L.en N. Liliana Ortega

Consultora

 

A través de este medio, hemos comentado en diferentes ocasiones que los hábitos de vida, incluidos los hábitos de salud, se forman básicamente en la infancia; en las acciones rutinarias que se siguen día a día y, sobre todo, con el ejemplo que los padres de familia o cuidadores enseñan a los niños.

Sin embargo, en ocasiones se presta poca atención al proceso de alimentación durante la infancia. Quizá porque hay muchos mitos que se generan alrededor, como los siguientes:

  • Es niño, puede comer lo que sea.
  • No importa que no coma, al rato le da hambre.
  • Si es gordito, va a crecer.
  • No desayuna porque no le da hambre.
  • Te comes todo lo que te sirvo.

Movidos por estos mitos, más el ambiente obesogénico tan a la mano en la sociedad, se fomentan hábitos de alimentación en el niño que no son favorables para su salud. Los niños están en pleno crecimiento y desarrollo, y requieren una alimentación que cubra todas sus demandas nutrimentales con una dieta de calidad.

Otro punto importante a destacar es que, la repetición de hábitos hace que el organismo se vaya adaptando de forma gradual a esas acciones que repetimos con mayor frecuencia. Así, niños y adultos comen todo lo del plato, aunque ya estén satisfechos, se van a la escuela sin desayunar, elijen cualquier tipo de alimento al comer fuera de casa, porque, aparentemente, no hay consecuencias, y se justifica que el niño tenga sobrepeso y obesidad, sin considerar los graves efectos que esto traerá.

Es muy importante recalcar que, la alimentación de los niños, es responsabilidad absoluta de los adultos que los cuidan. Los niños no diseñan los menús que comerán ese día, no abastecen los insumos para tener en casa, no organizan tiempos para la preparación de los alimentos, aunque generalmente, sí se les da libertad para elegir el menú que prefieran en un restaurante… sólo por curiosidad, revisen a conciencia, las opciones del menú infantil (pizzas, hamburguesas, banderillas, hot dog, milanesas, de guarnición papas fritas, refresco, y de postre, donas, pastel, helados).

Ahora revisen este menú y relacionen con las recomendaciones del Plato del Bien Comer. Esas opciones que se dan son alimentos muy densos en energía y el consumo de verduras o frutas, es mínimo o nulo. El niño va relacionando poco a poco que, comer fuera, representa comer sin medida y que, en ese momento, no importa la calidad.

Definitivamente, si los niños tienen carencias alimentarias, sobrepeso, obesidad y si lamentablemente comienzan a desarrollar alguna enfermedad crónico degenerativa, la responsabilidad es de los adultos.

En general, las porciones de comida que se ofrecen a los niños (y a cualquier persona sin importar su rango de edad), son mayores a las que realmente se requieren. Es un asunto incluso, bien visto.

Por ejemplo, se justifica pagar un costo alto por un platillo que presente una gran cantidad de carne, que desborde el plato, cuando posiblemente, esa ración bien se puede compartir.

Otro foco rojo a destacar, son las porciones de las promociones en restaurantes de comida rápida, en los lugares de entretenimiento o en cualquier restaurante: refill de bebida azucarada, por un costo mínimo extra se ofrece un vaso de refresco de mayor tamaño, lo mismo sucede con las porciones de papas fritas. Hamburguesa con doble queso, doble carne, pizzas con extra queso y por un poco más de dinero, deditos de queso, refresco de dos litros, alitas, postres de chocolate, papas en gajos, etc.

En cadenas de restaurantes, es cada vez más común que ofrezcan postres de gran tamaño, cargados de una gran cantidad de azúcar, grasas y sodio (brownie cubierto de chocolate, con helado de vainilla) que, los más concientes, comparten hasta con tres personas; pero que, puede ser que algún niño consuma el platillo completo él solo.

Pero no sólo en restaurantes y cadenas de comida rápida se sirven mega y extra porciones, también en el hogar.

Vayamos a la despensa y al refrigerador ¿Qué alimentos tenemos a la mano para que los niños  consuman? Paquetes individuales de galletas cubiertas de chocolate, panes rellenos de crema pastelera, refrescos, platillos principales ya preparados comprados en el supermercado, helados que se sirven con chantilly o chocolate derretido y, ¿por qué no?, acompañado de unas dulces galletas.

Es importante preguntarnos y observar: ¿Cómo se sirven las porciones a los más chicos de la casa? ¿A libre demanda, sin considerar un equilibrio entre verduras, frutas, productos de origen animal, cereales integrales? ¿Se fomenta el consumo de agua natural o de frutas con poca azúcar? ¿Cuál es el tamaño de los vasos en los que se sirve el agua de sabor?

¿Qué tan grande son las porciones para el desayuno, si es que desayunan antes de ir a la escuela? ¿El desayuno incluye siempre algo de verdura o fruta, alguna porción de proteína y un cereal? ¿O por comodidad ofrecemos cualquier alimento a la mano? ¿Qué tipo de lunch se les envía? ¿Donas, papas fritas, refresco y jugo de frutas?

