M en C Alonso Romo Romo

Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición

Salvador Zubirán

 

En el cuerpo humano existe una comunidad de microorganismos que, en su conjunto, se llama microbiota. Este conjunto incluye a bacterias, virus, protozoarios, hongos, etc.

Cada persona presenta una microbiota característica en el tracto gastrointestinal. Esta puede variar en otras zonas del cuerpo, como el aparato genitourinario, el tracto respiratorio y la piel.

La microbiota que tenemos en el organismo se va adquiriendo con rapidez después del nacimiento y se establece alrededor de los dos años. Hay diferentes factores que la determinan como la vía de nacimiento, la prematuridad, la lactancia materna, la dieta y tratamientos médicos u hospitalizaciones.

A pesar de que la microbiota intestinal de una persona se mantiene relativamente igual durante su vida, es difícil asegurar su estabilidad, ya que puede sufrir modificaciones importantes debido al uso de antibióticos, antiinflamatorios, antiácidos, laxantes y la aplicación de radio o quimioterapia. En menor grado, puede alterarse por factores cotidianos como la dieta, el estrés y el consumo de agua clorada.

La microbiota intestinal es indispensable para el correcto crecimiento corporal, el desarrollo del sistema inmune, interviene en el control de la inflamación sistémica y en la nutrición al contribuir con la absorción de nutrimentos, y en la síntesis de vitaminas como la K y algunas del complejo B.

Otra de sus funciones es que es mediadora del impacto de la dieta en el estado metabólico del huésped. Es decir, regula el metabolismo energético y lipídico a través de lo que comemos y de cómo se aprovechan los nutrimentos.

La alteración o desequilibrio de la microbiota intestinal se llama disbiosis y provoca la respuesta adversa en el cuerpo humano que hospeda a los microorganismos. Se han asociado diversas disbiosis a enfermedades como asma, enfermedades inflamatorias crónicas, obesidad, diabetes, síndrome metabólico, esteatohepatitis no alcohólica, enfermedad celiaca, algunos tipos de cáncer y alergias.

Por ejemplo, se conoce muy bien la disbiosis que se presenta en la obesidad, que consiste en un aumento significativo de los firmicutes y una disminución de los bacteroidetes. Es decir, un aumento de los microorganismos que serían considerados como patógenos con una disminución de los benéficos.

En ensayos clínicos se ha comprobado que esta disbiosis está asociada con dietas altas en energía, ya que se ha visto que las personas con obesidad suelen tener una microbiota intestinal más eficiente en la extracción de energía que la de los individuos con peso normal.

Una de las estrategias para fortalecer la microbiota intestinal es el consumo de probióticos. Los probióticos se definen como los microorganismos vivos que se administran al cuerpo humano y que confieren beneficios a la salud del huésped siempre y cuando se obtengan en las cantidades adecuadas.

El uso de probióticos es común en la vida diaria, ya que los podemos encontrar en diferentes productos alimenticios que hayan sido fermentados o también en forma farmacéutica. Los probióticos deben de cumplir con ciertas características para ejercer su función benéfica: ser capaces de sobrevivir y habitar el intestino delgado y grueso, no ser patógenos ni toxinogénicos, contener un gran número de microorganismos y permanecer viables durante su almacenamiento y uso.

A pesar de que los probióticos se utilizan desde hace mucho tiempo, el conocimiento acerca de sus efectos metabólicos en el organismo se ha ido descubriendo de forma más lenta y recientemente se ha relacionado la presencia de determinadas especies de bacterias con ciertas patologías. Por ejemplo, se ha observado en distintos estudios un efecto benéfico de Bifidobacterium longum sobre las personas con enfermedad renal crónica o también en el síndrome de intestino irritable.

Consumir habitualmente productos lácteos fermentados, como fuente de probióticos es bueno para la salud, sin embargo, hay que tomar en cuenta los cuidados de su almacenamiento manteniéndolos a una temperatura ideal de 4°C, ya que las bifidobacterias son sensibles a altas temperaturas y se perdería el aporte de los microorganismos vivos o por el contrario los lactobacilos son más resistentes y se multiplican al exponerse a una temperatura más alta a la de refrigeración, siendo nociva para el organismo la sobrepoblación bacteriana al causar distensión y malestar por la fermentación de los polisacáridos.

Otra cosa que se debe considerar es que exista una combinación de diferentes especies dentro del mismo probiótico, que aporten los microorganismos en una cantidad mínima de 1×107UFC (Unidades Formadoras de Colonias) y que el producto sea un simbiótico (la combinación de un probiótico con un prebiótico).

El prebiótico representa un componente no digerible de un alimento que al ingerirse promueve el crecimiento, el establecimiento y/o la actividad de los microorganismos que tienen efectos benéficos en la microbiota intestinal, es decir, son fibras o carbohidratos de los cuales se alimentan las bacterias de un probiótico y favorecen su reproducción y sobrevivencia.

La forma ideal de tomar las formas farmacéuticas de probióticos es en ayuno con un vaso de agua y esperar 30 minutos antes de desayunar, ya que para que las bacterias lleguen intactas al intestino, debe reducirse la presencia de ácido gástrico, enzimas y bilis.

Existe controversia en cuanto a la duración de los tratamientos con probióticos pero se recomienda que sea una dosis cada 24 horas durante una semana y repetir al mes. O bien, una dosis cada 24 horas durante un mes completo y descansar por un periodo más largo para evitar la aparición de una sobrepoblación bacteriana.

Cualquier persona puede utilizar los probióticos, pero se recomienda mucho más en casos de diarrea, uso de antibióticos, colitis, infecciones intestinales, intoxicaciones y quimioterapia; en cualquiera de estas circunstancias la dosis podría aumentarse de manera aguda cada 8 horas.

Es importante acudir con el profesional de la salud adecuado para obtener orientación acerca del probiótico ideal para cada persona, ya que aunque no se consideran como un medicamento, no deben utilizarse indiscriminadamente. Con el paso del tiempo y la tecnología que existe en la actualidad, se irá obteniendo más información que permita desarrollar probióticos específicos para cada una de las enfermedades que pueden tratarse con estos microorganismos.

 

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