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Regresa a tu ritmo: Hábitos que te reconectan después de diciembre

LN. Jessica Rivera Lozada 

Clínica de Nutrición Especializada Béke

Dra. Diana Rodríguez Vera

Escuela Superior de Medicina del IPN

Dra. Arely Vergara Castañeda

Grupo de Investigación en Promoción y Educación para la Salud y Alimentación

Vicerrectoría de Investigación, Universidad La Salle México 

La alimentación, más allá de calorías y dietas, también representa una práctica profundamente ligada a la cultura, a la identidad y a los momentos sociales que le dan sentido a la vida. Ejemplo claro son aquellas fiestas y brindis de fin de año, compartidas con quienes no siempre están cerca y en las que prevalecen los olores, los sabores y las recetas que se convierten en historias. Esto refleja la memoria viva y lo mucho que disfrutamos a través de platos y bebidas como el ponche, los tamales, el pavo y su relleno, o el tradicional bacalao y romeritos, que muchas familias preparan sólo en estos días y que consumimos de manera abundante. 

Y así como las fiestas decembrinas llenaron el estómago y nutrieron el alma, llega enero y con él, el inicio de un nuevo año, en el que el eco de las fiestas se va desvaneciendo y da entrada a otras tradiciones. Pero, también es el momento de promesas ambiciosas que se traducen en propósitos desproporcionados, dietas restrictivasayunos radicales y un deseo ferviente de “compensar” los excesos de diciembre. 

¿Los propósitos de Año Nuevo te desequilibran?

Estos cambios abruptos y las restricciones extremas resultan insostenibles y el cuerpo responde activando una respuesta al estrés: aumentando el cortisol y propiciando un desequilibrio entre las hormonas involucradas en la regulación del hambre y la saciedad, aunado a que el cuerpo reduce su gasto energético basal para conservar energía, fenómeno conocido como termogénesis adaptativa, haciendo que sea cada vez más difícil la pérdida de peso y que, a la vez, genera un sentimiento de frustración.

Por ello, en lugar de enfocarnos en eliminar o restringir alimentos, prioricemos estrategias que nos faciliten tomar decisiones, desde una perspectiva más compasiva y real, que nos permitan disfrutar sin perder el rumbo. 

¿Cómo empezar el año nuevo?

Para empezar, podemos partir de la planificación y preparación de los alimentos y bebidas a consumir durante la semana, esto nos ayudará a transformar la intención en acción. Dedicarle un tiempo a la organización de los menús o platos, a realizar una compra anticipada y consciente que incluya una amplia variedad de colores y texturas de frutas, verduras, cereales integrales, frutos secos y oleaginosas, leguminosas y algunos otros alimentos ricos en proteína, minimiza la fatiga de la decisión durante la semana y reduce la posibilidad de recurrir a opciones rápidas, menos nutritivas e incluso más costosas

Además, esta planificación ayudará a tener siempre disponibles alimentos saludables para consumir en cualquier momento, equilibrar los diferentes grupos de alimentos que servimos en nuestro plato, establecer y consumir porciones conscientes. En lugar de centrarnos en eliminar por completo un alimento rico en hidratos de carbonos, simplemente incrementemos la porción de verduras a la mitad del plato, la fibra nos proporcionará saciedad. 

¿Cambiar de tajo o poco a poco?

Recuerda que cualquier cambio a realizar en nuestro día a día deberá centrarse en la modificación gradual del comportamiento, masticar y saborear los alimentos, desvincular las comidas de distracciones como pantallas y fomentar la presencia plena en la mesa, estrategias que permiten ralentizar la ingesta y facilitar la autorregulación calórica. 

Dejemos de lado la mentalidad de castigo y abracemos una de construcción consciente, que este año nuestra primera meta no sea perder kilos, sino ganar consistencia y bienestar. Recuerda que la consistencia a largo plazo, basada en el disfrute de una dieta variada y equilibrada, es mucho más efectiva que la restricción extrema.

Construir una relación más amable con nosotros mismos y entender que la alimentación no debe ser un campo de batalla, sino un espacio de disfrute, equilibrio y aprendizaje. Cada pequeño ajuste sostenido en el tiempo tiene un impacto real. Que este año se convierta en una oportunidad para cultivar rutinas que respeten nuestras necesidades, honren nuestra historia y promuevan un bienestar integral. Porque más allá de “compensar” excesos, lo verdaderamente valioso es aprender a vivir en armonía con nuestro cuerpo y nuestras decisiones.

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