La carrera por mapear y entender la flora microbiana que habita en nuestras entrañas es uno de los temas más populares, y uno de los más grandes retos en la investigación actual. Los enlaces sugeridos entre la microbiota y toda una gama de condiciones y medidas de salud -incluyendo la digestión, el peso corporal, la inmunidad, el humor y la salud del corazón – comienzan a ser comprendidas apenas ahora.

En la revista “PLoS One”, el equipo de investigación dirigido por Rosa Krajmalnik-Brown, de la Universidad del Estado de Arizona, presentó los resultados del primer análisis bacteriano integral centrado en bacterias comensales -o beneficiosas- en los niños con TA; estos muestran que los niños con autismo, tenían una presencia importante de algunos tipos de bacterias intestinales y cantidades significativamente menores de tres bacterias críticas, Prevotella, Coprococcus y Veillonellaceae.

“Una de las razones por las que empezamos a abordar este tema es el hecho de que los niños autistas tienen una gran cantidad de problemas gastrointestinales que pueden permanecer hasta la edad adulta”, dijo Krajmalnik-Brown. “Los estudios han demostrado que cuando controlamos estos problemas, su comportamiento mejora dramáticamente.”

“Pensamos en Prevotella como una opción saludable y buena”, añadió. “Creemos que una diversidad intestinal es un intestino sano.”

Estudio significativo

Al comentar la investigación, la Dra. Alex Richardson, de la Universidad de Oxford -y fundadora de la Investigación de Alimentación y Comportamiento con sede en el Reino Unido (FAB)-, sugirió que el estudio es importante para confirmar que “distintas anormalidades” de la microflora intestinal están presentes en los niños con trastornos autistas.

“Es evidente que estos últimos hallazgos están correlacionados, pero necesitan un seguimiento”, dijo. “Dado lo que sabemos sobre los fuertes vínculos entre la salud del cerebro, los intestinos y el sistema inmunológico, necesitamos urgentemente más investigaciones sobre sus posibles consecuencias, en particular para el desarrollo de nuevos enfoques de tratamiento”.

“Los niños con autismo a menudo tienen otros problemas de salud que una flora intestinal poco saludable -y sus efectos sobre el sistema inmunológico- plausiblemente podrían explicar.”

Richardson agregó que muchos padres y profesionales de la salud ya sostienen que los cambios en la dieta pueden no solo mejorar la salud general de los niños con autismo, sino también tener un impacto en los síntomas del autismo -“y no hay duda de que la dieta afecta la microbioma intestinal”, añadió.

Detalles del Estudio

El equipo de investigación analizó la microflora intestinal de las muestras fecales en una cohorte de 20 participantes saludables y 20 autistas, con edades entre 3 y 16 años, utilizando el método de alto rendimiento -conocido como pirosecuenciación- que permite que muchas muestras de ADN sean combinadas, así como muchas secuencias por muestra para ser analizadas. Al hacer esto, Krajmalnik-Brown señaló que el nuevo estudio es el primero en acercarse al autismo desde un ángulo diferente, mediante el examen de la posible función de las bacterias comensales del intestino.

El análisis de los datos de alto rendimiento demostró que una menor diversidad de microbios intestinales, fue positivamente correlacionada con la presencia de los síntomas autistas en el estudio; detectando una disminución significativa de la diversidad microbiana en los 20 sujetos autistas, cuyas muestras fecales fueron analizadas. Específicamente, encontraron que tres géneros bacterianos -Prevotella, Coprococcus y Veillonellaceae-disminuyeron en participantes con autismo, en comparación con muestras de niños no autistas.

Krajmalnik-Brown señaló que estos tres grupos bacterianos representan importantes cepas para la degradación de carbohidratos o fermentación, y como tal, podrían ser críticos para la interacción microbiana intestinal saludable o jugar un papel de apoyo para una amplia red de diferentes microorganismos en el intestino. Esto último podría explicar la disminución de la diversidad observada en los participantes autistas, sugirió, y agregó que el grupo utilizará los resultados actuales como una guía para nuevos estudios para el autismo, enfocados a modificar la composición bacteriana en el intestino como una forma de tratamiento.

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