Dra. Ruth Pedroza

Ingeniería de Alimentos

Universidad Iberoamericana

Al momento de elegir los alimentos, no solo importa que sean de nuestro agrado. Cada vez crece más el interés por conocer la calidad nutritiva de los alimentos para tener una dieta mejor.

Ese interés, aumenta la preferencia de alimentos que, además de ser sabrosos, puedan proveernos de una cantidad importante de nutrimentos esenciales. Aunque no hay que perder de vista que la alimentación adecuada proviene de la dieta completa, es decir, de la combinación correcta de los alimentos que se consumen durante el día. La variedad de la dieta apunta hacia el equilibrio nutricional.

Si consideramos que la dieta nos debe proveer de energía para el crecimiento y el metabolismo, parece lógico tratar de que esté integrada preferentemente por alimentos ricos en nutrimentos, o aún mejor, por aquellos con alta densidad nutritiva.

La densidad nutritiva se refiere a la cantidad de nutrimentos que el alimento provee en relación a las calorías. Este concepto puede aplicarse a un alimento individual, a los menús o a la dieta completa (Drewnoski, 2010). Los alimentos considerados como de alta densidad nutritiva, son los que proporcionan más nutrimentos por caloría.

El consumo de alimentos de alta densidad nutritiva se ha asociado con la disminución del riesgo de padecer enfermedades no transmisibles derivado del sobrepeso y la obesidad (Chiuve y col., 2011).

La obesidad, actualmente, está catalogada como el mayor problema de salud pública y sus repercusiones se relacionan con el incremento en el riesgo de padecer diabetes, enfermedades cardiovasculares y algunos cánceres, entre otras (Thom y Lean, 2017).

Para reducir el peso corporal la estrategia respecto de la dieta, ha sido reducir el consumo de energía. No obstante, al hacer modificaciones en la dieta y restringir la ingestión de energía (calorías), hay que tener cuidado de no disminuir la densidad nutrimental de la dieta (Smith y col., 2017). Es decir, es necesario lograr un balance entre la reducción de calorías y mantener la cantidad de nutrimentos necesarios.

Por ello, se han desarrollado alimentos con perfiles nutricionales que mejoran la composición de nutrimentos, especialmente reduciendo el contenido de grasas saturadas, azúcar añadido y sal, buscando contribuir al cumplimiento de los estándares de nutrición (Drewnoski, 2017).

Otra estrategia exitosa ha sido enriquecer los alimentos con vitaminas y minerales, proveyendo una mejor densidad nutritiva. Se sabe que los micronutrimentos juegan un papel fundamental en el mantenimiento óptimo de la salud en todas las etapas de la vida.

Por ejemplo, en México aún prevalece la deficiencia de hierro en los niños, mientras que en los Estados Unidos su población presenta deficiencia en vitamina E (Hoeft y col., 2012); muchos países latinoamericanos reportan deficiencia en vitamina A (Daza, 2001). La Organización Mundial de la Salud ha señalado como las deficiencias más frecuentes las de hierro, vitamina A, folatos, yodo y zinc (Velasco-Lavín, 2016). Así que el enriquecimiento de los alimentos con vitaminas y minerales, apoyan para una mejor densidad nutritiva de los alimentos que los contienen, en favor de la salud de la población.

Conocer la densidad nutritiva de un alimento es un dato muy útil para tener una dieta acorde a lo que el cuerpo necesita. Esto se puede saber leyendo las etiquetas de los productos o averiguando qué vitaminas y minerales contiene la comida.

Lo más importante al hablar de densidad nutritiva es reconocer que un mismo alimento puede tener un alto aporte de una vitamina en especial pero también de azúcar y, si lo que se busca es reducir el consumo de calorías, podría haber un alimento que sea mejor opción.

Referencias

Chiuve SE, Sampson L, Willett WC. 2011. The association between a nutritional quality index and risk of chronic disease. American Journal of Preventive Medicine 40:505–513.

Daza CM. 2001. Malnutrición de micronutrientes. Estrategias de prevención y control. Colombia Médica 32(2): 95-98.

Drewnowski A. 2010. The nutrient rich foods index helps to identify healthy, affordable foods. American Journal of Clinical Nutrition 91(suppl): 1095S-1101S.

Drewnowski A. 2017. Uses of nutrient profiling to adress public Health needs: from regulation to reformulation. Proceedings of the Nutrition Society 76: 220-229.

Hoeft B, Weber P, Eggersdorfer M. 2012. Micronutrients –A glbal perspective on intake, Health benefits and economics. International Journal for Vitamins and Nutrient Research 82: 316-320.

Smith TL, Weng S, Hue Y, Busey E, Harding M. 2017. No fat, no sugar, no salt…no problem? Prevalence of “low-content” nutrient claims and their associations with the nutritional profile of food and beverage purchases in the United States. Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics 117(9): 1366-1374.

Thom G, Lean M. 2017. Is there an optimal diet for weight management and metabolic Health? Gastroenterology 152: 1739-1751.

Velasco-Lavín R. 2016. La desnutrición y la obesidad: dos problemas de salud que coexisten en México. Revista Mexicana de Pediatría 83 (1): 5-6.

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