Hablemos Claro

Bebidas saborizadas

Dra. Ruth Pedroza Islas
Ingeniería de Alimentos
Universidad Iberoamericana

Actualmente podemos encontrar en el mercado, gran diversidad de bebidas como jugos, aguas con sabor, bebidas carbonatadas, tés, cafés y bebidas lácteas, entre otras. También hay preparados listos para disolverse en agua que ofrecen una amplia variedad de sabores. Tanto en forma líquida como en polvo, hay versiones con azúcar o con edulcorantes de alta intensidad que ofrecen la ventaja de una menor densidad energética (calorías).

Todos estos tipos de bebidas contribuyen a la hidratación que requiere el organismo, aunque se ha dicho que es el agua simple la manera efectiva de proveer la hidratación, sin aportar calorías a la dieta. Incluso se ha recomendado promover su consumo para apoyar los esfuerzos para el manejo del peso. Si esto es así, la pregunta es ¿por qué entonces ofrecer bebidas saborizadas?

Los sabores son estímulos que incluso pueden conducir al placer y son estas percepciones las que determinan aceptar o no una bebida o un alimento. Por ejemplo, recientemente se ha buscado en los programas escolares que ofrecen leche a los niños, eliminar los sabores añadidos como una medida para reducir la obesidad infantil, ya que se dice que la leche con chocolate puede contener el doble de azúcar que tiene de manera natural la leche (Hanks y col., 2014).

Diversos estudios al respecto encontraron que sustituir la leche saborizada, en especial con chocolate, condujo a una disminución importante en el consumo afectando negativamente el aporte de calcio y al desperdicio de leche (Henry y col., 2015). En contraste, en países donde en los niños no se cubre el requerimiento de calcio, se tiene como estrategia recomendada el incremento de consumo de leche incluso saborizada (Fayet-Moore, 2015). Se ha sugerido que, en términos de aporte nutrimental, es mejor cualquier leche que ninguna leche (Hanks y col., 2014).

En cuanto al agua saborizada, esta presenta una de los más altos incrementos en el consumo de bebidas desde que se popularizó el agua embotellada (Da Costa y col., 2010). Los sabores utilizados dependen de la región en donde se venda y generalmente se añaden edulcorantes de alta intensidad, es decir, sin calorías.

En cuanto a los jugos, existe una percepción de que son bebidas saludables para los niños y se promueve su consumo (Munsell y col., 2015). Los jugos contienen de manera natural algunos compuestos químicos, como los flavonoides y fenoles, que pueden traer un beneficio a la salud, como la reducción del colesterol o una mejora en la función cognitiva en adultos (Kean y col., 2015; Simpson y col., 2016).

Las bebidas adicionadas con azúcar, son las que más polémica han desatado, ya que a su consumo se ha atribuido una gran responsabilidad en los problemas de obesidad. No obstante, parece que no en todos los países esto es así. En Australia, país donde ha habido la mayor disminución de consumo de azúcar y de las bebidas que la contienen, la prevalencia de obesidad se ha triplicado, dando lugar a la llamada “paradoja Australiana” (Barclay y col., 2011).

Es importante mencionar que la preferencia por el sabor dulce es innata y el cerebro humano lo percibe asociándolo al placer; esto ocurre de manera universal (Drewnoski y col., 2012).

El té es una de las bebidas más populares en el mundo y al que se le han atribuido diversos beneficios a la salud, en especial por su contenido natural de compuestos químicos con actividad antioxidante. Sus presentaciones son diversas para satisfacer los gustos de los consumidores.

El café es una bebida que pasó de tener mala fama a ser una bebida funcional, es decir, con beneficios a la salud. Hay diversos estudios de alta calidad de evidencia científica que avalan su efecto protector del hígado contra el cáncer, la reducción del riesgo de padecer cáncer de mama y sobre la mejoría en la función cognitiva. Además, se aprecia la combinación única de antioxidantes presentes en el café lo que lo hace apropiado para reducir el riesgo de diabetes y de cáncer de colon (Bakuradze y col, 2010; Bonita y col, 2007; Bravi y col, 2007; hu y col, 2011; van Dam y col, 2006).

De acuerdo con lo anterior, podemos mencionar que no hay alimentos o bebidas buenas o malas, sino dietas correctas o incorrectas.

 


Referencias:

  • Barclay AW, Brand-Miller J. 2011. The Australian paradox: a substantial decline in sugars intake over the same timeframe that overweight and obesity have increased. Nutrients 3: 491-504.Bakuradze T, Lang R, Hofmann T, Stiebitz H, Bytof G, Lantz I, Baum M, Eisenbrand G, Janzowski C. 2010. Antioxidant effectiveness of coffee extracts and selected constituents in cell-free systems and human colon cell lines. Molecular Nutrition and Food Research 54, 1734-1743.
  • Bonita JS, Mandarano M, Shuta D, Vinson J. 2007. Coffee and cardiovascular disease: in vitro, cellular, animal and human studies. Pharmacological Research 55, 187-198.
  • Bravi F, Bosetti C, Gouville AC, Bagnardi V, Gallus S, Negri E. 2007. Coffee drinking and hepatocellular carcinoma risk: a meta-analysis. Hepatology 46, 430-435.
  • Chu Y, Chen Y, Black RM, Brown PH, Lyle BJ, Liu RH, Ou B. 2011. Type 2 diabetes-related bioactivities of coffee: assessment of antioxidant activity, NF-kB inhibition, and stimulation of glucose intake. Food Chemistry 124, 914-920.
  • Da Costa N, Anastasiou T, Adedeji J. 2010. Overview of flavors in noncarbonated beverages. En: Da Costa y Cannon eds., Flavors in noncarbonated beverages. ACS Symposium Sereies. Wahsington D.C.
  • Drewnoski A, Mennella J, Johnson S, Bellisle F. 2012. Sweetness and food preference. The Journal of Nutrition doi: 10.3945/jn.111.149575.
  • Fayer-Moore F. 2015. Effect of flavored milk vs plain milk on total milk intake and nutrient provision in children. Nutrition Reviews 74(1): 1-17.
  • Hanks A, Just D, Wansink B. 2014. Chocolate milk consequences: a pilot study evaluating the consequences of banning chocolate milk in school cafeterías. Plos One 9(4): e91022.
  • Henry C, Whiting S, Phillips T, Finch S., Zello G. 2015. Impact of the removal of chocolate milk from school milk programs for children in Saskatoon, Canada. Appl. Physiol. Nutr. Metab. 40: 245-250.
  • Kean R, Lamport D, Dodd G, Freeman J, Williams C, Ellis J, Butler L, Spencer J. 2015. Chronic consumption of flavnone-rich orange juice is associated with cognitive benefits: a 8-wk randomized, double-blind, placebo-controlled trial in healthy older adults. Am. J Clin Nutr 101: 506-514.
  • Munsen C, Harris J, Sarda V, Schwartz M. 2015. Parents’ beliefs about the healthfulness of sugary drink options: opportunnities to adress misperceptions. Public Health Nutrition 19(1): 46-54.
  • Simpson E, Mendis B, Macdonald A. 2016. Orange juice consumption and its effect on blood lipid profile and índices of the metabolic síndrome; a randomised, controlled trial in an at-risk population. Food Funct. 7: 1884-1891. Van Dam RM, Willertt WC, Manson JE, Hu FB. 2006. Coffee, caffeine, and risk of type 2 diabetes: a prospective cohort study in younger and middle-aged US women. Diabetes Care 29, 398-403.