Un estudio publicado en el Journal of Biological Chemistry, muestra que los científicos podrían ser capaces de activar o desactivar las enzimas responsables de procesar el almidón de los alimentos, en azúcares en el sistema digestivo humano. Ellos creen que este hallazgo les permitirá controlar mejor esos procesos en las personas con diabetes tipo 2 y obesidad.

Según Bruce Hamaker, Profesor de Ciencias de la Alimentación y director del Centro de Whistler para la Investigación de Carbohidratos en la Universidad de Purdue, las cuatro enzimas del intestino delgado, llamadas alfa-glucosidasas, son responsables de la generación de glucosa a partir de la digestión del almidón. Cada una de estas funciona de manera diferente, rompiendo los almidones en azúcares diferentes, a velocidades diferentes.

La afluencia de glucosa a la sangre aumenta la liberación de insulina del páncreas, lo que permite que el cuerpo elimine el azúcar. Cuando los tejidos no pueden responder bien a la insulina, el azúcar en la sangre no baja, situación observada en los diabéticos tipo 2. Incluso en los no diabéticos, el exceso de azúcares no quemadas por el cuerpo como energía, puede almacenarse en forma de grasa; un problema para las personas propensas a la obesidad.

“En los diabéticos, no se quiere esta montaña rusa de niveles de glucosa en sangre. Sus cuerpos no pueden regularla tan bien”, dijo Hamaker. “Si se pueden inhibir selectivamente estas enzimas, se abre la posibilidad de moderar la glucosa en el cuerpo, así como la dirección de su liberación en diferentes partes del intestino delgado para determinadas respuestas fisiológicas.”

Hamaker y sus colegas llevaron a cabo los estudios de inhibición sobre los productos de degradación de almidón y las enzimas alfa-glucosidasa, en un sistema de tracto gastrointestinal simulado. Los inhibidores fueron capaces de reducir selectivamente el funcionamiento de las enzimas, un proceso al que han llamado “conmutación” y podría conducir a varias soluciones para diabéticos o para quienes sean propensos a la obesidad.

Ahora, el investigador trabajará para entender cómo los inhibidores controlan las enzimas intestinales, y así perfeccionar su comprensión de cuándo y dónde deben ser controladas para obtener mejores resultados.

Fuente: www.ift.org

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