Dr. Armando Tovar

Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición

“Salvador Zubirán”

 

La semilla de chía se obtiene de la planta herbácea chía (Salvia hispánica L), la cual ha sido cultivada históricamente en Mesoamérica. Se ha indicado que la semilla de chía era consumida por los aztecas en su dieta y se ha mencionado que era utilizada como una fuente de energía para realizar largas travesías.

Se ha establecido que la chía en el México prehispánico era uno de los principales alimentos de la dieta, junto con el maíz y el frijol. Existen dos variedades de semilla de chía, la negra y la blanca; ambas tienen una composición similar de ácidos grasos omega 3. La composición nutrimental de la semilla de chía se muestra en la siguiente tabla:

TABLA 1. Composición nutrimental de la semilla de chía

Nutrimento Unidad Valor por 100 g
Agua G 5.80
Energía Kcal 486
Proteína G 20.34
Lípidos totales G 16.54
Cenizas G 4.80
Hidratos de carbono G 42.12
Fibra total dietaria G 34.4

Adicionalmente, la semilla de chía contiene varios minerales incluyendo calcio, hierro, magnesio, fósforo, potasio, sodio, cinc, cobre, manganeso y selenio, sin embargo, no existen estudios acerca de la biodisponibilidad de estos minerales (es decir, de qué tan bien podemos aprovecharlos al comer chía).

También se ha demostrado que contiene pequeñas cantidades de algunas vitaminas como ácido ascórbico, tiamina, riboflavina, niacina, folato, así como vitamina A y E.

Una de las características que ha tenido gran impacto en la nutrición y que ha explicado, en parte, algunas de sus propiedades, es su alto contenido de ácidos grasos, particularmente de los denominados omega 3. En nuestro grupo se ha cuantificado la concentración de ácidos grasos en el aceite de chía, que se muestra en la siguiente tabla:

TABLA 2. Composición de ácidos grasos del aceite de chía

  % de la cantidad total
ACIDOS GRASOS SATURADOS
Ácido butírico, C4:0 0.13
Ácido laúrico, C12:0 0.08
Ácido mirístico, C14:0 0.13
Ácido palmítico, C16:0 11.45
Ácido estéarico, C18:0 3.85
Ácido araquidónico, C20:0 0.67
 
ACIDOS GRASOS MONOINSATURADOS
Ácido palmitoleico, C16:1 0.22
Ácido oleico, C18:1 5.53
 
ACIDOS GRASOS POLIINSATURADOS
Ácido linoleico, C18:2 (-6) 17.88
Ácido alfa linolénico, C18:3 ( -3) 64.50
Relación   -3/ -6 3.6

De esta tabla llama la atención el alto contenido de ácidos grasos poliinsaturados, particularmente de ácido alfa linolénico, cuyo contenido es de alrededor del 65% de todo el aceite que contiene. Esto lo hace especial, ya que el ácido alfa linolénico es el precursor de los ácidos omega 3 de cadena larga, como son el ácido docosahexanoico (DHA) y el eicosapentanoico (EPA).

A partir de estos ácidos grasos se genera un grupo de mediadores antiinflamatorios conocidos como resolvinas que, como su nombre lo indica, resuelven la inflamación limitando el posible daño que pudiera ocurrir sobre los tejidos. Además, se ha establecido que el DHA es importante para la función del cerebro.

Estudios experimentales han mostrado que los ácidos grasos pueden estimular la actividad de un factor de transcripción en las células, el cual es un receptor nuclear, conocido como receptor activado por proliferadores de peroxisomas-alfa (PPAR-alfa), cuya función es la de estimular la expresión de genes involucrados en la oxidación de los ácidos grasos en el organismo. Esto permite la obtención de energía para el organismo en forma de adenosín monofosfato, molécula conocida como ATP, que hace que podamos llevar todas las actividades internas del organismo, así como también la actividad física diaria.

Es interesante que el PPAR-alfa es estimulado con mayor eficiencia por el consumo de ácidos grasos poliinsaturados, como el ácido linoleico y alfa linolénico, proporcionados por la semilla de chía. Estos avances tecnológicos permiten ahora explicar por qué los aztecas consumían la chía para sus largas travesías, pues esta estimula la producción de energía para tener una mayor resistencia física. Es importante el recordar que, aunque los ácidos grasos omega 3 pueden tener efectos benéficos para la salud, el consumo excesivo de estos puede bloquear sus beneficios. Un exceso de cualquier tipo de aceite en la dieta, con cualquier composición de ácidos grasos, afecta el funcionamiento del tejido adiposo, lo que tiene efectos perjudiciales para el organismo.

Se ha demostrado que el consumo de semilla de chía tiene efectos benéficos en disminuir la concentración de triglicéridos y la resistencia a la insulina. La explicación principal de los beneficios observados se asocia con su contenido de ácidos grasos poliinsaturados, más que a su contenido de fibra dietaria; aunque esta puede ejercer algunos efectos importantes a nivel del tubo digestivo. Además, se ha demostrado que la semilla de chía tiene varias moléculas conocidas como polifenoles que pueden también ejercer efectos benéficos. Se recomienda el consumo de una cucharada de semilla de chía al día.

 

Referencias:

1) Armando R. Tovar, Andrea Díaz-Villaseñor, Natally Cruz-Salazar, Guillermo Ordáz, Omar Granados, Berenice Palacios-González, Claudia Tovar-Palacio, Patricia López, Nimbe Torres. The dietary type and amount of fat modulate lipid metabolism gene expression in liver and in adipose tissue in high-fat diet-fed rats. Arch. Med. Res.  42: 540-553, 2011.

2) Adriana G. Chicco, Maria E. D’Alessandro, Gustavo J. Hein, Maria E. Oliva and Yolanda B. Lombardo. Dietary chia seed (Salvia hispanica L.) rich in a-linolenic acid improves adiposity and normalises hypertriacylglycerolaemia and insulin resistance in dyslipaemic rats. Brit. J. Nutr. 101: 41-50, 2009.

3) Ma. Ángeles Valdivia-López, Alberto Tecante. Chia (Salvia hispanica): A Review of Native Mexican Seed and its Nutritional and Functional Properties. Adv. Food & Nutr. Res. 75: 53-75, 2015.

 

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