Dra. Rebeca García Varela

CIATEJ

 

 

Desde los inicios de la práctica médica, en las primeras sociedades sedentarias, la principal fuente de recursos provinieron de la naturaleza1; con estos se desarrollaron remedios que fungían como tratamiento de enfermedades o para el aminoramiento de síntomas. A este conjunto de conocimientos, recetas, teorías, prácticas y experticias se les conoce con el nombre de medicina tradicional2. Estas prácticas tradicionales se han pasado entre comunidades y de generación en generación, mismas que han proporcionado a la ciencia contemporánea importantes pistas sobre cuáles merecen ser exploradas por su efectividad y elucidar sus mecanismos de acción.

Si bien estos compuestos curativos se encuentran en todas las plantas, las concentraciones pueden variar y algunas familias, géneros o especies pueden tener otros compuestos también con propiedades medicinales, lo cual proporciona mayores beneficios y efectos de algunas plantas.

Las plantas del género Cannabis spp. han sido ampliamente usadas en diferentes culturas para diversos fines. Este género tiene origen en Asia, África, Europa y Sudamérica. Este género se separa en tres grandes especies: C. sativa, C. indica y C. ruderalis8. Cada una de estas tienen diferentes variedades, además de que se han producido híbridos por cruzas artificiales para la potenciar y propagar características o efectos deseados.

La primera evidencia del cultivo doméstico y uso de este género data del año 4,000 A. de C. en China, donde era empleada para varios usos, desde médicos hasta la producción de papel, cuerda y textiles9. Antiguas escrituras sobre sus prácticas médicas indican que esta planta era empleada para bajar fiebres, como anestésico, antimicrobiano, como tratamiento para dolor e inflamación crónica, contra la constipación intestinal, insomnio, malaria, etc.10.

Con el paso del tiempo las aplicaciones médicas fueron aumentando. En la actualidad, existen estudios y testimonios confirmando beneficios obtenidos por el uso médico de Cannabis spp., en el caso de patologías crónico-degenerativas como cáncer, Parkinson, Alzheimer, epilepsia, arterosclerosis, trastornos de ansiedad, depresión, estrés postraumático, entre otras11–13.

Las formas más comunes de consumo son en alimentos preparados con Cannabis spp. como ingrediente, en infusiones (aun cuando el rendimiento de los efectos es menor), por aplicación tópica o ingesta de extractos crudos o por vaporización. Pero la forma más común es fumado, similar al consumo del tabaco; no obstante, su consumo se ve influenciado por la especie que se consume, la cultura del consumidor y el propósito14.

Es bien sabido que este género posee características que han fomentado su uso de manera recreativa; ya que, como efecto secundario, se presentan sensaciones psicotrópicas estrechamente relacionadas con la euforia, sedación, somnolencia, mareos, disforia, relajación, agudización de sentidos, paranoia, dificultad en capacidades cognitivas e hipotensión. Estas son algunas de las razones por las cuales este género se ha visto envuelto en controversias legales en diversos países del mundo.

La composición fitoquímica del género Cannabis spp. incluye a los compuestos denominados cannabinoides; estos son terpenos fenólicos conformados por cadenas de 21 Carbonos12. Existen múltiples fitocannabanoides dentro de los cuales destacan el  Δ9-Tetrahidrocannabinol (THC), compuesto responsable de los efectos psicotrópicos; el Cannabidiol (CBD) una de las principales moléculas a las cuales se le atribuye la mayor cantidad de beneficios a la salud; y otros más de 50 fitocannabinoides12,15,16.

Debido a que los seres humanos y otras especies animales somos capaces de producir nuestros propios cannabinoides, denominados endocannabinoides, el organismo está equipado con receptores endógenos específicos (tipo 1 y 2 (CB1 y CB2)), a los cuales se pueden acoplar los fitocannabinoides.

Los receptores CB1 se encuentran principalmente en el cerebro, cerebelo, ganglios basales, sistema límbico y sistema reproductivo masculino y femenino; tienen como función la participación en la regulación del estado del ánimo, ciclos de sueño, apetito, control de movimiento, memoria y percepción del dolor17.

Por otra parte, CB2 está presente principalmente en las células del sistema inmune: linfocitos B, células NK, y en el bazo. La interacción entre CB2 y los fitocannabinoides produce un efecto antiinflamatorio, antioxidante y neuroprotector entre otras propiedades benéficas18. Estas características son solo la antesala del enorme potencial médico que tiene el uso de esta planta de manera controlada, principalmente para el tratamiento de cáncer, epilepsia, ansiedad, insomnio y dolor crónico, por mencionar algunas.

