Dr. Daniel Boone

Universidad Autónoma de Coahuila

Miembro de la Asociación Mexicana de Ciencias de los Alimentos (AMECA)

 

Una de las tantas frases memorables del padre de la medicina moderna, Hipócrates, es: “Que tu medicina sea tu alimento, y el alimento tu medicina. Pero comer cuando estás enfermo alimenta la enfermedad”. Vamos por partes: bien sabemos que el cuerpo obtiene muchos de los compuestos químicos que necesita para mantenerse sano a través de la alimentación, tales como carbohidratos, proteínas, grasas (sí, también son necesarias), vitaminas y minerales que cubren diferentes funciones y necesidades. También sabemos que tener hábitos alimenticios desequilibrados puede generar o ayudar a generar propensión hacia diversas enfermedades como infecciones, obesidad, diabetes y afecciones cardiovasculares, entre otros1.

Por otro lado, en los últimos años se ha popularizado el concepto de “alimentos funcionales”, que tienen como objetivo mejorar la salud del consumidor de forma adicional a la nutrición que brindan2,3. Además, la ciencia moderna ha demostrado el contenido de compuestos benéficos para la salud de muchas plantas que se han utilizado como remedios en diferentes prácticas de medicina tradicional, como el caso de la granada (Punica granatum L) usada en la medicina Unani de la India, o la moringa (Moringa oleifera) usada por romanos, griegos y egipcios4,5.

Los beneficios extras que estas y otras plantas aportan a la salud, se deben principalmente a los compuestos que contienen, llamados nutracéuticos (de “nutricional” y “farmacéutico”, es decir, el que nutre y además previene o trata una enfermedad; Rojas Jiménez et al., 2016). Por ejemplo, el brócoli contiene sulforafano, un compuesto que presenta actividad anticancerígena, disminuye el riesgo de enfermedad cardiovascular y ayuda en el autismo y la osteorporosis7; la biotina (vitamina B8) contenida en carnes, leche, semillas y algunas verduras, entre otros alimentos, ayuda a reducir los niveles de triglicéridos en sangre8; o las isoflavonas de la soya que pueden mejorar los síntomas de la deficiencia de estrógenos en mujeres perimenopáusicas9.

Entonces, ¡Hipócrates tenía razón! La comida que llevamos a nuestra boca tiene una relación muy estrecha con la salud. En realidad, no es una noticia nueva. Esto se ha sabido desde hace muchos años y el auge que han tenido la enseñanza y la práctica de la Nutriología en México, ha fortalecido la idea en la población de que los hábitos alimenticios impactan directamente en la salud.

Pero, hay que tener cuidado con algo: consumir un alimento que contiene uno o varios compuestos nutracéuticos no va a suplir ningún tratamiento farmacológico. Más bien, va a reforzar o complementar el efecto de la medicación. Es decir, comer hojas de moringa no va a hacer que un paciente con diabetes tipo 2 deje de necesitar una dosis diaria de insulina. Los nutracéuticos contenidos en la moringa pueden ayudar a controlar los niveles de glucosa en la sangre del paciente, pero jamás harán el mismo trabajo que la insulina. Este tipo de ideas pueden generar confusiones peligrosas en las personas que padecen alguna enfermedad.

Es claro que la primera parte de la aseveración de Hipócrates es correcta. Mantener el equilibrio en la cantidad de comida que ingerimos ( no menos ni más de la necesaria) evitará algunos problemas de salud. Si a esto le sumamos un mayor contenido y variedad de compuestos nutracéuticos, las probabilidades de disfrutar de una vida saludable o de tener un menor impacto por las enfermedades que padecemos, aumentan considerablemente.

Respecto de la parte de “Pero comer cuando estás enfermo alimenta la enfermedad”, hay que tener en cuenta que Hipócrates no contaba con los adelantos tecnológicos y el conocimiento científico que existen hoy en día. Es bien sabido que una pieza importante para el tratamiento de una enfermedad y la recuperación de un paciente es llevar una alimentación adecuada. En realidad, la frase debería quedar parecida a esto: Comer desequilibradamente dañará tu salud, más cuando estás enfermo.

