Dra. Viridiana M. Estrello López

M en C Fernand Vedrenne Gutiérrez

Universidad Iberoamericana

 

En México y en muchos lugares del mundo, la salud oral se ha considerado como un aspecto secundario y poco urgente de la vida cotidiana. Si en México existe poca preocupación por la salud en general, la promoción de la salud oral no forma parte de las actividades cotidianas. En 2015, la Secretaría de Salud reportó que el 85% de los mexicanos tienen al menos un diente con caries, el 90% tiene gingivitis y cerca del 40% tiene una higiene oral entre regular y mala, de acuerdo con el índice de higiene oral simplificado (IHOS) que cuantifica la cantidad de dientes dañados o con sarro (Secretaría de Salud, 2015) .

Si bien, es muy evidente y se ha investigado mucho al respecto, es muy poco lo que se dice en cuanto a la relación que existe entre la salud oral y la nutrición. Tanto la salud oral depende de la buena nutrición, como la buena nutrición depende de la salud oral. En este breve artículo se pretende introducir y generar curiosidad alrededor de algunos ejemplos de cómo ambos fenómenos interactúan entre ellos.

 

  1. Caries y nutrición

La caries es una enfermedad en la que los tejidos dentales son destruidos por las bacterias de la placa dental. La caries es una enfermedad multifactorial en la que interviene la presencia de placa en los dientes, pero también factores genéticos y nutricionales. Si el ambiente lo permite, las bacterias que se acumulan sobre la superficie dental fermentarán azúcares, convirtiéndolos en ácidos y desgastando así el esmalte y luego la dentina, para terminar generando una cavidad en los tejidos más suaves y llevando a una potencial infección (Alvarez & Navia, 1989).

Es bien sabido que existe una relación entre el consumo de azúcar y la caries. Sin embargo, es preciso notar que el consumo de azúcares por si solo no es el detonador de la enfermedad. ¿Qué otros factores influyen en su desarrollo? Los hábitos de higiene oral, la calidad del esmalte y el desarrollo embrionario son algunos de los determinantes de la caries.

En éstos dos últimos, la nutrición es de vital importancia. Los niños que nacen con bajo peso tienden a tener dientes con menor calidad de dentina. La desnutrición materna durante el embarazo está asociada con mala formación de la matriz dental y con mala mineralización de los dientes que se desarrollan durante la gestación. La desnutrición energético-proteica durante las primeras etapas posteriores al nacimiento, está asociada con desmineralización en los dientes que se desarrollan después del nacimiento. También se ha visto que la calidad del esmalte está asociada al consumo de algunos medicamentos durante el embarazo (Alvarez & Navia, 1989; Khan, Hasan, Anjum, & Rafique, 2014).

 

  1. Obesidad, salud metabólica y salud oral

La relación entre la salud oral y la salud metabólica va mucho más allá del tan mentado consumo de azúcar. Incluso se podría pensar que existe una asociación entre la obesidad y la caries dental, dado que existe la tendencia a creer que solamente el azúcar causa obesidad. Primeramente, habrá que aclarar que la obesidad es una enfermedad muy compleja que resulta de una serie de interacciones biopsicosociales y que, al final, se manifiesta como el consumo excesivo de energía que lleva a la acumulación de reservas energéticas en forma de tejido adiposo.

Si bien el consumo excesivo de azúcares puede generar un aumento de peso, atribuir la obesidad al consumo de azúcares es negar que existe todo un contexto individual detrás de cada individuo obeso que no puede ser descrito por la estadística. Además, pareciera ser que no existe una asociación clara reportada entre la obesidad y la caries. Existen pocos estudios de buena calidad que muestran resultados opuestos (Kantovitz, Pascon, Rontani, & Gaviao, 2006).

Es interesante ver, sin embargo, que la higiene y cuidado oral son factores importantes para el control de enfermedades metabólicas asociadas a la resistencia a la insulina, como lo es la diabetes mellitus. Por ejemplo, debido a la mala cicatrización cuando el azúcar en la sangre está elevado, la enfermedad periodontal en personas con diabetes es especialmente severa. Inversamente, la enfermedad periodontal, los abscesos dentales y las infecciones tanto en la encía como en el tejido dentario, pueden aumentar la concentración de azúcar en la sangre.

Se estima que, con el simple hecho de resolver la enfermedad periodontal en personas con diabetes, puede bajar la hemoglobina glucosilada hasta un 0.4%. El  tratar los problemas dentales más agudos como un absceso, podría incluso traducirse sorprendentemente en cambios en las dosis de medicamentos (Wray, 2011). Es especialmente importante recalcar esto en México debido a la alta prevalencia de diabetes mellitus y enfermedades dentales. Tanto médicos como dentistas deben de explorar la presencia de diabetes y el estado dental en sus pacientes para poder ofrecer soluciones integrales.

