El estrés es un factor que puede dañar las relaciones familiares. ¿Sabes cómo afecta a algunos niños la preocupación de los padres que no pueden asegurarles tener qué comer?

El estrés cotidiano se está volviendo un factor relacionado con diversas enfermedades. Existen diferentes situaciones que pueden provocar estrés: el ritmo acelerado de las grandes ciudades, las jornadas laborales muy extensas con salarios bajos, etc.

Para muchas familias en el mundo, una de las situaciones más estresantes es no tener qué comer. Para los padres de familia, no poder asegurar que sus hijos tengan alimentos, es una situación desesperante.

¿Y si no puedo alimentar a mis hijos?

Poder asegurar que los hijos tendrán qué comer en el futuro cercano o en el lejano, no siempre depende de los padres. Hay circunstancias económicas que rebasan los esfuerzos laborales de algunos jefes de familia.

Tan solo en los Estados Unidos, esta situación se presenta en el 16% de los hogares. Este dato corresponde a la cantidad de padres de familia que no pueden asegurar la alimentación adecuada de sus hijos a largo plazo, pero que no están en una situación de hambruna. (La Organización Mundial de la Salud tiene un estudio donde se muestra los índices de hambre a nivel mundial y lo puedes consultar aquí).

No es necesario llegar a los niveles de hambruna y de pobreza extrema para que los padres de familia estén angustiados por darles de comer y nutrir a sus hijos. Estudios recientes muestran cómo este estrés puede estar causando cambios en los comportamientos de niños y adolescentes.

Círculo de estrés

Se ha encontrado una relación entre las familias que viven un nivel de precariedad alimenticia considerable y las conductas de los hijos en estas familias. Se ha observado un aumento de casos de depresión y la alteración de comportamientos infantiles cuando los padres tienen un nivel muy elevado de estrés, relacionado con inseguridad económica o de proveer alimentos.

Es importante señalar que los estudios que analizan estos fenómenos consideran una gama muy amplia de factores y, aun así, puede ser que se les escapen otros. Por ello, es complicado sacar conclusiones definitivas.

Por ejemplo: si un padre de familia está estresado por no poder proveer la alimentación adecuada a sus hijos, y esto altera el comportamiento de estos, es probable que esta situación aumente el estrés de los padres. Así que se hace un círculo difícil de romper.

Por otro lado, la mala nutrición, entendida como una falta de nutrimentos esenciales para el desarrollo de los niños, puede estar afectando también algunos comportamientos de los niños.

A pesar de que este tipo de estudios requieren ajustes continuos y la inclusión constante de nuevos factores, aportan conocimiento respecto de cómo la situación que viven los adultos afecta a los niños que dependen de ellos.

Una madre o padre sometidos a un estrés alto, probablemente pondrá menos atención en las labores escolares o en los tiempos de ocio de los hijos. Esto sucede no por falta de interés, sino porque la exigencia de tener como prioridad asegurar la alimentación de los hijos, se impone.

El suministro de alimentos es un problema que poco a poco se extiende globalmente. El hecho de que haya diferentes niveles de escasez, no significa que no nos afecte a todos.  Por ello, iniciativas sustentables o la utilización de nuevas tecnologías que ayuden a mejorar el aprovechamiento de los recursos son parte de nuestras posibilidades de sobrevivencia.

¿Quieres contribuir? Siempre hay un lugar por dónde empezar. Por ejemplo, trata de reducir la cantidad de plásticos y de papel que utilizas. También puedes planear mejor las comidas y las compras, para bajar la cantidad de alimentos desperdiciados.

Es importante que vayamos teniendo más conciencia sobre cómo se produce lo que comemos, cómo aprovecharlo mejor y cómo contribuir a que el suministro de alimentos pueda mantenerse.

Fuentes:

Dejar un comentario