La insulina es la encargada de llevar la glucosa a la sangre. Cuando hay un exceso de grasas en la sangre, la insulina no funciona bien y puede casuar problemas a la salud.

Cuando comemos alimentos que contienen azúcares, el páncreas secreta insulina. El trabajo de esta hormona es llevar la glucosa (un tipo de azúcar) a la sangre.

Mediante el torrente sanguíneo, la glucosa llega al hígado, músculos y tejidos, en donde se almacena como energía que permite que el cuerpo funcione.

Los lípidos afectan la insulina

Cuando hay un exceso de grasas en sangre, la insulina no funciona como debería. Este es el caso de personas que tienen obesidad. El riesgo asociado es que esta condición puede derivar en diabetes.

El exceso de lípidos en sangre ocasiona que haya un aumento en el estrés oxidativo y que se liberen más radicales libres. Esto provoca la oxidación de la insulina que desemboca en una resitencia a la misma, una de las características más importantes de la diabetes.

La Dra. Ivonne María Olivares Corichi, investigadora de la Escuela Superior de Medicina del Instituto Politécnico Nacional (IPN), señaló que la literatura científica reporta la presencia de estrés oxidativo en pacientes con obesidad y diabetes, pero no se había evidenciado la participación de la insulina modificada.

Detectar la insulina oxidada

La necesidad de diseñar un método cuantitativo para detectar esta modificación en la insulina, fue el objetivo de una investigación del IPN, a cargo de Olivares.
Olivares explicó que cuando la insulina se oxida, cambia su estructura química y se transforma en polímeros. El receptor encargado de detectar la hormona no reconoce a la insulina modificada, por lo que esta no puede cumplir con la función de dar la señal para que la glucosa sea utilizada por las células que la necesitan (adipocitos, hepatocitos y musculares, principalmente).

Como parte de la investigación se realizó un estudio clínico con la participación de 100 personas sanas como grupo control, 60 diabéticos y 70 con obesidad, provenientes del Centro Médico Nacional “La Raza”, del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), del Hospital General de México “Dr. Eduardo Liceaga” y de la Clínica de Obesidad de la ESM.

Los resultados determinaron que la oxidación de la hormona no ocurre en personas sanas, mientras que en los diabéticos y obesos se presenta como consecuencia del estrés oxidativo. Al entrar en contacto con los radicales libres y las especies reactivas de oxígeno, la insulina se transforma en una estructura química más compleja, por lo que pierde su función.

El siguiente paso para el equipo del IPN será desarrollar un método cuantitativo para detectar insulina oxidada, a partir de la presencia de anticuerpos (linfocitos e inmunoglobulina). Este método también permitirá monitorear de cerca a los pacientes con obesidad y aplicar estrategias preventivas para evitar la resistencia a insulina y la diabetes. Además, podría usarse para monitorear a quienes ya sufren este padecimiento.

“Con dicha herramienta podremos determinar la concentración real de insulina polimerizada que circula en los pacientes; sin embargo, este es el inicio para proponer a la insulina oxidada como un biomarcador de resistencia a la misma hormona”, dijo la doctora Olivares Corichi.

Por ahora, los investigadores solo han realizado pruebas en ratones, que consisten en inyectarles insulina oxidada para ver la reacción hipoglucemiante. La evidencia que aportan las pruebas en animales, tienen una calidad baja y es necesario hacer más investigaciones que confirmen (o rechacen) lo encontrado en ese tipo de estudios.

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