 

  1. Integridad y funcionalidad oral y nutrición

Como se ha mencionado anteriormente, la correspondencia entre el estado de nutrición y la salud oral es bidireccional. Existen desordenes nutricionales que afectan la integridad y la funcionalidad de la cavidad oral. De igual manera, existen problemas como el edentulismo (pérdida de los dientes en la edad adulta) o la maloclusión (alineamiento inadecuado de los dientes) que pudieran estar asociados directa o indirectamente a la malnutrición.

Khan et al. (2014) muestra que existe una asociación entre el Índice de Masa Corporal (IMC) para la edad y la prevalencia de maloclusión en niños. Los niños con un IMC para la edad por debajo del percentil 90, tienen 34% menos probabilidades de tener problemas de maloclusión que aquellos cuyo IMC para la edad está por arriba de esta marca. Por otra parte, como ya se mencionó en al apartado 1, la desnutrición energético-proteica está asociada con malformaciones de los huesos que pueden llevar a problemas de oclusión dental y problemas masticatorios.

Es interesante resaltar que la eficiencia masticatoria tiene un impacto en el estado de nutrición, en la calidad de vida y en la deglución segura. Pacientes con maloclusión prolongada pueden desarrollar dolor o desordenes en la articulación temporomandibular de manera tardía e incluso lesionar la articulación misma agravando así el problema.  En los pacientes mayores con dificultad para deglutir, se ha visto que la neumonía por aspiración está muy asociada a la higiene dental y a la integridad de los dientes y de las encías (Ortega et al., 2014).

Por otra parte, también se sabe que la consistencia de la dieta y la introducción de patrones alimentarios propios de sociedades desarrolladas, ha aumentado la variabilidad en las mordidas, en los patrones de oclusión y en la prevalencia de maloclusión. En específico, se piensa que las dietas más suaves podrían estar asociadas con una disminución del espacio en las arcadas dentales (Blackwelder, 2013).

Aunque en general se sabe que la nutrición “empieza por la boca,” el entendimiento de en qué medida y hasta qué punto existe una asociación entre ambas, es poco. En muchas ocasiones la higiene dental y la ortodoncia se reducen erróneamente a un problema estético más que de salud; en especial por las instituciones de salud pública en su búsqueda de eficiencia en el uso de recursos. Parte de una evaluación ética del estado de nutrición deberá incluir un tamizaje dental y la referencia al odontólogo en los casos necesarios. En el caso de las personas que viven con diabetes en México, es de especial importancia la atención odontológica a la luz de la prevalencia de caries y gingivitis. Hablar de nutrición es hablar de una constelación de hábitos y problemas que no pueden ser reducidos a la calidad y a la cantidad de alimentos solamente.

 

 

Bibliografía:

Alvarez, J. O., & Navia, J. M. (1989). Nutritional status, tooth eruption, and dental caries: a review. Am J Clin Nutr, 49(3), 417-426. doi:10.1093/ajcn/49.3.417

Bae, J., Son, W. S., Kim, S. S., Park, S. B., & Kim, Y. I. (2017). Comparison of masticatory efficiency according to Angle’s classification of malocclusion. Korean J Orthod, 47(3), 151-157. doi:10.4041/kjod.2017.47.3.151

Blackwelder, A. C. (2013). Association between dietary factors and malocclusion. (Master of Science degree in Dental Public Health), University of Iowa, United STates of America.

Kantovitz, K. R., Pascon, F. M., Rontani, R. M., & Gaviao, M. B. (2006). Obesity and dental caries–A systematic review. Oral Health Prev Dent, 4(2), 137-144.

Khan, S. H., Hasan, N., Anjum, S., & Rafique, T. (2014). Is there any relationship between malocclusion and nutritional pattern of children. Updat Dent. Coll. j, 4(2), 9-13.

Ortega, O., Parra, C., Zarcero, S., Nart, J., Sakwinska, O., & Clave, P. (2014). Oral health in older patients with oropharyngeal dysphagia. Age Ageing, 43(1), 132-137. doi:10.1093/ageing/aft164

Secretaría de Salud. (2015). Resultados del Sistema de Vigilancia Epidemiológica de Patologías Bucales (SIVEPAB) 2015. Retrieved from

Wray, L. (2011). The diabetic patient and dental treatment: an update. British Dental Journal, 211(5), 209-215.

 

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