L.en N. y G. Héctor Manuel Infanzón Talango, EDC.

 

Las características físicas, sociales y psicológicas de cada niño preescolar van a generar su conducta alimentaria, la cual es el “comportamiento normal que está relacionado con los hábitos de alimentación, la selección de alimentos que se ingieren, las preparaciones culinarias y las cantidades ingeridas de ellos”. Esta se considera saludable cuando lleva al individuo a tener una alimentación correcta, promoviendo un crecimiento y desarrollo adecuados, el mantenimiento de un peso saludable y la prevención de enfermedades.

En la etapa preescolar y escolar se forman los hábitos y actitudes que formarán parte importante del estilo de vida de los niños a lo largo de toda su vida. Estos se forman, principalmente, dentro de la familia, escuela y sociedad. En estos ámbitos existe la posibilidad de educar al niño a que repita conductas que lo dirijan a tener una alimentación saludable que favorezca al máximo sus posibilidades de crecimiento y desarrollo. En la actualidad se han ido integrando nuevos hábitos alimentarios que incluyen el consumo de comida rápida, refrescos y bebidas azucaradas, entre otros, los cuales incrementan el peligro de tener dietas deficitarias en algunos nutrimentos.

Por lo anterior, es importante que, a edades tempranas, se implemente una orientación alimentaria desde un nivel básico en educación. Con la participación de profesionales de la salud, se pueden prevenir problemas a futuro cuyo origen está en estas etapas de la vida y se deben, por lo general, a una mala relación entre el niño y la o las personas encargadas de su alimentación (Casanueva, et. al, 2008).

Es por eso, que las personas encargadas de la alimentación de los niños deben tener claras cuáles son sus responsabilidades y sobre qué aspectos no deben asumir el control:

Son responsables de: No son responsables de:
·        Seleccionar y comprar los alimentos

·        Preparar y ofrecer las comidas

·        Regular horarios de comidas

·        Ofrecer alimentos fáciles de manipular

·        Hacer agradables las horas de comida

·        Fomentar la participación del niño en comidas familiares

·        Propiciar que el niño se concentre cuando esté comiendo

·        Establecer reglas de comportamiento en la mesa

·        Determinar el o los lugares donde comerá

·        Verificar que no existan problemas de salud que interfieran con el apetito o alimentación

·        Decidir qué cantidad come el niño

·        Decidir si el niño come o no

·        Cómo se transforma el cuerpo del niño

Asimismo, será importante considerar las siguientes recomendaciones para la formación de hábitos al momento de comer:

  1. Incentivar, a través del ejemplo, buenos modales en la mesa. Por ejemplo: la buena postura corporal, el uso del mantel, los cubiertos, la servilleta y enseñarles la manera apropiada de masticar los alimentos, con la boca cerrada, masticando bien cada bocado e invitarlos a comer despacio para un mejor aprovechamiento y disfrute de los alimentos y del momento de las comidas, entre otros.
  2. Mientras comen, no permitir a los niños y a las niñas jugar o caminar, ni hablar cuando mastican los alimentos, o si tienen la boca llena. No apresurarlos a comer.
  3. Mantener horarios fijos de comidas y el lugar donde comen. También es importante evitar que haya agentes distractores como la TV.
  4. Evitar servir antes y durante las comidas, golosinas o alimentos “chatarra” que puedan disminuir el apetito, ya que a partir de los 2-3 años los niños y las niñas pueden comer golosinas en pequeñas cantidades, que resulten accesibles y seguras para ellos, y siempre bajo la supervisión de los adultos.
  5. Dar la oportunidad para socializar y compartir a la hora de las comidas; ayuda a los niños y a las niñas a mantenerse relajados.
  6. Ofrecer los alimentos, sin forzar a los niños a comer.
  7. Es importante que los adultos conversen y enseñen a los niños a tomar parte activa, de manera supervisada, en el seguimiento de los procedimientos relacionados con el uso y manejo de los equipos y utensilios usados durante la alimentación y rutinas de aseo personal.
  8. Acondicionar el espacio y disponer adecuadamente de los utensilios usados en las comidas.
  9. Disponer en un recipiente adecuado los desperdicios producto de las comidas.
  10. Incluirlos en la limpieza de las mesas con esponjas pequeñas.

En conclusión, la adopción de hábitos de alimentación saludables es fundamental, sobre todo por la participación de la familia, o de los encargados de la alimentación del niño, ya que deben tener la capacidad de crear hábitos saludables en los niños.

De esta forma, los niños podrán aprender que su estado de salud depende, en parte, de su comportamiento alimentario que podrá mejorar con la selección de sus alimentos, asegurando un estado nutricio óptimo y de salud para años posteriores.

 

Referencias bibliográficas:

  • Casanueva, E., Kaufer-Horwitz, M., Perez-Lizaur, A. y Arroyo P. (2008). Nutriología médica. 3ª ed. México: Editorial Médica Panamericana
  • Fomento de Nutrición y Salud A.C. (2001). Orientación Alimentaria: glosario de términos. Cuadernos de Nutrición. México.
  • Pérez Lizaur, A., y Marván Laborde, L. (2005). Manual de dietas normales y terapéuticas. Los alimentos en la salud y la enfermedad. México: Ediciones científicas la Prensa Médica.
  • Osorio J, Weisstaub N, Castillo C. (2002). Desarrollo de la conducta alimentaria en la infancia y sus alteraciones. Rev Chil Nutr 29:280-5.
  • Secretaría de Salud. (2005). Norma oficial mexicana, servicios básicos de salud Promoción y educación para la salud alimentaria. Criterios para brindar orientación alimentaria. México.

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