con ingredientes que algún grado de modificación genética y todavía no ha surgido una prueba clara y contundente de que sean perjudiciales a la salud. Aun así, hay comisiones especiales, como el Comité Consultivo de Biotecnología y Agricultura Siglo XXI, de la USDA (Departamento de Agricultura de EE.UU.), que vigilan, controlan y evalúan estos productos.

Actualmente, el 88% del maíz está modificado genéticamente, así como el 93% de la soya y el 94% del algodón. Los agricultores, en su mayoría, han aceptado trabajar con este tipo de semillas porque cultivarlas representa una mayor producción, un menor costo de producción y disminuye las pérdidas.

Lo nuevo, las cosas que no entendemos bien, lo desconocido nos causan temor. Pero no podemos dejar que el miedo nos impida mejorar la calidad de vida de algunas personas (por ejemplo, quienes padecen hambruna) o incluso conservar los recursos naturales de nuestro planeta. Y la biotecnología es una herramienta que puede cumplir estas metas.

Fuentes:

 

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