Dra. Ruth Pedroza Islas

Ingeniería de Alimentos

Universidad Iberoamericana

 

La actual tendencia “hacia lo natural” ha hecho que se rechacen productos elaborados a partir de la evidencia científica, a pesar de que tienen prácticamente las mismas propiedades que los productos que se encuentran en la naturaleza. Tal es el caso de las vitaminas.

Las vitaminas son compuestos orgánicos que nuestro organismo requiere en pequeñas cantidades; por ello, se les denomina micronutrimentos. Son necesarias para la vida y generalmente se obtienen de la dieta.

Sus funciones en el organismo son variadas (Nigam y colaboradores, 2012), por ejemplo:

  • Regular la absorción de minerales y tener huesos sanos, como la vitamina D
  • Regular la renovación de los tejidos, como la vitamina A
  • Ayudar a las funciones celulares, como las vitaminas del complejo B
  • O como antioxidantes, como la vitamina C y la E

La deficiencia de alguna de estas vitaminas puede tener consecuencias graves en la salud de las personas. Por ejemplo, actualmente alrededor del 50% de la población del mundo tiene deficiencia de vitamina D, por lo que la osteoporosis y el raquitismo son ya un problema de salud pública. Esta deficiencia ha sido asociada, también, con el aumento en el riesgo de padecer cáncer, problemas cardiovasculares, desórdenes neurológicos y enfermedades inflamatorias (Caccamo y colaboradores, 2018).

La deficiencia de vitamina D es consecuencia de una dieta insuficiente, lo cual puede mejorarse comiendo con mayor frecuencia atún, trucha, salmón y huevo entero. Aún así, el contenido de vitamina D en estos alimentos es bajo, por lo que resulta importante consumir leche y derivados fortificados con vitamina D sintética u otros alimentos y bebidas también fortificadas.

La fortificación de los alimentos se utiliza básicamente cuando hay carencias demostradas de micronutrimentos, como estrategia para aliviar la deficiencia. Es decir, se adicionan vitaminas a determinados alimentos de consumo popular, como la leche, las harinas para hacer pan o tortillas, etc. Para ello se emplean vitaminas sintéticas, es decir, aquellas que ha producido el hombre por diversos métodos para obtener un compuesto idéntico al natural.

Consumir alimentos fortificados, como por ejemplo, los cereales para desayuno, permite reducir la prevalencia de deficiencia de todas las vitaminas en niños y adolescentes de poblaciones específicas (Williams, 2009), ya que están adicionados con vitaminas A, C y D y vitaminas del complejo B.

Las investigaciones científicas han ido demostrando que, tanto las vitaminas naturales como las sintéticas, tienen impacto positivo en la salud e incluso en el tratamiento de enfermedades. Por ejemplo, la vitamina E natural o sintética en el tratamiento de tumores de próstata (Constantinou y colaboradores 2009) o en el tratamiento de cáncer de seno (Viola y colaboradores, 2013).

Dado que las vitaminas sintéticas son químicamente idénticas a las de origen natural, su empleo en los programas nacionales de salud es adecuado. Lo importante es evitar deficiencias vitamínicas en la población como medida preventiva, o bien, para buscar corregir los problemas detectados a partir de las encuestas de salud.  En México (COFEPRIS, 2017) y en otros países de América Latina, es obligatorio fortificar las harinas con ácido fólico, vitamina B1 (Tiamina), B2 (Riboflavina) y B3 (Niacina), entre otros micronutrimentos. Esto se debe a la necesidad de cubrir el requerimiento de esas vitaminas en la población.

Si bien es cierto que las vitaminas se encuentran de manera natural en muchos de los alimentos que integran nuestra dieta diaria, puede decirse que, en general, no tendríamos deficiencias siempre y cuando nuestra dieta fuera correcta. Es decir, suficiente y variada. Sin embargo, cuando por algún motivo no nos alimentamos correctamente, el uso de suplementos de vitaminas sintéticas puede apoyarnos para cubrir nuestros requerimientos diarios. Para ello es importante primero consultar a un médico o a un nutriólogo.

Referencias:

Caccamo D, Ricca S, Curró M, Ientile R. 2018. Health risks of hipovitaminosis D: A review of new molecular insights. International J. Molecular Sciences 19: 892-910.

COFEPRIS, 2017. https://www.gob.mx/cofepris/acciones-y-programas/harinas-de-trigo-fortificacion [Consultado el 27 de julio de 2018].

Constantinou C, Hyatt JA, Vraka PS, Papas A, Papa KA, Neophytou C, Hadjivassilliou V. 2009. Induction of Caspase-Independent programmed cell death by vitamin E natural homologs and synthetic derivatives. Nutrition and Cancer 61(6): 864-874.

Nagum M, Verna R, Sharma S K. 2012. Synthetic study of vitamin K3 (Menadione, 2-methyl-1, 4-naphthoquinone): a Review. Asia J. Research Chem. 5(9): 1201-1205.

Viola V, Ciffolilli S, Legnaioli S, Piroddi M, y colaboradores. 2013. Mitochondrial‐dependent anticancer activity of δ‐tocotrienol and its synthetic derivatives in HER‐2/neu overexpressing breast adenocarcinoma cells. Biofactors 39(4): 485-493.

Williams BM, O’Neil C, Keast D, Cho S, Nikals T. 2009. Are breakfast consumption patterns associated with weight status and nutrient adequacy in African-American children? Public Health Nutrition 12: 489-496.

 

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