La microbiota, lo que antes se conocía como “flora intestinal”, es un conjunto de microorganismos que habitan en nuestro cuerpo. Son más abundantes en el intestino y establecen una relación con nuestra salud.

Es decir, muchos de esos microorganismos traen beneficios para nosotros. Por ejemplo, mejoran nuestro sistema inmune, nos ayudan a defendernos de algunos patógenos que nos causan enfermedades, mejoran nuestro estado de ánimo, etc.

La fibra y nuestro intestino

Para que estos microorganismos puedan darnos esos beneficios, necesitan ser muchos y ser bien alimentados. Su alimento principal es lo que se conoce como “prebióticos” y la fibra forma parte de estos.

La fibra es una cosa muy interesante: necesitamos comerla, pero no podemos digerirla. ¿Para qué sirve, entonces? La fibra ayuda a la digestión porque ocupa espacio en el intestino, eso hace que se mueva y pueda sacar las heces. Pero, lo más importante de la fibra es que sirve de alimento para los microorganismos que viven en el colon.

Si tenemos una dieta baja en fibra o no comemos la suficiente, la diversidad de nuestros microorganismos intestinales será menor. Esto repercute en nuestra salud y puede ser que no tengamos procesos digestivos adecuados.

En nuestro intestino hay microorganismos benéficos y otros que causan enfermedades, y debe haber más de los primeros para que nuestra salud sea óptima. Desequilibrios muy graves entre los dos tipos de microorganismos están relacionados con obesidad y diabetes tipo 2.

¿Cómo tener una ingesta correcta de fibra?

La fibra se encuentra en alimentos como cereales integrales, frutas y verduras. Comer las cantidades y la variedad adecuadas es la clave. Por ejemplo: cambiar el pan blanco por el integral. O comer una manzana cada día. Las leguminosas, como los frijoles, son una buena opción para agregar fibra a la dieta; la fibra que contienen los frijoles ayuda a mantener controlado el colesterol.

Si nuestra microbiota está bien alimentada, puede, incluso, ayudarnos a controlar el peso corporal a largo plazo. Por lo general, las dietas hacen que bajemos de peso y estemos en ese peso ideal –que tanto esfuerzo cuesta lograr- un par de meses. Después, a muchos nos llega el rebote y subimos lo que bajamos y más.

Por eso, encontrar formas que nos ayuden a mantener el peso que queremos por más tiempo, es fundamental. Tener una dieta alta en fibra ayuda a lograrlo porque da sensación de saciedad y, además, alimenta a la microbiota.

Se ha encontrado que algunos de los microorganismos de la microbiota influyen sobre la acumulación de grasa en el cuerpo, reduciéndola. O sea, entre más diversidad de microorganismos tengamos en el colon, mejores resultados en el control de peso habrá.

La fibra es un componente importante para nuestra salud e incluirla en la dieta no tiene que ser difícil; basta con aumentar la cantidad de frutas y verduras que comemos o cambiar a versiones integrales de cereales.

 

Fuentes:

http://foodinsight.org/microbiome-fiber-gut-health

https://www.nature.com/articles/ijo201766

 

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