El cuerpo humano produce una hormona a la que se le ha mal llamado “la hormona de la obesidad”, la leptina. Esta hormona fue descubierta en 1994 y causó una gran expectativa entre a comunidad científica porque ayudó a comprender mejor el problema de la obesidad, y con ello nació la esperanza de poder utilizarla para prevenir esa enfermedad.

La leptina comenzó a utilizarse en forma de suplementos para combatir el sobrepeso y la obesidad. Incluso hoy en día hay muchos sitios en internet la siguen publicitando. Pero, ¿qué tanta de su fama es cierta?, ¿de verdad funciona como un tratamiento eficaz contra la obesidad?, ¿qué es y cómo funciona la leptina?

Conoce la leptina

La leptina es la hormona que controla la sensación de hambre, según el Dr. Robert H. Lustig, MD, profesor de pediatría en la Universidad de California en San Francisco y miembro del Grupo de Trabajo de Obesidad de la Sociedad de Endocrinología.

Lustig dice que la leptina es una proteína producida por las células grasas en el organismo, que llega la cerebro por medio del torrente sanguíneo. Su función principal es indicarle al cerebro si la temperatura del cuerpo es la adecuada o no.

Eso significa, que la leptina es un indicador de la cantidad de energía que el organismo tiene almacenada, porque es así como mantiene su temperatura. Además, le hace saber al cerebro si el cuerpo está en condiciones o no de realizar procesos metabólicos que implican un gasto fuerte de esa energía.

Por ejemplo, la leptina aumentará sus niveles cuando el organismo tenga a un proceso biológico fuerte como la pubertad o un embarazo. Si en alguna de estas situaciones, los niveles de leptina no son los adecuados, significa que el organismo no está en condiciones óptimas para pasar por el esfuerzo que esos procesos implican.

Así, el primer mito que debemos quitar sobre la leptina es que sea una hormona de la obesidad, porque en realidad es un indicador de qué tanta energía tiene el cuerpo para llevar a cabo ciertos procesos naturales.

¿Qué pasa con la leptina cuando estamos a dieta?

Cuando empezamos una dieta que consiste en disminuir la cantidad de energía que consumimos (calorías), la producción de leptina baja. Cada cuerpo tiene su propio margen de producción de leptina, lo que significa que no existe un nivel mínimo o máximo establecido de leptina, sino que depende de cada persona.

Con las dietas, se quema más grasas de lo normal y eso afecta la cantidad de energía que tiene almacenado el organismo. Cuando eso sucede, explica Lustig, el cerebro detecta esa baja de energía y manda la señal para conseguir más. ¿Qué significa eso? El cuerpo siente más hambre.

Si la energía que está pidiendo el cerebro no llega, el organismo busca otras formas de compensar la baja de leptina. Una de esas maneras es estimulando el nervio vago, que está en la parte superior del abdomen.

“El nervio vago es el nervio de almacenamiento de energía”, dice Lustig. “Ahora, el nervio vago está activado, por lo tanto, te sientes más hambriento. Cada cosa que el nervio vago hace está diseñada para que tomes energía extra y se almacene en la grasa. ¿Para qué? Para generar más leptina, y así poder restablecer su nivel personal de leptina. Esto provoca que comas”.

La leptina y el peso

Uno de los problemas que se ha detectado en las personas con sobrepeso es que tienen niveles muy altos de leptina. Eso no tendría sentido porque si tienen mucha leptina el cerebro no debería mandar la señal de hambre que hace que coman más.

Lustig ha dedicado buena parte de su trabajo de investigación a explicar este fenómeno. Lo que encontró es que las personas con sobrepeso tienen también una resistencia a la leptina. Esto funciona de manera similar a la resistencia a la insulina en la diabetes tipo 2, en la que el páncreas produce grandes cantidades de esa hormona pero el cerebro no las detecta y sigue mandando la señal para producir más.

El problema con la leptina, según Lustig, es que no hay un límite máximo. Es decir, si el cerebro no detecta la cantidad de leptina que hay en el organismo, no hay otro mecanismo que detenga su producción.

Para Lustig, la resistencia a la leptina puede entenderse como: tu cerebro muere de hambre. Dado que el cerebro no detecta el nivel de leptina, sigue mandando la señal de hambre. El cerebro que está en esa situación, no sabe que tiene suficiente energía almacenada. Eso provoca que la persona siga comiendo. El cerebro tiene hambre y el cuerpo desarrolla obesidad.

Nunca satisfecho

Otra de las funciones de la leptina es que participa en la regulación de la sensación de recompensa. Cuando el cerebro manda la señal de hambre y la persona come, la leptina alcanza un nivel adecuado, y entonces el hambre desaparece.

Cuando los niveles de leptina son bajos, la ingestión de alimentos es más gratificante, pero cuando son altos, la recompensa no es igual de satisfactoria. En el caso de la resistencia a la leptina, las personas con sobrepeso u obesidad tienen niveles elevados de esa hormona. Entonces, cuando comen, no se produce la sensación de saciedad que debería. Esto les lleva a tener que comer más para alcanzar esa satisfacción.

¿Una opción contra la obesidad?

La leptina sigue siendo investigada para entender mejor su funcionamiento. Pero, por ahora los científicos coinciden en que los suplementos de leptina no ayudan a combatir la obesidad ni el sobrepeso.

El Dr. Richard Atkinson, MD, endocrinólogo, experto en obesidad y profesor clínico de la patología en la Universidad Virginia Commonwealth University, dice que en un principio se creía que las personas con obesidad tenían una deficiencia de leptina. Sobre esa hipótesis, comenzaron a investigar si los suplementos de esa hormona ayudarían a bajar de peso. Pero no fue así.

Ahora se sabe que la obesidad no está relacionada con una baja de leptina, sino con el exceso de ella. Así que los suplementos no sirven. Según Lustig, utilizar la leptina como un tratamiento contra la obesidad solamente ha funcionado en casos muy raros en los que los pacientes no producen leptina. Pero a lo mucho habrá unas 100 personas en todo el mundo en esa situación.

Otros estudios sobre la leptina

Este año, se publicó un estudio en la revista Cell en el que se muestra por primera vez la relación directa entre ciertas neuronas y las células en la grasa. Gracias a la tecnología optogenética se ha podido ver cómo las células del sistema nervioso simpático estimulan los mecanismos para quemar grasa.

La hormona que activa ese proceso es la leptina. Por otro lado, se encontró que hay otras sustancias involucradas en la quema de grasa, la noradrenalina y la norepinefrina. La relación entre estas y la pérdida de peso dan nuevas pistas sobre posibles maneras para tratar los niveles de leptina que están involucrados con la obesidad.

La Dra. Ana Domingos, del Instituto Gulbenkian de Ciencia (IGC) en Portugal, está investigando si hay alguna forma farmacológica para activar las neuronas e imitar el proceso de la leptina, y a partir de ahí, desarrollar un tratamiento contra la obesidad.

Fuentes:

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