Dra. Arely Vergara Castañeda

Grupo de Investigación en Ciencias Básicas y Clínicas de la Salud

Facultad de Ciencias Químicas, Universidad La Salle México

 

El consumo de aguas frescas o de sabor resulta muy común en México; las encontramos tanto en comidas familiares, establecimientos fijos o puestos callejeros. Para la mayoría, resulta una alternativa para saciar la sed en esos días de calor, para acompañar alimentos o para cubrir un antojo. Es tan versátil la gama de sabores a encontrar, que van desde aquellas preparadas a base de fruta o verdura (limón, naranja, melón, guayaba, fresa, tuna, pepino, espinacas, alfalfa), y las elaboradas a partir de semillas o flores, donde encontramos las tradicionales aguas frescas de horchata, tamarindo y jamaica.

En el caso del agua de jamaica, esta destaca por su color rojizo brillante y su sabor refrescante y ligeramente amargo. Se prepara con la flor de jamaica, también conocida como rosa de Abisina o rosella (Hibiscus sabdariffa), planta originaria de África, pero cultivada en México, en los Estados de Colima, Guerrero, Jalisco, Michoacán, Nayarit y Veracruz, principalmente.

Se ha adoptado como parte de la comida tradicional mexicana y es preparada como una infusión de las flores de jamaica secas y es ligeramente endulzada con azúcar, miel o edulcorantes sin calorías, de manera tal que puede ser consumida en cualquier época del año y a cualquier hora del día, ya sea como bebida fría o caliente. A pesar de que habitualmente se consume como bebida, recientemente la flor de jamaica también se emplea para preparar platillos como relleno de enchiladas, tacos o quesadillas, para preparar ensaladas, salsas o aderezos caseros.

Asimismo, la flor de jamaica, es comercialmente importante por su uso en la industria de alimentos para la producción de bebidas, jugos, mermeladas, jaleas, helados, chocolate y jarabes, como agente saborizante o colorante natural. Nutricionalmente no aporta energía en cantidades considerables (<50 kcal/100g), y si bien las flores contienen cantidades mínimas de hierro, vitamina A, beta-carotenos y calcio, sí puede ser considerada una buena fuente de vitamina C y de compuestos fenólicos, ambos considerados nutrimentos con efectos antioxidantes.

Por otro lado, la flor de jamaica también tiene un papel en la medicina tradicional. En este sentido, se ha sugerido que los extractos y componentes del cáliz o la flor, tienen propiedades nutracéuticas por su contenido de ácidos orgánicos, antocianinas, polisacáridos y flavonoides, compuestos químicos de origen natural que podrían beneficiar la salud; además, tiene un efecto diurético, antioxidante, antibacterial, como laxante ligero o antiparasitario.

Por otro lado, algunos estudios han sugerido que los extractos de la flor de jamaica pueden tener un efecto sobre el control de la presión arterial, así como para la disminución de los lípidos séricos (colesterol y triglicéridos en sangre), control de la glucosa y, por ende, tener una acción cardioprotectora y de disminución de las alteraciones relacionadas a la obesidad.

Además, otros estudios han sugerido que tiene efectos sobre procesos inflamatorios, cancerígenos y para el cuidado del hígado. La información disponible relacionada a las características y efectos sobre la salud de la flor de jamaica (Hibiscus sabdariffa) y sus compuestos sugieren su posible potencial como parte de la cocina y medicina tradicional mexicana.

Es importante resaltar que, como tal, se considera una fuente de productos terapéuticamente útiles y su uso supondrá una alternativa adicional a cualquier tratamiento médico y modificaciones del estilo de vida. Estos cambios deberán estar bajo supervisión de un profesional de la salud para obtener orientación respecto a la inclusión de la flor de jamaica en la dieta, ya sea como la bebida tradicional que conocemos o como parte de los platillos que día a día vamos innovando.

 

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