Dr. Pedro Martín Mondragón Cortez

CIATEJ

 

La miel de abeja es una sustancia dulce producida por la abeja Apis mellifera, a partir del néctar de las flores, principalmente. La miel constituye uno de los alimentos más primitivos que el ser humano aprovechó para nutrir­se. Su composición es diversa y, mayoritariamente, contiene agua y carbohi­dratos, destacando entre ellos la fructosa y glucosa. Sin embargo, está compuesta por una gran variedad de sustancias me­nores, tales como enzimas, aminoácidos, proteínas, ácidos orgánicos, antioxidantes (poli-fenoles, etc.), vitaminas y minerales [1].

La miel de abeja no tiene una composición fisicoquímica variable, ya que depende de la fuente del néctar, las prácticas de apicultura, el clima y las condiciones ambientales. Por lo tanto, existe una gran variedad de mieles con diferentes aromas, colores y sabores, depen­diendo de su origen botánico.

Los azúcares son los principales componentes del sabor. Generalmente, la miel con un alto contenido de fructosa es más dulce que una miel con una alta concentración de glucosa. El aroma de la miel depende en gran medida de la cantidad de ácidos y aminoácidos. El color varía desde extra-clara, pasando por tonos ámbar y llegando a ser casi negra; algunas ve­ces con luminosidad amarilla, verdosa o de tono rojizo. El color de una miel de abeja está relacionado con el contenido de minerales (potasio, calcio y fósforo, principalmente), polen y de los compuestos llamados fenólicos.

Los parámetros más importantes para evaluar la calidad de la miel son la ausencia de contaminantes (antibióticos, pesticidas y metales pesados) y la frescura de la miel. Los índices más utilizados para medir la frescura de dicho alimento son el 5-hidroximetil furfural (HMF) y la actividad diastásica [2].

A través de la historia, a la miel de abeja se le han asociado otras funciones además de la alimen­ticia, sobre todo algunas relacionadas para el tratamiento de afecciones de la salud. Por ejemplo, los antiguos egipcios, asirios, chinos y romanos usaron la miel en combinación con otras hierbas para tratar heridas y enfermeda­des del intestino. En la Grecia antigua, Aris­tóteles (384-322 a.C.) afirmaba que la miel podría aplicarse como un ungüento para las heridas y el dolor de ojos. Dioscórides, alrededor del año 50 d.C., recomendaba a la miel para el tratamiento de quemaduras del sol, manchas en la cara y algunos tipos de úlceras [1].

Hoy en día, el uso de la miel como un agente tera­péutico ha continuado dentro de la medicina tradicional. En recientes estudios científicos ha sido demostrado que la miel de abeja tiene la capacidad para sanar heridas y reducir inflamaciones sin ningún tipo de reacción alérgica [3]. Muchas de las sustancias menores en la miel de abeja son las responsables de sus propiedades curativas, por ejemplo: su actividad antimicrobiana, anticancerígena o inmunosupresora [2].

Por otro lado, la miel de abeja contiene compuestos con actividad antioxidante, los cuales ayudan a retardar o a prevenir la oxidación de moléculas. El metabolismo celular produce de manera natural especies reactivas del oxígeno, los conocidos “radicales libres”. Cuando el mecanismo antioxidante no es capaz de eliminar un exceso de estas especies, el resultado es el estrés oxidativo. Los compuestos antioxidantes son generados de manera natural por el cuerpo humano, pero también, pueden ser consumidos durante la ingesta de alimentos ricos en ellos, por ejemplo la miel de abeja. Por lo tanto, incrementar la ingesta de compuestos antioxidantes ayuda a proteger al organismo de los radicales libres y puede retrasar el progreso de muchas enfermedades crónicas.

En una miel de abeja los compuestos asociados con la capacidad antioxidante son: los polifenoles, flavonoides, terpenos, carotenoides y productos provenientes de reacciones de Maillard (entre proteínas y azúcares), entre otros.

 

Referencias

[1] Aazza S., Lyoussi B., Antunes D., Miguel M. G. (2014). Physicochemical characterization and antioxidant activity of 17 commercial Moroccan honeys. Int. J. Food Sci. Nutr. 65, 449-457.

[2] Ulloa J. A., Mondragón-Cortez P. M., Rodríguez R., Reséndiz Vázquez J. A., Rosas Ulloa P. (2010). La miel de abeja y su importancia. Revista Fuente (UAN), 4, 11-18.

[3] Frankel S., Robinson G. E., Berenbaum M. R. (1998). Antioxidant capacity and correlated characteristics of 14 unifloral honeys. Journal of Apicultural Research, 37, 27-31.

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