Soledad García-Morales, Janet María León-Morales,

Cecilia Guízar González, Ernesto Tapia Campos

CIATEJ

 

Los antioxidantes son compuestos capaces de retrasar o inhibir los procesos de oxidación que ocurren bajo la influencia del oxígeno atmosférico o las especies reactivas de oxígeno. Se utilizan para la estabilización de productos poliméricos, petroquímicos, alimenticios, cosméticos y farmacéuticos. Además, los antioxidantes están involucrados en el mecanismo de defensa del organismo contra fisiopatologías asociadas al ataque de radicales libres, como neoplasia, la aterosclerosis y las enfermedades neurodegenerativas.

Nuestro sistema antioxidante endógeno está compuesto por enzimas, como superóxido dismutasa, catalasa, glutatión peroxidasa, o compuestos no enzimáticos, como glutatión, tioles (metalotioneínas), bilirrubina y albúmina. Cuando los factores endógenos no pueden garantizar un control riguroso y una protección completa del organismo contra las especies reactivas del oxígeno, surge la necesidad de antioxidantes exógenos, como suplementos nutricionales o productos farmacéuticos, que contienen como principio activo un compuesto antioxidante.

Entre los antioxidantes exógenos más importantes están las vitaminas E, C, β-caroteno, D, K3, los flavonoides y selenio (Se) mineral. Los antioxidantes exógenos pueden derivar de fuentes naturales (vitaminas, flavonoides, antocianinas, algunos compuestos minerales), pero también pueden ser compuestos sintéticos, como butilhidroxianisol, butilhidroxitolueno, galatos, entre otros.

Por estas bondades, actualmente existe un interés creciente en el consumo de antioxidantes, particularmente para prevenir los efectos nocivos producidos por los radicales libres en el cuerpo humano, así como el deterioro de las grasas y otros componentes en los alimentos.

De manera natural, en las plantas existen numerosos compuestos antioxidantes como: carotenoides, betalaínas, ácidos fenólicos, flavonoides, antocianinas, estilbenos, cumarinas y lignanos (Lindsay y Astley, 2002). De entre estas moléculas bioactivas, la ingesta de altas cantidades de flavonoides (compuestos con actividad antioxidante, antiproliferativa y antiinflamatoria), puede tener un impacto positivo en la salud humana, especialmente en la prevención del cáncer y las enfermedades inflamatorias.

Por esta razón, no es de sorprender que el consumo de frutas y verduras, así como de granos y nueces, se ha asociado con un menor riesgo de enfermedades crónicas. Entre los componentes de los alimentos con efecto protector contra las enfermedades crónicas, han ganado mayor atención aquellas moléculas con propiedades antioxidantes.

La ingesta de varias frutas y verduras que contienen metabolitos antioxidantes, como polifenoles, vitamina C, vitamina E, flavonoides, β-caroteno y licopeno, tienen un efecto benéfico para la salud, debido a que brindan protección contra el desarrollo de enfermedades causadas por estrés oxidativo, como cáncer, enfermedad coronaria, obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión y catarata (Halvorsen et al., 2002).

Además, se han comprobado efectos aditivos y sinérgicos de estas moléculas bioactivas. De este modo, al consumir más de un tipo de alimento de origen vegetal, no solo podemos obtener las bondades de sus antioxidantes, sino que estos actúan también de manera más eficiente. Por ejemplo, se ha reportado que una combinación de frutas como naranja, manzana, uva y arándano, produce un efecto sinérgico sobre la actividad antioxidante in vitro. Por otra parte, una mezcla de extracto de cáscara de naranja, té negro y cafeína tienen efectos antiobesidad, al suprimir el aumento de peso corporal y la formación de tejido adiposo, sugiriendo que actúan sinérgicamente y presentan una acción antiobesidad más efectiva, que de manera individual (Shahidi y Ambigaipalan, 2015).

Cada vez hay más estudios que señalan los beneficios de consumir una variedad de compuestos fitoquímicos presentes en los alimentos naturales, ya que pueden reducir el riesgo de sufrir trastornos graves de salud debido a su actividad antioxidante, entre otros mecanismos. Aunque los antioxidantes sintéticos son una opción, debido a sus posibles efectos tóxicos y otras limitaciones que rodean su uso, los antioxidantes naturales obtenidos a partir de fuentes comestibles, subproductos y co-productos son fuentes alternativas de interés.

Sin embargo, es necesario desarrollar más investigación sobre el modo de acción de los diferentes compuestos bioactivos de origen vegetal, así como confirmar su inocuidad y biodisponibilidad. Además, se requieren más estudios sobre el aislamiento de estas moléculas utilizando diferentes métodos y validar sus efectos antioxidantes en modelos animales y humanos, para que, posteriormente, puedan ser utilizados como suplementos dietéticos o ingredientes funcionales de alimentos para mejorar la salud y reducir el riesgo de enfermedades.

Ante esto último, en la Unidad de Biotecnología Vegetal del Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco A.C. (CIATEJ) se está conformando un grupo de investigación para el estudio, aislamiento, identificación y elicitación de compuestos bioactivos de plantas  para su uso en la agricultura, la industria alimenticia y farmacéutica.

 

Referencias

Halvorsen, B.L., Holte, K., Myhrstad, M. C. W., Barikmo, I., Hvattum, E., et al. 2002. A systematic screening of total antioxidants in dietary plants. J Nutr 132: 461-471.

Lindsay, D. G. and Astley, S. B. 2002. European research on the functional effects of dietary antioxidants—EUROFEDA. Mol Aspects Med. 23:1-38.

Shahidi, F. and Ambigaipalan, P. 2015. Phenolics and polyphenolics in foods, beverages and spices: Antioxidant activity and health effects –A review. J. Funct. Foods. 18:820-897.

Dejar un comentario