Una teoría nueva respecto de la obesidad, parece estar ganando impulso: la adicción a la comida. Aparentemente las cinturas en expansión alrededor del mundo, son el resultado de que muchos de nosotros seamos adictos a la comida.

A la gente la gusta la comida, necesitan alimentos, pero, ¿son adictos a ella en un sentido clínico? Eso sería una afirmación muy fuerte. Peor aún, algunas historias que han comenzado a aparecer en algunos de los medios de comunicación populares, están declarando que los alimentos se han diseñado específicamente para hacernos babear, evitando que podamos controlar las ganas de seguir comiendo y comiendo y comiendo.

Si bien es bastante fácil descartar este tipo de afirmaciones absurdas debido al lugar donde se están reportando, es un hecho que algunos círculos académicos están promoviendo la idea de que la obesidad es el resultado de la adicción a la comida, en lugar del desequilibrio energético. Esto es lamentable.

El Consejo de Alimentación y Comestibles de Nueva Zelanda recientemente asistió a un simposio sobre este mismo tema, organizado por la Universidad de Otago. Teníamos la esperanza de obtener un mejor entendimiento del consenso científico (si lo hubiera) en este campo.

Pero, con decepción, se encontró que, a pesar de las pocas pruebas a favor, parecía haber un deseo desesperado por cimentar la terminología oficial que rodea a la “adicción a la comida” en la discusión académica, a pesar de que hasta el momento hay una escasez de evidencia, en su mayoría derivada de los limitados estudios en ratas.

Este es un punto importante que a menudo se pierde en las discusiones. Lo que los académicos que promueven la teoría de la adicción a la grasa pocas veces dejan claro, es que las pruebas que citan se basan principalmente en estudios en ratas que, aunque son interesantes, están limitados debido a que los seres humanos y las ratas (señalando lo obvio) difieren en más de un sentido.

Los estudios en animales se citan con frecuencia como una razón para señalar ciertos alimentos o ingredientes adictivos, y pueden ser muy engañosos. Son estos estudios ambiguos los que han servido como base para otros que pretenden establecer que el azúcar es, aparentemente, tan adictiva como la heroína -una declaración que no hace reparo alguno al intentar comparar a una persona que come demasiadas golosinas con un adicto de drogas intravenosas.

Sí, el azúcar que consumen hace que los cerebros de las ratas liberen opioides como un signo de placer. Pero la glucosa es el único combustible que puede ser utilizado por las células del cerebro, por lo que probablemente no es de extrañar que las pobres ratas de laboratorio se activen cuando la reciben, y que reaccionan acorde.

Estos resultados no significan que el azúcar sea tan adictiva como la heroína, que también hace que los cerebros de las ratas liberen opioides, ya que las ratas carecen de una corteza pre-frontal. Esta es solo una de las maneras obvias en las que estos animales difieren de los humanos.

Está claro que la “adicción a la comida” se ha convertido en la última frase de moda y se usa indistintamente para describir una amplia gama de situaciones no clínicas. Hay que estar conscientes de que solo porque la comida es agradable y deseable por algunos, no significa que sea adictiva para la mayoría de la población.

Tampoco debería de verse como un complot oscuro el hecho de que las empresas traten de desarrollar productos que los consumidores quieran comprar y disfrutar a la hora de preparar alimentos apetitosos para las familias; es un objetivo compartido no solo por las empresas de alimentos, sino por cada cocinero casero.

¿Imaginas un mundo en el que la comida fuera una plasta beige, tan poco apetecible que la gente no quisiera comer?

Por desgracia, cuando la comida es poco atractiva, la desnutrición es un problema más común que la obesidad en este tipo de ambiente. Así que esta, claramente no es la solución para mejorar la salud de nuestra población.

El término “adicción” ha entrado en la lengua vernácula en el sentido de “deseo”, “interés” y “disfrute”. Así, en una conversación informal, los neozelandeses dicen con frecuencia que podrían ser “adictos” a cosas como el rugby, reality shows, Facebook, el pay de queso con limón que hace mamá, etc.

Generalmente, los niños adoran los juguetes, pero, ¿eso significa que son adictos? Por supuesto que no. La palabra se usa con frecuencia cuando muchos de nosotros disfrutamos de algo un poco más a menudo de lo que debemos (o creemos que deberíamos).

