El principio de precaución en los alimentos modificados genéticamente

Delegados de las Naciones Unidas y los ministros de medio ambiente de 130 países se reunieron para negociar un acuerdo sobre los alimentos modificados genéticamente (AMG) para discutir sobre los campos de trigo y soya con el ADN modificado.

Al final, la máxima que ganó el día después de intensas negociaciones durante una semana completa fue esta: es mejor prevenir que curar. En la reunión se alcanzó el primer acuerdo internacional que regula el comercio de alimentos y semillas genéticamente modificadas, justo antes de que cerrara la Convención sobre la Diversidad Biológica. De acuerdo con el “principio de precaución”, este acuerdo permite a los países bloquear la importación de semillas y alimentos transgénicos, si hay alguna sospecha de que estos pudieran ser perjudiciales.

Uno de los puntos más debatidos fue si se requiere evidencia científica para prohibir la importación de productos genéticamente modificados o no. La cuestión es especialmente importante para los países exportadores de grano, como Canadá y los EE.UU., donde el 95% de las exportaciones agrícolas se cultiva con stock de semillas modificadas genéticamente.

Estos dos países, junto con aliados agrícolas como Argentina, Australia, Chile y Uruguay (conocidos como el Grupo de Miami), también se opusieron a la exigencia de que se identificaran cepas específicas de alimentos genéticamente modificados antes de su envío. El Grupo de Miami no esta de acuerdo con el etiquetado, ya que muchas variedades se mezclan entre sí y la especificación de las cepas dentro de un solo envío daría lugar a retrasos y confusión.

Se logró, finalmente, un compromiso común. El tratado resultante, llamado el Protocolo de Cartagena sobre Seguridad de la Biotecnología, -debido a que las conversaciones se llevaron a cabo hasta donde se quedaron las negociaciones hace un año en Cartagena, Colombia-, requiere que los países exportadores de productos cultivados con la ayuda de la biotecnología declaren que “pueden contener” organismos modificados genéticamente. No se requeriría un etiquetado más específico, un ajuste que los delegados europeos y defensores del medio ambiente consideran una traición.

Muchos europeos se oponen fuertemente a los alimentos modificados genéticamente y esto fuerza a sus representantes en la convención a andar de puntillas en dos campos políticos minados. En primer lugar, gran parte del grano que se consume en Europa proviene de las importaciones modificados genéticamente. En segundo, una línea dura en el tema podría crear barreras comerciales divisivas. Al final, la Unión Europea y los países en desarrollo acordaron un etiquetado que indique que el producto “puede contener” en lugar de una “cepa específica” respecto de los transgénicos, una concesión que puede crear un mercado lucrativo para los alimentos cultivados orgánicamente de Canadá, que están libres de retoques genéticos.

El aspecto medular del acuerdo de las Naciones Unidas es que las semillas, microbios o animales GM que se liberan en el medio ambiente, deben ser aprobados por el destinatario antes del envío; pero, los productos alimenticios y farmacéuticos, no se enfrentarían a esta restricción.

El riesgo es que los organismos modificados genéticamente sean impermeables a las amenazas biológicas, que pudieran, ya sea, acabar con las especies indígenas o una polinización cruzada para crear “super-malas hierbas” o “super-bichos”.

Tomar las precauciones necesarias para proteger la diversidad biológica puede parecer una cuestión maternal, pero la comunidad científica está dividida respecto de los pros y contras de los organismos modificados genéticamente (OMG). El Dr. Adrian Tsang, director del Centro de Genómica estructural y funcional de la Universidad de Concordia en Montreal, ha estado haciendo investigaciones sobre levaduras modificadas genéticamente desde hace 20 años. Él piensa que los beneficios para la salud humana superan los riesgos.

Una de las primeras aplicaciones de los transgénicos se utilizó para producir insulina. Se solía extraer de los cerdos. Entonces tuvieron la idea de poner genes de insulina humana en la levadura. La levadura es barata y rápida: se divide cada 30 o 40 minutos, y la insulina producida por la levadura es más pura. Las personas no desarrollan la intolerancia que se presenta con la insulina de cerdo”.

Tsang también sostiene que los transgénicos pueden ser más respetuosos del medio ambiente que los cultivos tradicionales, citando una fuente de la enzima enriquecida que permite a los cerdos y pollos absorber fosfato, lo que provoca menos contaminación del suelo y el agua.

En el frente de la salud pública, el arroz GM está siendo considerado como el remedio para algunas deficiencias de vitamina A que amenazan la vida en el mundo en desarrollo. Los granos de “arroz dorado” producen suficiente beta caroteno (que se convierte en vitamina A cuando se digiere) para combatir la ceguera en un máximo de 250 millones de niños en todo el mundo, y para evitar 2 millones de muertes debido a las deficiencias de vitamina A en los niños menores de 5 años. Se encuentra en curso una investigación fundada por los Estados Unidos sobre el arroz con mayor contenido de hierro, lo que alimenta las esperanzas de que la cepa reducirá la anemia por deficiencia de este mineral, un trastorno que afecta a 2 mil millones de personas.

Ahora, como resultado del nuevo tratado de la ONU, las decisiones sobre si se debe aceptar el arroz dorado, la canola Canadiense o el maíz de bioingeniería, se han colocado directamente en manos de los países importadores y dependerá de ellos decidir cuáles de estos productos son más seguros.

Fuente: Pinker S. Canadian Medical Association

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