Comer es una delicia y una maravilla. Buena parte de nuestra salud se la debemos a lo que comemos o, por lo menos, podemos relacionar nuestra calidad de salud con la dieta que llevamos. Cada cosa que comemos aporta algo a nuestro cuerpo.

Desde hace muchos años, sabemos que toda la información de nuestro cuerpo está almacenada en nuestros genes. Ahí están configuradas nuestras características físicas, como el color de los ojos o el tipo de cabello. Pero, además, los genes también contienen información sobre las enfermedades que podríamos llegar a tener.

Los genes se expresan

El hecho de que tengamos un gen que determina una característica específica, no significa que necesariamente tengamos ese rasgo. Es decir, que esa característica se presente depende de que el gen se exprese. Es como si los genes estuvieran inactivos hasta que una proteína se pega a ellos y los activa. Es así como una característica genética se manifiesta o no.

Aunque los genes determinan muchas cosas en nuestro organismo, hay factores que pueden ayudar a que un gen se exprese o no. En el caso de las enfermedades, esto es muy importante porque hay algunos elementos que podrían ayudar a reducir el riesgo de desarrollar un padecimiento.

Uno de esos elementos es la comida. Nuestra alimentación podría ayudar a nuestros genes. La ciencia que estudia la relación entre nuestra genética y la dieta, se llama “nutrigenómica”.

La nutrigenómica analiza cómo nuestro organismo procesa lo que comemos y cómo, esa comida, afecta nuestra salud, para bien o para mal. De las cosas más comunes que estudia esta ciencia es el riesgo de desarrollar obesidad o enfermedades cardiovasculares en relación con la dieta que llevamos.

Nuestras diferencias son nuestra salud

La nutrigenómica ha descubierto que existen factores genéticos que determinan qué tanto afectan ciertas enfermedades a las personas dependiendo de su información genética. Entre esos factores están el género y la etnia, entre otros. Así, se sabe que las poblaciones latinas son más susceptibles de padecer obesidad que las caucásicas, por poner un ejemplo.

La nutrigenómica utiliza la información de los genes, tanto de las personas como de los alimentos que comemos (sí, nuestra comida tiene genes), para saber qué nos conviene comer y qué no dependiendo de cómo somos.

En un futuro ideal, la nutrigenómica nos ayudaría a diseñar dietas súper personalizadas, basadas en el perfil genético de cada uno de nosotros y sabríamos con mucha exactitud cuáles son los mejores alimentos para cada uno. Uno de los objetivos de la nutrigenómica es contribuir a la prevención de enfermedades.

Por ello, es importante entender que lo que yo como y a mí me hace bien, no necesariamente le hace bien a otra persona. Por ejemplo, a alguien intolerante a la lactosa le hace daño tomar leche, pero a otra persona que necesita calcio le hace bien. Otro caso, a mí me puede traer beneficios comer espinacas porque tienen hierro y vitaminas, pero a una persona con hemofilia (con problemas en la coagulación de la sangre) muy probablemente no le convengan para nada.

Con esto vemos que no hay alimentos buenos ni malos, sino dietas correctas o incorrectas. Lo bueno o malo de una alimentación depende de cómo cada uno de los alimentos interactúa con el cuerpo. La nutrigenómica nos irá ofreciendo claves importantes para que, cada vez más, la comida sea nuestro mejor aliado.

 

Fuentes:

http://foodinsight.org/what-is-nutrigenomics-diet-health

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2137135/

 

 

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