En sentido estricto, el término “adicción” solo debe utilizarse para describir las condiciones clínicamente significativas que implican la repetición continua de una conducta, a pesar de sus consecuencias adversas.

Está bien establecido que las adicciones adversas, tales como los juegos de azar, el tabaco, las drogas, el consumo compulsivo/obsesivo de grandes cantidades de algún alimento, que puede ir desde el alcohol hasta las zanahorias (difícil de creer, pero cierto), pueden ser clínicamente significativas.

Ahora, de ninguna manera se están tratando de minimizar estos problemas para las personas que luchan contra las adicciones y compulsiones obsesivas genuinas; pero también resulta evidente que estos comportamientos no se aplican a la población en su conjunto.

También está otro punto muy importante, que el consumo de alimentos es diferente de otros vicios. Todos los seres humanos tienen la compulsión de comer, generalmente por lo menos tres veces al día.

Dejar de comer y pasar hambres tiene consecuencias adversas, por lo que en este respecto es posible que seamos inútilmente propensos a un diagnóstico potencial de adicción a la comida.

De hecho, teniendo en cuenta que la mayoría de la gente admite que sus días se ven interrumpidos significativamente al tener que detenerse a preparar alimentos y comerlos, si completaran el cuestionario basado en el modelo de Yale de Adicción a la Comida, muchos podrían ser juzgados como “dependientes de la comida”.

Dado que todos tenemos que dejar lo que estamos haciendo en algún momento durante el día para comer, simplemente por sobrevivir, entonces ¿no la mayoría de las personas entran en esta definición? A excepción de la minoría de las personas con un problema de salud mental relacionado con los alimentos, tratando de redefinir la obesidad en términos de una adicción cuando todos los seres humanos en el planeta dependen de los alimentos para la supervivencia, tiene obstáculos importantes.

Lo que realmente irrita a algunos académicos en la discusión sobre la adicción a la comida es que solo ciertos alimentos están siendo señalado como potencialmente adictivos, por ejemplo:

• Dulces como helados, chocolate, rosquillas, galletas, pasteles y dulces • Los almidones, como el pan blanco, pan, pasta y arroz • Aperitivos salados como papas fritas, pretzels y galletas • Los alimentos grasos como la carne, el tocino, hamburguesas, hamburguesas con queso, pizza y papas fritas • Las bebidas azucaradas conocidos coloquialmente en Nueva Zelanda como las bebidas gaseosas

Esta lista se basa en lo que los comedores compulsivos dicen que consumen con más frecuencia, a pesar de que estos alimentos, por su cuenta y cuando son consumidos con moderación como parte de una dieta sana y equilibrada, tienen un lugar apropiado.

La mayoría de los expertos dirán que es peligroso mezclar las intervenciones de salud clínicas personales con los enfoques de la población acerca de la salud. Se ha informado que incluso si existe adicción a la comida como un diagnóstico clínicamente significativo, pertenece al ámbito de la salud mental personal, junto con otras adicciones.

En general, muchos de los comentarios indican que la gran mayoría de las personas con sobrepeso, no tienen signos neurológicos o de comportamientos convincentes de verdadera adicción, y esto fue admitido libremente en el evento de la Universidad de Otago. Como tal, esto sigue siendo una premisa pobre para una corriente principal de intervención de salud pública.

En lugar de centrarse en el desarrollo de esta nueva teoría, nuestros esfuerzos están sin duda en mejores condiciones para la promoción de soluciones útiles en lo que sabemos que es verdad, por ejemplo, parece que hay poco esfuerzo o financiación en la promoción de la buena nutrición y el ejercicio.

Las macro teorías pueden ser interesantes. Pero, en realidad, no es probable que el análisis colectivo de las bebidas gaseosas por académicos haga un ápice de diferencia en las personas que luchan con su peso.

Sin embargo, como todos tomamos alrededor de unas 200 decisiones relacionadas con los alimentos al día, el enfocarnos en estrategias para tomar buenas decisiones referentes a la salud y el bienestar continuo, es probablemente un buen comienzo.

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