Dr. Jesús Alberto Quezada Gallo
Ingeniería de Alimentos
Universidad Iberoamericana

Podría decirse que producir y procesar alimentos para su conservación es una necesidad permanente. Los organismos internacionales relacionados, como por ejemplo la Organización Mundial de la Alimentación ha establecido que dado el número y los requerimientos básicos de los seres humanos, si en este momento se dejaran de producir alimentos, las reservas nos alcanzarían solo para sobrevivir tres meses. La misma organización estima que más de mil millones de personas viven con menos de un dólar al día, mientras que cerca de mil millones de personas sufren de hambre en el planeta. En el futuro cercano (entre 40 a 50 años), nuestro crecimiento global de población requerirá de 100% más alimentos de los que se producen hoy. 1

Pero, ¿qué significa alimentarse en nuestros días? Pregunta interesante que valdría la pena que nos hiciéramos, en especial si se tiene conciencia sobre la importancia de la relación entre los alimentos y la salud. La respuesta no es simple y quizá haya muchas respuestas. Podría decirse que nos queda claro que no nos alimentamos como lo hacían nuestros abuelos o nuestros ancestros. Además de los tiempos y las distancias que nos toca vivir en nuestros días, habrá que mencionar que una gran diferencia en nuestra alimentación, con respecto a la que llevaban nuestros abuelos, la hacen los alimentos procesados. Dejando nostalgias y escenarios románticos de una vida “orgánica” (aceptémoslo, es poco probable que Usted o yo seamos algún día agricultores de tiempo completo), habrá que reconocer que el procesamiento industrial de alimentos presenta ventajas:

Tenemos a disposición productos que antes solo se encontraban por zonas y en temporadas específicas, preparados bajo un sistema de control de la calidad y una metodología de aseguramiento de la inocuidad; en muchos de los casos, son formulados tomando en cuenta los intereses de grupos específicos (niños, embarazadas, mayores de 40 años, deportistas de fondo, etc.) en el que podríamos estar nosotros mismos, además de ser etiquetados cada vez más claramente para servir a nuestros propósitos y entendimiento de una vida sana.2

En nuestros tiempos, el moderno sistema de producción y procesamiento de alimentos ha estado bajo ataque por gente que puede tener buenas intenciones, pero que pueden carecer del conocimiento, de la experiencia, de la visión y/o de la perspectiva histórica para entender su complejidad y su importancia.3 Varias fuentes culpan a la industria de la agricultura y a la industria de los alimentos de muchos de los problemas que afectan nuestra sociedad (degradación del ambiente, cambios climáticos, obesidad, diabetes, alergias, etc.).

Es cierto que los modernos sistemas de procesamiento de alimentos no son perfectos pero nos han servido bien, y si deseamos condenarlos o eliminarlos, deberemos diseñar nuevos siendo cuidadosamente creativos, innovadores, conocedores y responsables de hacer de la vida de nuestros hijos una mejor a la nuestra. Como académico puedo argumentar que la ciencia y el progreso traerán las soluciones, pero sé que se requiere de más que eso.

En ese sentido, las autoridades de salud de México dieron, en febrero de 2010, un paso en el entendimiento de la complejidad de los factores que han resultado en el deterioro de nuestra salud, reflejándose claramente en el incremento de la obesidad de la población: Se implementó el Acuerdo Nacional para la Salud Alimentaria.4 La eficacia de dicho acuerdo es aún discutible y sus efectos aún no evaluables, sin embargo queda demostrado que la solución a esos problemas relacionados con los alimentos, no dependen de una institución, de un gobierno o de una empresa únicamente, depende de todos los involucrados. Más allá de tener que determinar si un alimento procesado es un problema o una solución, es necesario que los consumidores, las autoridades de la salud y las empresas procesadoras mantengan la comunicación que mejorará el producto y hay que ir más allá, mantener esa comunicación para plantear las estrategias que logren que la población tenga acceso a una dieta saludable y mejores hábitos de vida. Por su parte, la industria alimentaria depende de la satisfacción de sus consumidores, y la supervivencia de dichos consumidores depende de la disponibilidad permanente y accesible de alimentos que solo la industria de alimentos puede proporcionar, pero por ella misma no puede resolver los problemas de salud de la población que atañen a toda la sociedad y sus instituciones.

Referencias:

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