Es importante mencionar que junto con el consumo de este género se debe proporcionar amplia educación y concientización, ya que estudios preliminares sugieren que el consumo de manera abusiva, principalmente durante la etapa de desarrollo cerebral, puede resultar en cambios morfológicos no exentos de consecuencias para la salud.

En México, la Cannabis spp. formaba parte de la mayoría de los fármacos encontrados en cualquier boticaria, no fue sino hasta 1936 cuando surgió la prohibición y la difamación de este género. En la actualidad existen varios países que la han legalizado para fines médicos e incluso sitios en donde se acepta su uso para fines recreativos.

El Gobierno Mexicano, en el verano del 2017, legalizó su uso para fines medicinales y de investigación científica (Legislación sin publicar aún). Este avance puede significar beneficios no solo en el sector salud, sino también en el económico, industrial y de seguridad nacional; ya que se estaría planteando la posibilidad de regular la producción natural de Cannabis spp., incremento en ingresos por el cobro de impuestos, generación de nuevos empleos, desarrollo de industrias y formulación de productos con sello nacional.

Esto tiene el potencial de disminuir la necesidad de importación y, esperanzadamente, la delincuencia organizada (por lo menos en este producto). Si bien se habla de un gran nicho a explotar, numerosos cuidados se deben tomar en cuenta para asegurar que se cumplan los objetivos iniciales.

Referencias

  1. Rosales-Reyes T, de la Garza M, Arias-Castro C, et al. Aqueous crude extract of Rhoeo discolor, a Mexican medicinal plant, decreases the formation of liver preneoplastic foci in rats. J Ethnopharmacol. 2007;115(3):381-386.
  2. Rodriguez-Garcia, A.; Peixoto, I.T.; Verde-Star, M.J.; De la Torre-Zavala, S.; Aviles-Arnaut, H.; Ruiz AL. In vitro antimicrobial and antiproliferative activity of amphipterygium adstringens. Evidence-based Complement Altern Med. 2015;2015:175497.
  3. Mahdi, J. G., Mahdi, A. J., & Bowen ID. The historical analysis of aspirin discovery, its relation to the willow tree and antiproliferative and anticancer potential. Cell Prolif. 2006;39(2):147-155.
  4. Brues, A.M.; Cohen A. Effects of colchicine and related substances on cell division. Biochem J. 1936;30:1363-1368.
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  6. Weber SS, Polli F, Boer R, Bovenberg RA DA. Increased penicillin production in Penicillium chrysogenum production strains via balanced overexpression of isopenicillin N acyltransferase. Appl Env Microbiol. 2012;78(19):7107-7113.
  7. Kabara J. Phenols and chelators. Food Preserv Blackie, Glas. 1991:200-214.
  8. Russo EB. History of Cannabis and Its Preparations in Saga, Science, and Sobriquet. Chem Biodivers. 2007;4(8):1614-1648.
  9. Zuardi AW. History of cannabis as a medicine: A review. Rev Bras Psiquiatr. 2006;28(2):153-157.
  10. Kabelik, J., Krejci, Z., & Santavy F. Cannabis as a medicament. Bull Narc. 1960;12(3):5-23.
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  13. Takeda, S., Okajima, S., Miyoshi, H., Yoshida, K., Okamoto, Y., Okada, T., & Aramaki H. Cannabidiolic acid, a major cannabinoid in fiber-type cannabis, is an inhibitor of MDA-MB-231 breast cancer cell migration. Toxicol Lett. 2012;214(3):314-319.
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  15. Bhattacharyya S, Mandal S, Banerjee S, Mandal GK, Bhowmick AK, Murmu N. Cannabis smoke can be a major risk factor for early-age laryngeal cancer—a molecular signaling-based approach. Tumor Biol. 2015;36(8):6029-6036.
  16. Adams IB, Martin BR. Cannabis: pharmacology and toxicology in animals and humans. Addiction. 1996;91(11):1585-1614.
  17. Caffarel MM, Andradas C, Pérez-Gómez E, Guzmán M, Sánchez C. Cannabinoids: A new hope for breast cancer therapy? Cancer Treat Rev. 2012;38(7):911-918.
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