L. en N. Griselda López Córdova

Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición

Salvador Zubrián

 

En la alimentación humana, los nutrimentos inorgánicos desempeñan un rol muy importante. A pesar de lo bajo que es su requerimiento, son parte de una gran cantidad de actividades bioquímicas y metabólicas, que, en conjunto, colaboran en el buen funcionamiento del organismo.

Dentro de estos elementos, existen algunos que tienen mayor presencia en el organismo, como lo es el sodio.

Si bien es principalmente ingerido como cloruro de sodio, a través de la sal que se adiciona a los alimentos (sal de mesa), puede ser encontrado de forma natural (sodio) en diversos alimentos, en una buena cantidad.

Pero, ¿por qué es tan importante consumir sodio? La importancia de este elemento radica en que es indispensable en la dieta del ser humano, debido a las diversas funciones en las que participa, dentro de las cuales, se encuentra:

  • Facilitar la digestión al participar en la producción de ácido clorhídrico, lo que regula la cantidad de microorganismos presentes en el aparato digestivo.
  • Regular el equilibrio de líquidos en el cuerpo, dentro y fuera de las células.
  • Interviene en la contracción muscular, evitando calambres.
  • Regula el volumen de sangre en el organismo.
  • Interviene en la transmisión y generación de impulsos nerviosos.

¿Cómo podemos saber cuándo estamos comiendo suficiente sodio? Las guías mexicanas informan que la ingesta diaria recomendada de sodio al día varía en función de la etapa de vida en la que se encuentra cada individuo, siendo descrito de la forma siguiente:

Etapa de vida Ingesta diaria recomendada de sodio
0-3 meses (IDS) 210mg/d
4-6 meses (IDS) 280md/d
7-9 meses 320mg/d
10-12 meses 350mg/d
1-3 años 500mg/d
4-6 años 700mg/d
7-10 años 1,200mg/d
>11 años 1,60 mg/d
Embarazo y lactancia No se incrementa
*IDS: ingesta diaria sugerida

 

Sin embargo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, se recomienda que un adulto sano consuma en promedio 2,400mg de sodio al día, lo que equivale a 6 gramos de sal por día.

El sodio se encuentra en casi todos los alimentos, y para facilitar el saber cuánto sodio es adecuado para cada individuo, es posible pedir orientación a un profesional de la nutrición, quien podrá determinar cuánto sodio debemos consumir, además de que, para el conteo diario, se puede utilizar como guía las tablas de información nutrimental.

Ni de más…

El consumo en exceso de sodio podría tener consecuencias en el organismo, principalmente:

  • Retención de líquidos: lo que favorece el aumento de peso, haciendo que los órganos trabajen con mayor esfuerzo, para poder normalizar el balance hídrico.
  • A largo plazo, y en individuos susceptibles, puede ser factor causante y/o agravante de la hipertensión arterial, eventos cerebrovasculares, enfermedades hepáticas y renales.

Ni de menos…

Si bien la deficiencia de sodio no es frecuente, una pérdida excesiva y/o crónica puede conducir a:

  • Deshidratación.
  • Hipotensión postural: presión baja acompañada de mareo, visión borrosa, entre otros síntomas que se manifiestan en los minutos posteriores de haber asumido una postura recta a partir de estar acostado o sentado.

¿Y su restricción?

Si bien el sodio por sí mismo no es el causante de eventos cardiovasculares o cerebrovasculares, cuando se ha tenido un evento de este tipo, los profesionales de la salud requerimos adecuar restricciones de sodio en la alimentación de las personas. Sin embargo, es importante señalar que estas adecuaciones deben ser hechas por un profesional de la salud, y deben seguirse siempre que el profesional lo indique.

Si requiere disminuir el consumo de sal, y por ende, de sodio, en su alimentación, a continuación se describen algunas formas de conseguirlo:

  • Limitar el consumo de productos alimentarios salados.
  • Preferir condimentos como hierbas finas, especias, jugo de limón, ajo en polvo, cebolla, entre otros, que no contengan sal añadida.
  • Preparar los alimentos con una menor cantidad de sal, así como retirar el salero de la mesa.
  • Drenar el líquido de los alimentos enlatados, y/o enjuagarlos con agua potable.
  • Reducir el consumo de carnes saladas o ahumadas.
  • Preferir alimentos frescos, pues el sabor es más intenso y no se requiere consumir tanta sal.

 

Referencias:

  1. Cuadernos de nutrición. (2018). Glosario de términos. México: Fomento de Nutrición y Salud, A. C.
  2. Fundación Eroski. (2006). Chequea tu consumo de sodio. España
  3. García, A. (2010). La sal y su consumo. Fundación Eroski. España.
  4. Vega Franco, L. e Iñarritu Pérez, M. del C. (2010). Fundamentos de nutrición y dietética. 1era edición. México: Pearson.
  5. Zudaire, M. (2017). 7 consejos para reducir el consumo de sal. Fundación Eroski. España.

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