Esta segunda parte de la reflexión del padre de la Medicina, puede prestarse a muchas malas interpretaciones y a ideas desviadas. Por ejemplo, aquella de que el consumo de alimentos genéticamente modificados acidifica el organismo y este debe ser alcalinizado para alcanzar la salud, de la cual se derivan cosas como la clasificación disparatada de alimentos acidificantes (entre los cuales están la leche de vaca, cabra o soya, el pollo y las nueces, por ejemplo) y los alimentos alcalinizantes. ¿Alguien puede explicar cómo llegaron a esta clasificación la naranja, la piña y -mejor aún- el vinagre de manzana?10 Aunque algunos alimentos o estilos de vida pueden estar ligados a la formación de cálculos renales, la acidez de la sangre no es algo sencillo de modificar mediante la dieta.

Otra idea que surge de malentender algunos aspectos de nuestra salud o de nuestro organismo es que el cáncer es provocado por un hongo y se cura comiendo bicarbonato de sodio11. Este tipo de desinformaciones pueden significar un riesgo grande para la salud, por ello, es fundamental que encontremos un balance en la dieta que llevamos y que nos apoyemos en un médico especialista o en un nutriólogo certificado.

 

Referencias:

  1. Della Valle, E. et al. The Mediterranean Diet in the Prevention of Degenerative Chronic Diseases. in Superfood and Functional Food 115–132 (INTECH, 2017). doi:10.5772/67119
  2. Pravst, I. Functional Foods in Europe: A Focus on Health Claims. Sci. Heal. Soc. Asp. Food Ind. 165- (2012). doi:10.5772/31057
  3. Boone-Villa, V. D., Obregon-Sanchez, N. H., Del Bosque-Moreni, J. & Aguirre-Joya, J. A. Trends in functional food in noncommunicable diseases. in Handbook of Research on Food Science and Technology, Vol 3 Functional Foods and Nutraceuticals (eds. Mónica Chávez-González, P., Jose Juan Buenrostro-Figueroa, P. & Cristobal N. Aguilar, P.) 3, 1–31 (Apple Academic Press, 2018).
  4. Ben Nasr, C., Ayed, N. & Metche, M. Quantitative determination of the polyphenolic content of pomegranate peel. Zeitschrift f{ü}r Leb. und Forsch. 203, 374–378 (1996).
  5. Fahey, J. Moringa oleifera: A Review of the Medical Evidence for Its Nutritional, Therapeutic, and Prophylactic Properties. Part 1. Trees life J. 1–15 (2005).
  6. Rojas Jiménez, S. et al. Consumo de nutracéuticos, una alternativa en la prevención de las enfermedades crónicas no transmisibles. Biosalud 14, 91–103 (2016).
  7. Vanduchova, A., Anzenbacher, P. & Anzenbacherova, E. Isothiocyanate from Broccoli, Sulforaphane, and Its Properties. J. Med. Food 22, 121–126 (2018).
  8. Revilla-Monsalve, C. et al. Biotin supplementation reduces plasma triacylglycerol and VLDL in type 2 diabetic patients and in nondiabetic subjects with hypertriglyceridemia. Biomed. Pharmacother. 60, 182–5 (2006).
  9. Torres-Torres, N. & Tovar-Palacios, A. La historia del uso de la soya en México, su valor nutricional y su efecto en la salud. Salud Publica Mex. 51, 246–254 (2009).
  10. Alba Miraen. Cuerpo alcalino, sencillas recomendaciones para conseguirlo. Nutrición Alcalina (2016). Available at: https://nutricionalcalina.es/claves-conseguir-cuerpo-alcalino/. (Accessed: 15th April 2019)
  11. David Icke. El Cáncer Es Un Hongo y Es Curable. Biblioteca Pleyades (2009). Available at: https://www.bibliotecapleyades.net/salud/salud_defeatcancer31.htm. (Accessed: 15th April 2019)

 

 

 

 

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