Los investigadores descubrieron la conexión entre las dietas magras y una mayor vida útil, en un estudio de 1935 en ratas con restricción de calorías. En la última década, los estudios en levaduras y gusanos han identificado algunos genes que pueden ser los responsables. Los científicos creen que los genes de alguna manera refuerzan los sistemas para proteger a un organismo del estrés medioambiental y pueden haber evolucionado para ayudar a los organismos a sobrevivir en ambientes donde la comida era escasa. En estudios con roedores, la restricción calórica puede prolongar la vida útil de un 20 a 80%; mientras era incierto que la restricción calórica también retrasara el envejecimiento en los primates.

Hace dos décadas tres grupos diferentes de investigación en los Estados Unidos decidieron investigar esta incertidumbre. Los grupos han publicado previamente actualizaciones sobre la salud de sus monos, pero en la edición de Science uno reporta los datos de supervivencia de su colonia de 76 monos Rhesus. El equipo, dirigido por el gerontólogo Richard Weindruch de la Universidad de Wisconsin, Madison, comenzó a monitorear los animales cuando llegaban a los 7 y 14 años -la edad adulta de un mono. Los investigadores permitieron a la mitad de los monos comer tanto como quisieran durante el día, mientras que a la otra mitad les restringieron la dieta en un 30% menos de calorías. Los científicos les dieron a los monos con la restricción alimenticia suplementos vitamínicos y minerales, a fin de que no sufrieran desnutrición y se trataron a los animales que enfermaron, dice Weindruch.

Para el estudio del envejecimiento en los monos se necesita paciencia. Los ratones y las ratas viven solo durante un par de años, mientras que estos monos pueden vivir hasta 40 años y el promedio de vida es de 27 años. Cuando los monos que sobrevivieron llegaron a la mitad de sus años, el grupo de Wisconsin pudo deducir cómo les afectaba a la salud esa restricción calórica. 63% de los animales con restricción de calorías todavía están vivos en comparación con solo el 45% de sus contrapartes de la alimentación libre. Para las muertes relacionadas con la edad causadas por enfermedades como la cardiovascular y el cáncer, los que estaban sin restricción en la dieta murieron en tres veces la tasa de los monos con restricción: 14 frente a 5 monos, respectivamente. Otros siete monos de control y nueve monos delgados, fallecieron por causas no relacionadas al envejecimiento, como complicaciones de la anestesia o lesiones. Las dietas más magras también redujeron el deterioro del músculo y la materia gris, dos condiciones asociadas con el envejecimiento. (El equipo aún no ha estudiado las diferencias cognitivas entre los dos grupos.)

Leonard Guarente, un biólogo molecular del Instituto de Tecnología de Massachusetts en Cambridge, que ha estudiado el envejecimiento en levaduras, considera que no han muerto suficientes monos para hacer comparaciones definitivas entre los dos grupos. Cuando el grupo de Weindruch presentó el documento, aproximadamente la mitad de la colonia de monos seguía viva. “La brecha [en las tasas de supervivencia] se puede separar más, pero es todavía demasiado pronto para saberlo”, dijo Guarente. Por otra parte, el biólogo molecular Mateo Kaeberlein de la Universidad de Washington, Seattle, cree que la diferencia es convincente y menciona que: “El hecho de que ven un efecto significativo en este punto de la investigación sugiere que habrá un efecto fuerte cuando terminen el estudio”, dice.

Weindruch y sus colaboradores planean continuar el seguimiento de los monos restantes, lo que podría alargar el estudio hasta 3 décadas. “Si llegamos a los 40 años de edad, duración de la vida útil, el estudio podría continuar por otros 15 años”, dijo Weindruch.

Fuente: Sciencemag.org

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