Dra. Ruth Pedroza Islas

Ingeniería de Alimentos

Universidad Iberoamericana

 

Actualmente, para analizar lo que comemos se ha preferido enfocarse en los alimentos y no en la dieta, lo que quizá nos ha conducido a hablar de alimentos buenos o malos, en lugar de considerar que lo que comemos durante el día constituye nuestra dieta y que la forma en que combinamos los alimentos y sus porciones nos llevan a tener dietas correctas o no.

La desventaja de enfocarse en “alimentos buenos y malos”, es que se promueven concepciones equivocadas que confunden a la sociedad y conducen a paradigmas de consumo que poco han ayudado para la buena salud.

Tal es el caso de las grasas, aunque deberíamos decir lípidos, término que agrupa a las grasas (sólidas) y a los aceites (líquidos), aunque se usan como sinónimos. Si bien son nutrimentos que aportan 9 Calorías por gramo, también son nutrimentos que no deben faltar en la dieta ya que son una fuente de energía, son el vehículo de las vitaminas A, D, E y K y facilitan su absorción en el organismo, son precursoras de la vitamina D, intervienen en la formación de las membranas de cada célula de nuestro organismo y ayudan para la formación de los ácidos biliares, entre otras funciones (Badui, 2013).

Hay diferentes tipos de lípidos, por ejemplo, tenemos a los ácidos grasos linoleicos conjugados que pueden tener actividad anticancerígena y para evitar la deposición de grasas en las arterias (actividad antiaterogénica) y que podrían intervenir en la reducción de la grasa corporal. Su principal fuente de obtención es la leche y sus derivados y la carne de vaca (Sailas y Spener, 2009). Aunque la leche y la carne contienen grasas denominadas saturadas, de las que se recomienda reducir su consumo a menos de 20 g/día, nos lleva a pensar en las porciones para no excedernos y, por tanto, no aumentar el riesgo de enfermedad cardiovascular.

Los aceites, que forman parte de ese gran grupo denominado lípidos, son los más recomendados para ser incluidos en la dieta. Estos aceites, con ácidos grasos benéficos, provienen del maíz, soya, girasol, cártamo y oliva, y son los que se usan para la dieta y ayudan a reducir el consumo de grasas saturadas. El aguacate también es una buena fuente de ácidos grasos benéficos que protegen contra la aterosclerosis, a pesar de que también contiene grasas saturadas, aunque en baja cantidad. Al respecto del aumento del riesgo de padecer aterosclerosis, relacionado con el consumo de grasas, lamentablemente se ha puesto de moda el uso de aceite de coco que, entre las grasas vegetales, es la de mayor actividad aterogénica por lo que se recomienda disminuir, e incluso evitar, su consumo (Pérez-Rosales y colaboradores, 2005).

Otro tipo de lípidos de importancia para la salud, son los denominadas omega-3 a las que se les ha atribuido una actividad preventiva de la inflamación de bajo grado, la cual al hacerse crónica incrementa el riesgo de padecer cáncer y otras enfermedades como diabetes tipo 2. También tienen funciones neuronales y en el sistema de la vista. Estos ácidos grasos deben ser ingeridos a partir de la dieta ya que nuestro organismo no los puede sintetizar. La principal fuente de estos ácidos omega-3 son los pescados como la sardina, el salmón, la anchoveta, la trucha y el atún. Pero también hay fuentes vegetales como la semilla de linaza (Prasad, 2009) y la chía. De esta última, una cucharadita diaria cubre el requerimiento de ácidos grasos omega-3 que tiene nuestro organismo.

Otro beneficio de los ácidos grasos omega-3, es que pueden tener un efecto positivo en la microbiota intestinal, ayudando a mantener el equilibrio entre los muchos tipos de grupos bacterianos presentes (Constantini y colaboradores, 2017), favoreciendo con ello la función benéfica, en especial de los microorganismos probióticos (a favor de la vida), que tienen para nuestro organismo, como mantener la salud del sistema inmune, producir sustancias que reducen la inflamación, conservar la salud del intestino, etc.

Los ácidos omega-3 también son útiles para aliviar otro tipo de padecimientos como los síntomas del ojo seco en especial en personas que padecen psoriasis (Bhargava y colaboradores, 2017).

Recientemente se ha reportado que los omega-3, al ser precursores para la formación de otros ácidos grasos de cadena larga, como los denominados EPA y DHA, tienen actividad como antidepresivos (Su y colaboradores, 2017). Tanto el EPA como el DHA, se recomiendan como suplemento a las mujeres embarazadas por su actividad en favor del desarrollo cerebral y del sistema nervioso. En específico, el DHA ha sido estudiado recientemente para prevenir enfermedades del hígado como la esteatosis no alcohólica (hígado graso) (Nakamoto y colaboradores, 2018).

Así que podemos incluir una variedad de fuentes de grasas en nuestra alimentación, cuidando siempre las porciones y la disminución de grasas que aumenten el riesgo de enfermedades cardiovasculares por su aterogenicidad. Una grasa benéfica, si se consume en exceso también puede implicar un riesgo para la salud. No hay que olvidar que el mejor enfoque, al momento de elegir qué comer, debe ser la dieta completa, ya que no hay alimentos buenos o malos sino dietas correctas o incorrectas.

 

Referencias

Badui DS. 2013. Lípidos. En: Química de los Alimentos.Pearson, México. Pp: 223-272.

Bhargava R, Rajpoot M, Arora Y, Sharma S, Sharma S. 2017. Dietary omega-3 fatty acids supplements for dry eye in psoriasis: Are they effective? Jorunal of Clinical and Diagnostic Research 11(11): NC01-NC05.

Constantini L, Molinaru R, Farinon B, Merendino N. 2017. Impact of omega-3 fatty acids onn gut microbiota. International Journal of Molecular Sciences 18: 2645.

Nakamoto K, Shimada K, Harad S, Morimoto Y, Hirasawa A, Tokuyama S. 2018. DHA supplementation prevent the progression of NASH via GPR120 signaling. European Journal of Pharmacology 820: 31-38.

Pérez-Rosales R, Villanueva-Rodríguez S, Cosío-Ramírez R.   2005. El aceite de aguacate y sius propiedades nutricionales. Gnosis [on line] vol 3, art 10. [Consultado en Febrero 11 de 2018].

Dejar un comentario