Hay muchas dietas que van y vienen según la moda del momento. Quizá te has visto tentado a seguir alguna. ¿Qué opinas de tener una dieta sostenible?

Durante muchos años hemos visto que hay dietas que se ponen de moda: la paleo, la mediterránea, la libre de gluten, la fodmap, etc. Podríamos seguir esta lista durante varios renglones más.

Pero, hay un tipo de dieta de la que se está hablando desde hace algunos años que podría traer resultados muy interesantes si se pusiera de moda: la dieta sostenible.

¿Qué es eso?

La dieta sostenible es la que considera varios puntos:

  • Los nutrimentos que aporta
  • El tipo de producción que implica obtener los alimentos
  • El impacto de la producción de los alimentos
  • El impacto del consumo de esos alimentos

Los alimentos que consumimos tienen una relación con el planeta, que la mayoría de las veces no consideramos. La fruta que comemos es sembrada en una tierra, regada con agua y cultivada por los agricultores. La carne, proviene de animales que requieren alimentación y cuidados específicos.

Cualquier proceso de producción tiene un impacto sobre el medio ambiente. Desde hace años, la FAO, el organismo de las Naciones Unidas que se dedica a investigar y observar la producción de alimentos, ha tratado de impulsar sistemas sostenibles, es decir, que tengan un impacto menor en el planeta.

Algunas prácticas que producen impactos en el medio ambiente que se tratan de reducir son: el uso de agua para riego, la contaminación del agua, la emisión de gases de efecto invernadero, el uso de combustibles fósiles, el desperdicio de alimentos, el uso excesivo de plásticos, etc.

Dieta ecológica

En ese sentido, una dieta sostenible es la que busca contribuir a la preservación del medio ambiente. Por ejemplo: buscando fuentes alternativas de proteína que no sean animales ni vegetales, ya que las primeras contribuyen a la emisión de gases de efecto invernadero. Las segundas, exigen que haya más tierras para cultivar y agua dulce de riego.

Algunas de las opciones que se están analizando para sustituir las proteínas de origen animal y vegetal, son las proteínas que provienen de hongos y levaduras. Se pueden desarrollar productos alimenticios con un valor nutricio equivalente a esas fuentes de proteína, con un costo ecológico más bajo.

¿Cómo queremos llegar al 2050?

A la Organización Mundial de la Salud (OMS) le preocupa mucho que el crecimiento de la población para el año 2050 alcanzará los 9,000 millones de personas. Eso significa que se requerirán más recursos para poder alimentar a esa cantidad de gente. Se necesitaría producir 70% más alimentos de los que actualmente se generan.

Ese 70% extra, tendría que lograrse en la misma cantidad de tierra y con la misma cantidad de agua para su riego, porque ya no se puede destinar más porciones de suelo para la agricultura. Como podrás ver, es una situación imposible.

Incluso si fuera posible lograrlo, la cantidad de contaminantes y desgaste del medio ambiente que se generaría, nos rebasaría por completo, trayendo nuevos problemas tanto ecológicos como de salud.

Por ello, la apuesta debe estar en prácticas sostenibles que consideren la preservación de nuestro planeta. Lo más importante para lograr esa meta es generar conciencia de los impactos que nuestros hábitos tienen.

Empezar poco a poco puede ser una buena manera de contribuir, sin que signifique un cambio brusco en nuestra vida diaria. La OMS da algunas recomendaciones como reducir el consumo de carnes rojas, comer pescados producidos localmente, aumentar el consumo de vegetales y fuentes de proteína alternativas a la carne, utilizar menores cantidades de plástico, por ejemplo.

Juntos podemos hacer un cambio duradero que contribuya a la salud del medio ambiente y que, además, permita a las nuevas generaciones seguir un mejor ejemplo en cuanto al cuidado de nuestro planeta, sin renunciar a los sabores que nos gustan ni a los nutrimentos que necesitamos para vivir.

Fuentes:

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