Hace unos años el escándalo de las vacas locas hizo que revisáramos la carne que comemos. Afortunadamente, la epidemia se controló. ¿Hay algo nuevo sobre las vacas locas?

La enfermedad de las vacas locas, como la conocimos todos, en realidad es un trastorno llamado encefalopatía espongiforme transmisible (EET), que afecta a bovinos, ovinos y caprinos.

Esta enfermedad afecta al cerebro y uno de sus síntomas es que los animales tiemblan, ya que daña al sistema nervioso. Hasta ahora, la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) declaró que este trastorno no se transmite de animales a humanos.

EET y EEB

Hay otro tipo de enfermedad que afecta al ganado, la encefalopatía espongiforme bovina que sí puede llegar a contagiarse a los seres humanos. Los controles de calidad en el proceso de la carne destinada a consumo, tienen los elementos necesarios para detener la carne de animales que podrían estar afectados por EEB, e impedir que lleguen al consumidor.

En el informe de la EFSA, de 2015, se señala que:

  • Se notificaron 5 casos de EEB en bovinos en la Unión Europea, de los aproximadamente 1.4 millones de animales analizados
  • Se reportaron 641 casos de tembladera en ovinos (de los 319,638 estudiados) y 1,052 en cabras (de los 135,857 analizados) en la Unión Europea

Los controles de seguridad que garantizan la inocuidad de la carne que llega a los consumidores tienen los procedimientos adecuados para mantener este tipo de riesgo fuera de nuestras casas.

Más controles, más seguridad

El primer punto de control es que si hay algún animal, mayor a los 48 meses de nacido, que presente temblorina, se le hacen estudios para analizar si tiene una enfermedad.

La detección temprana de EET o EEB en los animales permite tener un mejor control de calidad en la carne. Además, se detectó un patrón genético en los animales enfermos. Gracias a esto, se puede evitar criar animales con esas características de riesgo.

La tecnología que permite, por ejemplo, identificar las características que ponen en riesgo a ciertos animales, nos ayudan a proteger la comida que comemos, y también evitan que este tipo de animales padezcan enfermedades que los deterioran.

Una de las consecuencias del uso de estas tecnologías es que se reduce la cantidad de animales que se sacrifican en la producción de carne, haciendo este proceso más eficiente. Además, podemos tener confianza en que, si los procesos son mejores, la calidad, tanto de la comida, como de la vida de los animales, es mejor.

Fuentes:

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