El Índice Glucémico promedio obtenido de todo lo que compone la dieta, podría estar relacionado con la probabilidad de desarrollar depresión en mujeres que se encuentran en estado de postmenopausia.

Al pasar los 50 años de edad las mujeres entran en una etapa que se conoce como postmenopausia. Algunos de los cambios en la salud que suceden en ese momento pueden incluir una incidencia de depresión.

Algunos estudios han tratado de demostrar una asociación entre el consumo de alimentos azucarados y el riesgo de desarrollar depresión en dicha etapa. Sin embargo, los resultados de las investigaciones señalan que este padecimiento no está significativamente relacionado con el consumo de ciertos alimentos en específico, sino con el índice glucémico (IG) promedio, que está determinado por la totalidad de la dieta.

Este dato es la conclusión de un seguimiento que, durante tres años, monitoreó a 87,618 mujeres, en edades entre los 59 y 70 años. Los investigadores detectaron un aumento de aproximadamente 20% en el riesgo de desarrollar depresión, durante el quinto mes de observación, en las mujeres cuya dieta tenía un índice glucémico promedio más bajo. Para las mujeres con un índice glucémico alto, esta situación se presentó al quinto mes. Una tendencia similar se dio con la sacarosa añadida a los alimentos.

El consumo fructosa, que se encuentra en la fruta fresca y las verduras, además de la ingestión de fibra y lactosa (azúcar de la leche), en cambio, se asocian con un menor riesgo de depresión. Estas observaciones sugieren que la alimentación no puede ser un método en la prevención de la depresión en la post-menopausia.

El estudio formó parte de la Iniciativa de Salud de Observación de la Mujer y llegó a la conclusión de que el consumo total de azúcar o carbohidratos no está fuertemente asociado con la depresión en la etapa posterior a la menopausia.

Ahora se estudia la relación de la dieta completa con el estado de ánimo. Ante la nueva evidencia, es necesario realizar más estudios que midan el consumo total de carbohidratos y azúcares, el IG y la carga glucémica. Con esto, se podrá analizar la relación que tienen esos factores con el estado de ánimo.

El estudio, que comenzó entre 1994 y 1998, partía de la hipótesis de que el aumento de IG en la dieta y la carga glucémica, está asociado con mayores probabilidades de prevalencia e incidencia de depresión en mujeres con postmenopausia.

Para realizar la investigación se utilizó un estudio de cohorte prospectivo. Se analizó la relación entre el IG, la carga glucémica y diferentes carbohidratos (azúcares agregados, azúcares totales, glucosa, sacarosa, lactosa, fructosa, almidón, carbohidratos), y la depresión en mujeres en dicha etapa.

Entre los resultados obtenidos, se encontró una asociación entre el aumento del IG y una mayor probabilidad de desarrollar depresión incidente en los sujetos de estudio, que podría ser estadísticamente significativo.

Además, se observó una asociación entre un mayor consumo de lactosa, fibra, frutas y vegetales, con probabilidades más bajas de depresión incidente. Por otro lado, el consumo de granos refinados se relacionó con probabilidades más altas de desarrollar dicho padecimiento.

Los resultados de este estudio sugieren que las dietas de IG alto podrían ser un factor de riesgo para la depresión en las mujeres posmenopáusicas. Sin embargo, deben llevarse a cabo ensayos aleatorios para examinar la cuestión más a fondo.

Como parte de las recomendaciones nutrimentales de la USDA, que componen una dieta balanceada para mujeres mayores de 50 años se incluye el consumo de granos (140-200 g), una porción o dos de frutas (la porción se mide por tazas), 3 porciones de lácteos (leche, queso, yogurt) y máximo 170 g de carne (pescado, res, pollo, cerdo) o huevo, o frijoles o nueces.

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