Los últimos años han visto un frenesí de actividad científica para indagar los posibles vínculos entre la nutrición y los deterioros cognitivos en las personas mayores.

Si bien aún no existe una “píldora milagrosa” que pueda garantizar que no perderemos ‘un tornillo’, hay un creciente cuerpo de datos que apoyan los beneficios cognitivos de diversos nutrientes como los ácidos grasos omega-3, en especial el DHA, la dieta mediterránea, la fosfatidilserina (PS), la cafeína, la vitamina E y las vitaminas del grupo B.

DHA omega-3

El ácido docosahexaenoico (DHA) es un ácido graso omega-3, componente estructural primario del cerebro humano,  de la corteza cerebral, la piel y la retina. Ha habido un gran interés en si el aumento de la ingesta de los ácidos grasos pueden ayudar en el desarrollo del cerebro, y en si las ingestas más altas puedan ayudar a proteger contra la disminución cognitiva en la edad avanzada.

Varios estudios han sugerido que los ácidos grasos omega-3 son esenciales para el mantenimiento de las células nerviosas en el cerebro sano, mientras que otros han encontrado que las personas que consumen pescado regularmente, alimento rico en ácidos grasos omega-3, tienen un riesgo menor de desarrollar pérdida de la memoria o la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, han habido pocos ensayos clínicos de alta calidad para respaldar estas observaciones generales.

De hecho, la investigación reciente publicada en Nutrition Journal demostró que la suplementación diaria con aceite de pescado rico en DHA omega-3, mejoró significativamente la capacidad de la memoria de trabajo en personas sanas.

Dirigido por el profesor Inger Björck de la Universidad de Lund, Suecia, el equipo de investigación dio a los participantes sanos con edades entre 15 y 72 años, un suplemento diario de tres gramos de omega-3 de aceite de pescado PUFA o un placebo durante cinco semanas antes de la prueba de las funciones cognitivas y registró los marcadores de riesgo metabólico, incluyendo la presión arterial, los triglicéridos en suero y las medidas de glucosa en ayunas.

Además de encontrar un beneficio en la memoria operativa, el equipo identificó una relación inversa entre los factores de riesgo cardio-metabólico y el rendimiento cognitivo, “lo que indica un potencial de las estrategias de prevención de la dieta para retrasar la aparición de trastornos metabólicos y el deterioro cognitivo asociado”. Tal relación entre los resultados en las pruebas cognitivas y factores de riesgo metabólicos, pone en relieve la importancia de la prevención dietética temprana para evitar disminuciones cognitivas asociadas con trastornos metabólicos, dijo Björck.

Sin embargo, una reciente revisión Cochrane de la evidencia en esta área llegó a la conclusión de que es improbable que los suplementos de omega-3 eviten la disminución cognitiva y la demencia en los ancianos.

En Europa el DHA es el único nutriente que ha recibido la opinión positiva de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA por sus siglas en inglés) en relación con el desarrollo del cerebro y el mantenimiento de la función normal del cerebro.

Vitaminas y minerales

La suplementación con vitaminas específicas y minerales esenciales o con multivitaminas, también ha sido sugerida, desde hace tiempo, como benéfica respecto de nuestras funciones cognitivas. De la vitamina E a las vitaminas B, existe una vasta investigación que señala los beneficios de las vitaminas y minerales esenciales en las funciones cognitivas y la memoria.

La investigación ha mostrado, por ejemplo, que las personas con disminución de la función mental y con enfermedad de Alzheimer, son más propensas a tener bajos niveles de tocoferoles y tocotrienoles de vitamina E. El estudio analizó los datos de 168 pacientes con Alzheimer, de 166 personas con deterioro cognitivo leve y de 187 personas con función cognitiva normal, y se encontró que las personas con ambas formas de deterioro cognitivo eran 85% menos propensas a tener los niveles promedio más altos de los tocoferoles totales y el total de la vitamina E. Además, fueron 92% y 94%, respectivamente, menos propensos a tener los niveles promedio más altos de tocotrienoles totales. De hecho, los investigadores han sugerido que la detección de los niveles de vitamina E podría ser un biomarcador fiable para el riesgo de la enfermedad de Alzheimer.

Pero no todo gira en torno a la vitamina E. Los estudios también han sugerido que los niveles insuficientes de vitamina D pueden aumentar el riesgo de deterioro cognitivo, mientras que una gran cantidad de investigaciones han relacionado las vitaminas del grupo B con ralentizar la disminución de la función mental asociada con un deterioro cognitivo leve. De hecho, estudios recientes incluso han sugerido que una dosis alta de vitamina B podría detener la aparición del Alzheimer mediante la prevención del encogimiento del lóbulo temporal medial.

Mientras tanto, una investigación publicada el año pasado sugirió que el consumo regular de agua mineral rica en silicio podría ayudar a reducir los signos clínicos de la enfermedad de Alzheimer mediante la eliminación de los niveles excesivos de aluminio que están vinculados a la enfermedad.

Paralelo a esto, el equipo de investigación informó de algunos efectos “notables” de la reducción en los niveles de aluminio en la función cognitiva en los individuos con Alzheimer: 8 de cada 15 individuos no mostraron un deterioro de las capacidades cognitivas durante el período del estudio. Tres de estos ocho, mostraron mejorías clínicamente relevantes en las funciones cognitivas, dijo el equipo de investigación.

Polifenoles y la promesa de las bayas

Las primeras investigaciones también han sugerido que una dieta suplementada con bayas podría ayudar a proteger el funcionamiento del cerebro durante el envejecimiento, a partir de estudios en mujeres de edad avanzada que sugieren que el consumo elevado de bayas ricas en flavonoides pueden retrasar la pérdida de memoria y parecen retrasar el envejecimiento cognitivo hasta en 2.5 años, en comparación a las que consumieron cantidades más bajas.

El equipo de investigación utilizó datos del Estudio de Salud de las Enfermeras, que contiene datos de más de 120,000 mujeres. Se encontró que el aumento del consumo de arándanos y fresas se asoció con una menor tasa en el deterioro de la memoria en las mujeres mayores, debido a una mayor ingesta de antocianidinas y flavonoides totales también asociada a detener el deterioro de la memoria.

El resveratrol, otro antioxidante, presente en las uvas, también ha demostrado tener potencial en la lucha contra la disminución cognitiva. Con la investigación en animales, se ha podido sugerir que la suplementación de este polifenol en dosis alcanzables en la dieta, podría impulsar las funciones mentales. Sin embargo, el equipo detrás de los hallazgos dijo que los estudios deben ser repetidos en seres humanos antes de sacar conclusiones.

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