Como adultos responsables debemos conocer los hábitos de vida, incluyendo los hábitos de alimentación que se deben fomentar para el crecimiento y desarrollo óptimo de los niños a nuestro cargo. La alimentación es un proceso en el que se requiere dedicar tiempo, trabajo, creatividad, organización. Así que consideremos estos puntos:

  • En las compras semanales incluyamos verduras, frutas variadas, cereales como tortilla de maíz, avena, papas, además de leguminosas, quesos, huevo o carne.
  • Sirvamos en platos medianos.
  • Diseñemos platillos atractivos que incluyan los tres grupos de alimentos para garantizar que la dieta de los niños sea rica de diversos nutrimentos.
  • A los más pequeños, ofrezca pequeñas porciones: unas cuantas uvas, pocos trozos de melón, medio sandwich, sólo una quesadilla, un trozo pequeño de carne, un jitomate de tamaño pequeño. Poco a poco su demanda aumentará conforme va creciendo y así se irá ajustando el tamaño de la porción. Recordemos siempre que las porciones son personales, dependen de la estatura, la actividad física, la edad, así que se deben vigilar para el cuidado del peso y la salud.
  • Es necesario llevar un control del peso y la estatura para ir ajustando las porciones. De manera preventiva, se puede pesar al niño cada dos meses, aproximadamente.
  • Ofrezcamos siempre verduras, las que le gusten y sigamos ofreciendo poco a poco otras verduras, en diferentes presentaciones (siempre atractivas), hasta que se incorporen a la dieta.
  • Recordemos que el estómago de un niño es más pequeño que el de un adulto, así que las porciones deben ser muy pequeñas y ajustarse según la edad.
  • Evitemos servir una gran porción de pasta de inicio, es muy probable que el niño sólo apetezca ese platillo y ya no pueda consumir más, y se pierda la oportunidad de nutrir su organismo con diversos nutrimentos.
  • Sirvamos un plato variado con porciones de diferentes allimentos: un poco de verdura, la elección de proteína y acompañemos con un cereal. Juguemos con los colores y las texturas. Según la edad lo permita, involucre al niño en la preparación de sus platillos de una forma divertida.
  • Es indispensable que el niño desayune, pues viene de pasar un período de ayuno prolongado de mínimo 8 horas y el cerebro requiere una buena alimentación para iniciar todas sus actividades, sirva porciones sencillas según la edad.
  • Si el niño dice no tener hambre, sólo ofrezca con unas cuantas cucharadas de alimento, nada más. Poco a poco pedirá más, hasta lograr sentarse y tomar un desayuno completo.
  • Ayuda mucho si se planea con tiempo el diseño de las comidas del día siguiente, así se contempla qué se prepara primero y se distribuyen los tiempos de preparación; es mucho más fácil si se tiene variedad de alimentos a la mano.
  • Procuremos que el tiempo para comer, sea exclusivo para eso, sin distractores como celulares, televisión, tabletas. De ser posible, comer junto a la familia en un ambiente cordial. Si el niño está concentrado en el consumo de alimentos, apreciará más fácilmente cuando esté satisfecho y aprenderá a no comer de más.
  • Si comen fuera de casa, pregunten primero el menú completo y por el tamaño de las raciones. Traten de elegir un menú variado que incluya los tres grupos de alimentos.
  • De preferencia retiren de la vista del niño el menú infantil. La carta es muy atractiva por su colorido, pero el menú que se ofrece a los niños, no es una buena elección. Revisen las entradas de la carta o bien pida sólo el guisado para el niño, que esté siempre acompañado por una guarnición de alguna verdura de su agrado y comparta o guarde para llevar, la porción que ya no coma.
  • Si por la tarde, el niño quiere comer palomitas o algunas galletas, sirvamos una porción en un plato, no deje el consumo a libre demanda, porque es muy probable que abuse del consumo. Y junto a ese pequeño gusto, ofrezca también, zanahorias o jícama en bastones con un poco de limón y sal o una fruta en gajos.

La suma del consumo de alimentos diariamente afecta nuestro peso corporal y también es el responsable de buena parte de la salud de nuestro organismo. Hagamos pequeños ajustes para elegir correctamente, particularmente en el caso de los más pequeños de la familia, que son nuestra responsabilidad.

 

Referencias:

https://www.profeco.gob.mx/revista/publicaciones/adelantos_08/56-63%20porciones%20okmm.pdf

https://www.anmm.org.mx/publicaciones/CAnivANM150/L29_ANM_Guias_alimentarias.pdf

http://www.imss.gob.mx/sites/all/statics/salud/infografias/infografia_porcionesyraciones3.jpg

https://www.sep.gob.mx/work/models/sep1/Resource/635/3/images/Manual_familia.pdf

 

 

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