Por Hablemos Claro

 

Cada uno de los alimentos que conforman nuestra dieta aporta diversos nutrimentos para que el organismo los aproveche y pueda mantener su funcionamiento en las mejores condiciones. Para que ello ocurra, la dieta debe incluir una variedad de alimentos, en las cantidades adecuadas, para conservar la salud de nuestro organismo. Cuanto más variada sea la dieta, mejor.

Cuando nos alimentamos estamos frente a una serie de decisiones para seleccionar qué alimentos integraremos a nuestra dieta. Si lo pensamos un poco, quizá nos demos cuenta de que estas decisiones siguen un patrón de consumo, es decir, elegimos más o menos los mismos alimentos cada semana o mes. Este patrón puede ser muy similar a los hábitos de la familia en la que crecimos (tradiciones, experiencias y costumbres que se transmiten de padres a hijos), por las preferencias por sabores determinados, (dulces o salados, por ejemplo), o, por otras sensaciones, como las texturas de los alimentos, que hacen que las comidas sean más placenteras. 

Aunque cada vez estamos más atentos a lo que consumimos, no es muy claro para nosotros si nuestros hábitos de alimentación son apropiados, ni cómo debemos alimentarnos adecuadamente para evitar carencias nutricionales o excesos de consumo que nos pondrían en riesgo de padecer ciertas enfermedades (anemia, osteoporosis, sobrepeso, enfermedades cardiovasculares, etc.). Tampoco sabemos con certeza cuáles son las conductas que nos impulsan a la elección de los alimentos, es decir, los aspectos psicológicos involucrados en nuestras conductas alimentarias. Hay tanta información en los distintos medios de comunicación, incluyendo a las redes sociales, que vivimos confundidos y, peor aún, se ha fomentado el miedo a los alimentos a través de una serie de leyendas urbanas, que se propagan rápidamente, como que consumir pan o leche es peligroso, por ejemplo. 

Tener una dieta para una buena salud ha sido una preocupación pública y así, desde 1938, comenzaron a aparecer las recomendaciones de consumo de nutrimentos para poder evaluar y planear las dietas de la población, y hacer recomendaciones al respecto. A la fecha y con el avance de los conocimientos de nutrición, se han creado las Guías de Alimentación para orientar a la población sobre cómo alimentarse para tener una dieta adecuada que aporte la energía y los nutrimentos necesarios. Con ese propósito, en México se creó la norma oficial mexicana NOM-043-SSA2-2012 de donde surge el “Plato del bien comer” que es una herramienta visual que nos ayuda a saber qué comer y en qué cantidad.  

En el “Plato del bien comer” se organiza a los alimentos en tres grupos: el primero de verduras y frutas; el segundo de cereales, donde también se encuentran los tubérculos como papa, camote, etc.; y el tercero que corresponde a leguminosas (frijoles, lentejas, cacahuate, etc.) y alimentos de origen animal (carne, derivados de leche, huevo, etc.). 

La norma dice que “Se debe recomendar que en cada tiempo de comida se incluyan alimentos de los tres grupos” y que “Se debe insistir en la importancia de variar la alimentación e intercambiar los alimentos dentro de cada grupo” para que la dieta tenga diversidad y, de esta manera, estar aportando al organismo prácticamente la variedad de nutrimentos que requiere para una buena salud.

Aunque se busca orientar para una buena nutrición, hay que considerar que las personas comemos también en función de otros factores socioculturales, como la saciedad, el gusto, el precio, la disponibilidad, nuestras creencias, etc., y estos pueden actuar como determinantes en la selección de los alimentos, incluso más que los componentes nutrimentales de los mismos. Además, es necesario considerar que ha ocurrido una transición en los patrones de consumo a causa de la globalización, es decir, cambios en la forma y en la cantidad en que las personas adquieren sus alimentos mensualmente y que es influenciada por los mercados, la tecnología y por supuesto, los precios. 

Sin embargo, la misma norma señala que: “La falta de educación en materia de nutrición en la población, la pobreza, agravada por la pérdida del poder adquisitivo, el encarecimiento de los alimentos y el contexto sociocultural, en muchas ocasiones restringe el acceso a una dieta correcta”. Esto es relevante, ya que cerca del 55% de los mexicanos viven en inseguridad alimentaria, es decir, que no tienen posibilidad de consumir suficientes alimentos, así que alcanzar una buena alimentación no parece ser sencillo. 

Además, si prácticamente la mitad de la población mexicana se encuentra en pobreza y el precio se vuelve un determinante importante en la elección de alimentos, se hace más necesario saber lo que nos proporcionan los alimentos, para que así podamos hacer elecciones adecuadas, desde nuestras preferencias y nuestras posibilidades, y lograr la mejor combinación teniendo como guía ideal, al plato del bien comer.

Bibliografía:

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